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| 12/2/1985 12:00:00 AM

CARA A CARA

¿Qué se puede esperar de la reunión de Reagan y Gorbachev en Ginebra?

No es tan complicado. Todo el intríngulis que se ha formada en estos días sobre lo que van a negociar en noviembre los dos colosos, Reagan y Gorbachev en Ginebra, se puede resumir. Lo central allí será la discusión sobre desarme. Prescindiendo de las cifras, se puede decir que para Estados Unidos la meta es conseguir una reducción considerable de los arsenales de misiles intercontinentales soviéticos y la eliminación de los cohetes de alcance medio instalados en Europa Oriental. Para la Unión Soviética, el objetivo es lograr la interrupción del programa norteamericano, denominado Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI) o "Guerra de las Galaxias".
Pero fue Mikhail Gorbachev -recogiendo la propuesta norteamericana de reducir los arsenales- quien primero lanzó el desafío de que esa reduccion sea drástica, de un 50% al menos para ambos Estados, a cambio de que Washington ordene -y eso fue una ligera concesión de su parte a Reagan- la suspensión de la fabricación e instalación de los "armamentos espaciales ofensivos", pudiéndose continuar las investigaciones teóricas del programa SDI.
Sobre el tema de los misiles de alcance medio, Moscú cambió su posición tradicional de negociar estas cosas unicamente con Estados Unidos, y declaró estar dispuesta "a una discusión directa con Francia y Gran Bretaña" sobre estas materias, recordándole al mundo que estos dos últimos países poseen una fuerza nuclear autónoma que jamás ha sido incluida por Estados Unidos en sus cálculos sobre "el equilibrio de terror" entre Este y Oeste (la OTAN dispone en Europa de 228 misiles Pershing y cruceros apuntando contra Moscú y sus aliados, fuera de los 124 misiles nucleares particulares de Francia y Gran Bretaña).
La Casa Blanca insiste, por otra parte, que la cumbre de Ginebra debe ocuparse de otros asuntos, además del desarme, como sería lo que ella ha denominado los "conflictos regionales" (Afganistán, Angola, Nicaragua, Etiopía y Camboya), los cuales pueden conducir, según ella, a "peligrosas confrontaciones". El punto de vista soviético es centrar la negociación de Ginebra sobre la carrera armamentista por ser éste el factor que está llevando al mundo "al borde del abismo".
El triunfo de uno y otro enfoque será decidido en parte por el mayor volumen de apoyo político internacional que una de estas dos propuestas obtenga sobre la otra antes del 19 de noviembre. Conscientes de ello, los nuevos líderes del Kremlin, han desatado una ofensiva diplomática multipolar que nada tiene que ver con el paquidérmico estilo de los anteriores gobernantes soviéticos. El dinamismo que exhiben hoy Gorbachev y sus ministros comienza a preocupar a la parte norteamericana misma, que no logra del todo vender a sus aliados sus ideas sobre cómo bregar, esta vez, con los desafíos de Moscú.
Estas dificultades del campo norteamericano se han hecho evidentes, especialmente a la luz de dos eventos. La convocatoria unilateral de Ronald Reagan de una precumbre de las siete potencias industrializadas para el 24 de octubre -que hirió la susceptibilidad del Presidente francés y molestó a la misma señora Thatcher- produjo un respaldo tan escuálido a las posiciones que defenderá el Mandatario norteamericano en Ginebra que los lamentos de Washington no han podido ser ocultados.
En lugar de suavizar el intento estadounidense de desenfatizar en Ginebra las negociaciones de control de armas, a cambio de priorizar allí la discusión sobre los conflictos regionales, los aliados de Norteamérica exigieron a Reagan en Nueva York presentar contrapropuestas serias a las ofertas soviéticas de reducir los arsenales nucleares. Los mandatarios europeos, además, pidieron "clarificar la posición" sobre la SDI y sobre el tratado ABM sobre defensas antimisiles, en vista de que sectores de la administración norteamericana llegaron a expresar su intención de desconocerlo.
