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| 1/7/2015 10:05:00 PM

El caricaturista de Charlie Hebdo que se despertó tarde y se salvó

Se trata de Renald Luzier, conocido como Luz. Información de prensa indica que él y su esposa se despertaron media hora más tarde de lo habitual.

No se sabe exactamente qué circunstancias llevaron a Renald Luzier a sacudirse de la cama media hora más tarde de lo acostumbrado. Tal vez la razón sea que era el día de su cumpleaños.
 
Fueron treinta minutos decisivos que impidieron que Luzier, más conocido como Luz, estuviera en la sala de redacción para el momento en el que tres encapuchados entraron con fusiles Kalashnikov a matar todo lo que se les atravesara.
 
Elise Barthet, periodista de Le Monde, escribió que en los andenes de la Rue Nicolas Appert -donde está la sede de Charlie Hebdo- la Policía adecuó carpas de color naranja para atender a los testigos y sobrevivientes. Y allí estaba Luz, con las manos temblorosas y fumándose febrilmente un cigarrillo, en medio del aire frío, las luces de sirena, las camillas y los rostros de terror que apenas si digerían lo que estaba ocurriendo, relató Barthet.
 
De hecho Luz fue uno de los primeros testigos en reportar telefónicamente los gritos y los disparos que se escucharon desde afuera, según un cable de la agencia AFP.
 
Para cuando el caricaturista había sido trasladado al hospital, varias personas describieron cómo su esposa intentó pasar el cordón policial, luego de lo cual se echó a llorar y dijo: “es esencial que encuentre a mi marido. Sé que está bien pero me asusta terriblemente”, publicó diario Liberation.
 
Luz nació el 7 de enero de 1972 en Joué-lès-Tours, una ciudad del centro de Francia de apenas 35 mil habitantes. Estando en el colegio hacía caricaturas de sus profesores y a los 19 años se fue a estudiar derecho a Paris, adonde  llegó a vivir en cuartos que alquilaba por 50 francos la noche.
 
Pero el destino cambió para Luz el día que vio en un quiosco de revistas un ejemplar de La Grosse Bertha, una publicación que terminó siendo el borrador de Charlie Hebdo. Luz tenía 19 años y entonces comenzó a enviar cada semana un dibujo que a veces le publicaban y a veces no. Y fue en 1992, justo en el momento en el que se debatía entre seguir como caricaturista o abogado, cuando La Grosse Bertha le publicó siete dibujos en una misma tacada, le contó Luz a Thierry Soulard en una entrevista.
 
Luz se volvió de las entrañas de Charlie Hebdo y su trabajo, como el de sus compañeros  asesinados (Charb, Cabu, Wolinski y Tignous), es considerado de culto en Francia. Una de las caricaturas de Luz es acaso una de las que más hizo famosa la portada del semanario francés. Es la imagen del profeta Mahoma que dice, “100 latigazos si te mueres de risa”. La publicación, de noviembre de 2011, le valió a Charlie Hebdo un atentado con una bomba Molotov que terminó por calcinar la sede. El dibujo era una reedición mucho más moderada que la publicada por un diario de Dinamarca.
 
Sobre esa portada en particular, Luz le dijo al colombiano Ricardo Abdahllah, en un texto para El Espectador, que su intención fue hacer algo menos agresivo que las caricaturas danesas. “Allí mostraban algo directo. Yo prefería algo más chistoso (…) A los musulmanes los respetamos siempre, de los extremistas de todos los tipos nos seguiremos burlando”.
 
Y es en ese punto en que hay que interpretar el trabajo que se hacía desde de Charlie Hebdo. Con humor, con sátira y acidez se mofaban de los radicalismos de todas las religiones, incluso de aquella que puede resultar siendo tan dañina cuando se sucumbe en el fanatismo: la política. En el mismo artículo de Abdahllah, Luz habla de procesos judiciales que tuvieron que enfrentar por denuncias de la iglesia católica: “Y eso que con los cristianos debería ser más fácil porque de Mahoma sabemos que existió, en cambio de Jesús no tenemos pruebas”.
 
En 2013, la mexicana Gisela Pérez de Acha visitó las instalaciones de Charlie Hebdo. Ella dice que la recibió Luz, a quien describe como un hombre peculiar: “alto, siempre despeinado, usa lentes de pasta y camisa de cuadritos”. Las descripciones que hace Gisela en una crónica publicada en Sinembargo.mx (en este enlace puede leerse completa) hoy resultan conmovedoras.
 
Es imposible dejar de pensar que el espacio que Gisela detalla es el mismo que un año después se teñiría de sangre: “lo primero que se ve al entrar es una mesa en forma de herradura donde los caricaturistas dibujan a mano y colorean las sombras con pinturas de acuarela. El ambiente es casi festivo entre las paredes decoradas de portadas y caricaturas”.
 
En el encuentro con la mexicana, Luz dio puntadas sobre la filosofía de Charlie Hebdo. Dijo que el objetivo no era hacer enojar a las personas o instituciones a las que criticaban, sino hacer reír al lector.
 
En medio de la conversación Luz se paró de la mesa para enseñarle a Gisela la edición que sacaron luego de haber sido tachados de irresponsables por publicar un dibujo de Mahoma, en momentos en los que se tejía una enardecida polémica sobre la película Innocence of Muslims (La inocencia de los musulmanes). La edición que Luz le pasó a Gisela en las manos es completamente blanca. Era una protesta silenciosa y helada a la censura, eran páginas vacías que también hoy pudieran reflejar  el atentado atroz del que fueron víctimas los compañeros de Luz, los mismos que este miércoles llegaron temprano a trabajar.
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