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| 2/8/2014 1:00:00 AM

Por una caricatura

El caso del periodista ecuatoriano acusado de instigación social por un dibujo demuestra que en su país hasta el humor está vetado.

Cuando el caricaturista Xavier Bonilla, más conocido como Bonil, se presentó a la audiencia de sustentación, sabía que debía hacerlo con humor. El dibujante llegó con dos lápices gigantes que se diferenciaban por el tamaño de sus borradores. Con la misma chispa de sus caricaturas, Bonil explicó que aunque el gobierno esté empeñado en que utilice el lápiz de borrador grande, él seguirá pintando con el chiquito. Porque el humor es el antídoto del miedo. 

Todo comenzó el 28 de diciembre. Ese día, el diario El Universo de Guayaquil publicó en su página de opinión una caricatura en la que Bonil se burlaba de un allanamiento de la Policía en la casa del asesor legislativo Fernando Villavicencio, acusado por el presidente Rafael Correa de hackear correos electrónicos de funcionarios del gobierno. Pero la burla del caricaturista se convirtió en un verdadero infierno luego de que la Superintendencia de Información y Comunicación publicó un informe en el que lo acusaban de deslegitimar la autoridad y apoyar la agitación social. Los trazos incomodaron tanto, que esa dependencia lo obligó a rectificar su caricatura y multó al periódico a pagar el 2 por ciento de su facturación de los últimos tres meses. 

El error estuvo en las comillas. La Superintendencia culpó al diario por violar la nueva Ley de Comunicación al no verificar la leyenda que acompañaba al dibujo y utilizar únicamente la versión del allanado. Y aseguró que los medios deben abstenerse de tomar una posición institucional sobre la inocencia o culpabilidad de las personas. Correa tildó al caricaturista de “sicario de tinta” y señaló: “Aquí no estamos combatiendo la caricatura. Estamos combatiendo la mentira”. Para Bonil, más que una mentira, se trata de una verdad incómoda. “Yo no odio al presidente. Siento un infinito humor por él” le dijo el caricaturista a SEMANA. Pero más allá de si la caricatura es o no un abuso, el problema es que no existe ninguna instancia a la que Bonil o el medio puedan apelar. “Lastimosamente esta ley del borrador está diseñada de tal manera de que te cortan la cabeza y luego puedes apelar, es decir, el periódico tiene que pagar esa multa y yo rectificar”, añadió el caricaturista. 


En la mañana del miércoles, El Universo publicó la nueva caricatura. Esta vez la pluma de Bonil pintó a unos policías amables y a un Villavicencio agradecido con su visita. Pedro Valverde, abogado del periódico, le dijo a esta revista que “se trata de una resolución política e ilegal que erosiona la libertad de expresión”. Y aunque la rectificación ya fue publicada, dijo además que hará todo por revertir el fallo.

Sin embargo, Raúl Vallejo, embajador de Ecuador en Colombia envío una reflexión a SEMANA en donde se pregunta por el límite del humor y señala que “es necesaria la fidelidad histórica frente a los hechos porque de lo contrario, la crítica humorística se convierte en una difamación”. Para Vallejo, el arte también tiene el límite ético de lidiar con la verdad. “En ese marco, el humor, ya no entendido como una manifestación carnavalesca de lo popular, sino como una elaboración ideológica y política tiene, paradójicamente, serias responsabilidades y límites éticos” agregó. 

La cuestión es hasta qué punto la opinión debe estar sujeta a rectificación. Bonil es el primer castigado por la estricta Ley de Medios en Ecuador, pero seguramente no será el último. A pesar de que existe una petición para que sea derogada, la Superintendencia ya ha procesado 72 casos de vulneración a los derechos de la comunicación, de los cuales 44 ya finalizaron y otros 28 siguen en trámite. La pelea por la libertad de expresión apenas comienza y por ahora lo único cierto es que tal vez el error de Bonil no fue saltarse unas comillas, sino burlarse del poder. 
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