Esta petición fue renovada el 29 de octubre en Bruselas durante la reunión del grupo de planes nucleares de la OTAN, ante el cual Weinberger presentó un informe sobre supuestas violaciones soviéticas a los tratados Salt (sobre armas estratégicas) y ABM (defensas antimisiles). Aun en el supuesto de que Moscú viole esos tratados, Estados Unidos debe respetarlos, fue el crudo mensaje de la reunión. La denuncia de Weinberger mencionó el radar de Krasnoyarsk en Siberia Central, violatorio, según él, del tratado ABM. De inmediato, Moscú respondió que Washington estaba en la misma situación denunciada por Weinberger si no interrumpía la modernización de sus radares de Fylingdales (Gran Bretaña) y Thule (Groenlandia).
Este tipo de actitud, había sido idéntica a la registrada ya el 15 de octubre, durante la reunión a puerta cerrada en Bruselas del Consejo Atlántico, presidida por George Shultz.
El origen de esta conducta europea es el programa SDI norteamericano. El Viejo Continente sospecha que un sistema de defensa antimisiles tendrá más posibilidades de neutralizar una ofensiva de cohetes intercontinentales soviéticos contra Estados Unidos que un ataque en menor escala de misiles de alcance medio, lo que dejaría a Europa por fuera del escudo protector del sistema SDI norteamericano. Esto es así, pues los misiles tipo crucero, que disponen de una capacidad para hacer vuelos casi rasantes sobre la superficie y que tiene por ende, un ángulo de incidencia mucho menor que el de un misil intercontinental, no podría ser detenido por el sistema SDI.
Por ello, las prédicas de Moscú, que concentra sus baterías contra dicho ingenio, han comenzado a cautivar algunas mentes europeas y logrado sembrar dudas sobre la utilidad final de un proyecto tan costoso que, de paso, puede arruinar el proyecto autónomo europeo de desarrollo tecnológico civil, llamado "Eureka", por la desbandada y fuga de cerebros hacia Estados Unidos que el SDI generaría.
La réplica directa a las ofertas de desarme del Kremlin fue hecha sin gran éxito por Caspar Weinberger, considerado como uno de los más duros negociadores de Washington. Hablando en Bruselas ante el Comando Supremo de la OTAN, el ministro de Defensa norteamericano propuso a la Unión Soviética reducir al 50%, no el número de misiles intercontinentales, sino el de cabezas nucleares, en tanto que un cohete estratégico puede llevar varios vectores simultáneamente. Según los datos de Weinberger, Estados Unidos dispone de 12 mil cabezas nucleares, mientras la Unión Soviética tiene 10 mil.
En realidad, esa oferta no vendría a ser una alternativa más llamativa que la formulada por Gorbachev durante su visita a Francia, oferta que Moscú viene una y otra vez precisando en diversos foros. Uno de los últimos, fue una rueda de prensa en Moscú organizada para periodistas soviéticos y extranjeros. Allí el primer viceministro de Asuntos Exteriores, Georgi Kornienkoy, el mariscal Sergei Jromeniev, primer viceministro de Defensa y jefe del Estado Mayor soviético "explicaron el significado de las reducciones de un 50% propuestas por Gorbachev. Según ellos, se trata de eliminar en un 50% los arsenales estratégicos de la URSS y de EE.UU., lo que dejaría a cada potencia con sólo 6 mil cabezas nucleares. Por otra parte, la URSS propone desmantelar los misiles Pershing y Cruise norteamericanos en Europa para que el Pacto de Varsovia pueda sólo disponer de un arsenal de misiles de alcance medio de igual tamaño del de las fuerzas nucleares francesa e inglesa. Respecto de los cohetes de alcance medio, Gorbachev reveló en París que su país dispone de 373 cohetes de este tipo, de los cuales 243 SS-20 están emplazados en Europa Oriental.
En París y en la rueda de prensa en Moscú, los voceros del Kremlin emplearon el concepto de "armas capaces de alcanzar los territorios mutuos", a cambio de la expresión "armas estratégicas". Estados Unidos considera que los Pershing 2 y los Cruise son misiles de alcance medio (pues no pueden ir de Estados Unidos a la URSS). En cambio, la Unión Soviética sí los cataloga como estratégicos, pues pueden alcanzar territorio soviético desde Europa Occidental.
La nueva denominación tiene la virtud de permitirle a Gorbachev comparar los Pershing 2 y los Cruise (o crucero) a las armas estratégicas soviéticas, excluyendo los SS-20, pues éstos, lanzados desde Europa del Este, no alcanzarían a llegar a Estados Unidos.
El afán del Pacto de Varsovia contra el SDI, es obvio. La URSS no está en condiciones económicas de seguir a su adversario norteamericano en la carrera de la "Guerra de las Estrellas". Washington sabe esto y aprieta. Es probable que de Ginebra salga Reagan con su programa SDI intacto, eventualidad para la que, desde ya, se preparan dentro de la "Cortina de Hierro". (Ver recuadro sobre la reunión en Sofía). En ese caso, habrá que retomar las palabras de Deng Xiaoping, ante esta cumbre: "No hay que hacerse demasiadas ilusiones".

LOS DESFILES TAMBIEN CUENTAN
Otro de los elementos que necesariamente habrán de tener en cuenta los equipos negociadores que preparan la cumbre de noviembre en Ginebra, son las movilizaciones de la ciudadanía europea en favor del desarme. Mientras los reducidos grupos de asesores de uno y otro bando se reúnen por aparte intercambiando mensajes privados, cientos de miles de personas salen a las calles para expresar sus ideas sobre lo que los dos grandes mandatarios deberán pactar en Ginebra. Así fue como el 26 de octubre pasado, más de 100 mil personas rachazaron, además, la instalación en territorio holandés de los misiles tipo Cruise norteamericanos, en vista de que la víspera el gobierno del primer ministro, Ruud Lubbers, había anunciado la decisión de instalar 48 misiles de ese tipo, para cumplir los compromisos con la OTAN. El mismo 26, tres millones y medio de firmas, contra tal medida, eran entregadas a Lubbers.
Una semana antes, el 20 de octubre, 200 mil pacifistas desfilaban por las calles de Bruselas para protestar igualmente contra la carrera armamentista y la instalación de nuevos euromisiles nucleares en Occidente. Al mismo tiempo, los oradores del acto criticaron a los dirigentes de Estados Unidos y de la Unión Soviética y denunciaron como un crimen contra la humanidad el plan norteamericano de la "Guerra de las Galaxias". También pidieron que en Ginebra se efectúen auténticas negociaciones para reducir los arsenales nucleares.
Los organizadores de esta última manifestación se sorprendieron del caudal de la misma, pues pensaban que la desmovilización postelectoral del domingo anterior afectaría el acto. No fue así. La multitud pacifista de Bruselas hizo recordar cómo las cifras de manifestantes pro desarme ha ido subiendo desde 1978, cuando sólo 10 mil personas respondieron a una invitación de los manifestantes, y ahora 400 mil personas acudían a la cita para luchar contra las primeras instalaciones de Cruise en Europa.
Los ímpetus antiarmamentistas de las masas europeas han comenzado, pues, a florecer de nuevo, en vísperas de la cumbre entre Reagan y Gorbachev. Nuevas demostraciones están siendo programadas por los partidos de izquierda pro desarme (socialdemócratas, comunistas, "verdes" y trotskistas) que animan estas concentraciones.
La concesión del Premio Nobel de la Paz a los 150 mil médicos de 50 países afiliados a la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear (IPPNN), fundada por dos facultativos -uno norteamericano, doctor Bernard Lown, y uno soviético, doctor Evgeni Chazov- tuvo el debido impacto político, por haber sido otorgado un mes antes de la cumbre de desarme en Ginebra. Las cifras horripilantes de muertos ante el primer impacto nuclear que dieron los voceros de la asociación galardonada y la confirmación médica de la existencia del temido "invierno nuclear" tras la catástrofe atómica, no ha hecho sino favorecer la lucha de los pacifistas europeos y aumentar las presiones institucionales contra los ensayos de armas nucleares, congelados actualmente por la URSS, pero proseguidos por Estados Unidos y Francia.

GORBACHEV CONSULTA
Imitando la conducta de Reagan, de consultar a sus aliados en Nueva York para no dejar ningún cabo suelto antes de llegar a Ginebra, los dirigentes del Kremlin también se reunieron con los gobernantes de Europa del Este. La consulta del 22 de octubre tomó la forma de una reunión "ordinaria" del Comité Político Consultivo del Pacto de Varsovia. Dos días deliberaron en Sofía los soviéticos, encabezados por Mikhail Gorbachev, con Erich Honecker (República Democrática Alemana), Wojciech Jaruzelski (Polonia), Nicolae Ceausescu (Rumania), Janos Kadar (Hungría), Gustav Husak (Checoslovaquia) y Todor Zhivkov (Bulgaria). También asistió por la parte soviética el jefe de Estado, Andrei Gromiko, el ministro de Defensa, Sergei Sokolov, el de Asuntos Exteriores, Eduard Shevarnadze, y el primer ministro, Nicolai Rishkov. El mariscal Víctor Kulikov, comandante en jefe de las fuerzas conjuntas del Pacto de Varsovia, también estuvo allí.
Los ejes de la discusión fueron las propuestas de desarme hechas por Gorbachev y la insistencia de Reagan en implantar la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI). Las conclusiones no fueron dadas a conocer en su totalidad. Sin embargo, lo percibido por los observadores es elocuente. La principal conclusión del encuentro es que el Pacto de Varsovia hará frente -si Washington no es frenado sobre su plan SDI en Ginebra- al desafío de la "Guerra de las Galaxias", dotándose de un sistema de defensa estratégica análogo al SDI y combinándolo con un aumento en el número de misiles intercontinentales. Un anticipo de esta línea había sido dada a conocer el 19 de octubre en un artículo del jefe del Estado Mayor soviético, general Sergei Jromeniev, en el diario Pravda.
Un punto álgido en la discusión, dijeron fuentes occidentales en Sofía, fue el sistema para financiar dicho plan de rearme, ante el cual Moscú estaría dispuesta a hacer los mayores esfuerzos, sin que ello exima a ningun Estado miembro del Pacto de hacer su respectiva contribución. Tal compromiso no fue suscrito en medio de sonrisas. Las dificultades económicas por las que atraviesa Bulgaria, Polonia, Hungría y Rumania, podrían verse agravadas por la nueva carga, en momentos en que la cooperación tecnológica entre el Pacto no está dando los resultados esperados. Sin embargo, el espíritu que prevaleció en las deliberaciones fue el de que la encrucijada actual no ofrece alternativas: si Washington está buscando dotarse de una capacidad para asestar un primer golpe nuclear al Este sin temor a un contragolpe -gracias al andamiaje cósmico del SDI-, el Pacto de Varsovia debe ser protegido, es decir, lanzado a un indeseado rearme. Otro elemento del consenso alcanzado en Sofía lo constituyó la certidumbre de que las ofertas de desarme formuladas en París por Gorbachev son el tope de lo que Moscú y el bloque oriental pueden proponer por ahora a Occidente en esa materia. Una conferencia de prensa -hecho singular tras una reunión del alto organismo del Pacto de Varsovia- fue concedida.
Se entregó además un comunicado de prensa y una declaración política. Este último documento reafirmó el apoyo del Pacto a las iniciativas formuladas por el dirigente soviético en París y declaró que es posible llegar a un acuerdo separado con Europa Occidental -aun si no hay acuerdo entre Estados Unidos y la URSS en Ginebra- sobre fuerzas nucleares de mediano alcance.
La cumbre de Sofía fue, para el bloque oriental, de inmensa importancia. "Todos los pueblos que toman la paz, como un valor universal han centrado sus esperanzas en esta reunión", decía la declaración. En Occidente apenas si se mencionó el evento.
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