Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1996/10/14 00:00

CARLOS ANDRES EN LIBERTAD

Carlos Andrés Pérez, quien sale esta semana a la calle para convertirse en 'impulsor de la democracia', opina sobre el futuro de Venezuela y del gobierno colombiano.

CARLOS ANDRES EN LIBERTAD

Tras dos años y cuatro meses de arresto domiciliario, cumpliendo la condena judicial por malversación de fondos reservados, el ex presidente Carlos Andrés Pérez por fin tendrá la libertad este jueves 19. El esperado día de salir a la calle, contado minuto a minuto desde cuando fue enjuiciado por financiar la campaña y la seguridad de la nicaragüense Violeta de Chamorro, marcará un hito a la larga carrera política de 52 años además de propiciar la renovación de los partidos tradicionales. La primera fase de su vuelta a la lucha política está siendo organizada por todo lo alto, como de si campaña electoral se tratara. Giras por los estados: mítines, caminatas, cenas y discursos hasta el 13 de octubre, fecha aniversaria del partido Acción Democrática AD, del que fue expulsado a raíz del juicio. Pero el carismático líder de 73 años aún tiene que salvar varios escollos en su pretendido encuentro con el país. Pérez recibió a SEMANA en su residencia de La Ahumada, donde ha sido visitado por un promedio de 100 personas diarias durante todo el encierro. Semana: Ahora que va a poder salir a la calle, ¿qué opina de la amenaza de expulsar a los militantes de Acción Democrática que le van a acompañar en los actos programados? Carlos Andres Perez: Esa es una cosa que no pueden cumplir. Semana: ¿Cómo que no, si la dirección de AD ordenó la expulsión de quienes se presenten en sus actos? C.A.P.: Porque tendrían que expulsar a toda Acción Democrática. Semana: Se está hablando de 30 a 50 por ciento de seguidores, ¿con qué apoyo cuenta usted en AD? C.A.P.: Muchos más. Cuento con toda la base del partido, que es de un 80 por ciento. Es una cuestión bestial y tendrían que expulsar a todos. Semana: ¿Y esos futuros expulsados se incorporarían al nuevo movimiento que piensa formar? C.A.P.: Yo no estoy fomentando ningún nuevo movimiento. Eso puede ser un resultado de lo que yo haga. Mi idea inicial es ver si se puede rescatar a AD. No soy muy optimista porque este partido, debido a su clientelismo, se ha convertido en una casa de negocios, de repartir contratos. Esa es la realidad. Semana: Si se siente pesimista en cuanto a la recuperación de AD, ¿formará otro partido con sus seguidores? C.A.P.: El problema de otro partido es que los partidos políticos venezolanos están todos en el foso, no sólo AD. Aquí hay una encuesta que se está elaborando de Siglo XXI donde el rechazo hacia los partidos es de 89 por ciento, prácticamente han quedado sin ningún respaldo de la opinión pública nacional y esto nos obligará en el futuro, si no se pueden recuperar los partidos, a remozar ideológicamente, pues tenemos que ir a la creación de nuevas organizaciones políticas. Pero la idea ahora es ver si AD vuelve a ser el partido más representativo de la opinión nacional. Semana: ¿Cómo puede recuperar a AD si fue sacado de sus filas? C.A.P.: Precisamente, si yo estuviera dentro no tendría que recuperarlo. Pero no sé si eso es posible. Es cuestión de ver en mis viajes las posibilidades de aquello. Semana: ¿La creación de un movimiento suyo supondrá de hecho la división de AD? C.A.P.: Esa es la cosa. Hoy en día los partidos no se pueden dividir porque están en el foso, están muy abajo. Hoy los partidos se renuevan, como yo lo propongo, o desaparecen. Semana: A pesar de estar en el foso, como usted dice, AD está en el primer lugar en las encuestas de cara a las elecciones de 1998... C.A.P.: No, esa es una opción del 10 por ciento de los venezolanos. Hoy ningún partido tiene opción para las elecciones del 98. Aquí estamos viviendo una situación, aunque el ejemplo no me gusta por el personaje, como en el Perú, donde los partidos fueron desplazados de la vida política. Semana: ¿Cómo ve las elecciones del 98 con dos candidatos adecos: por un lado el oficialista Lewis Pérez y a Claudio Fermín por su movimiento? C.A.P.: Esa sería una de las posibilidades. Aunque yo voy a decir que salgo sin candidato presidencial. Yo voy a observar la situación del país. Semana: ¿Y si ocurre en Venezuela ese ejemplo que no le gusta del Perú y lleva a la presidencia a nuevos líderes como la ex Miss Universo y alcaldesa Irene Sáez? C.A.P.: Es que tienen que surgir nuevos líderes. El gran error que cometimos los dirigentes venezolanos fue haber desarrollado el establecimiento partidista con nosotros y cerrando las puertas a la renovación de nuestra organización. Permitimos que los partidos envejecieran. Irene Sáez es un producto del antipartidismo, pero eso en la campaña electoral va a ser conducido de otra manera. El proceso electoral del 98 va a ser crucial en Venezuela. Semana: ¿Cuáles son sus aspiraciones presidenciales? C.A.P.: Ninguna. No puedo en el 98. Por otra parte, tenemos que hacer una apertura sincera y real hacia las nuevas generaciones venezolanas, que por otra parte están mejor formadas que nosotros. Semana: ¿Entonces qué papel jugará usted en la nueva política venezolana? C.A.P.: El del impulsador. Seguiría propiciando la transformación y modernización de Venezuela. Lamento lo de Samper Semana: ¿Sigue pensando en que debe renunciar Samper ahora que salió Humberto de la Calle? C.A.P.: A mí me angustia mucho la situación colombiana porque lo que sucede allá influye en Venezuela. Lamento mucho la circunstancia que le ha tocado vivir al presidente Samper. La verdad es que nosotros esperábamos que Samper encabezara un liderazgo progresista latinoamericano, sobre todo cuando las circunstancias lo llevaron a ser presidente actual del grupo de los No Alineados. Desgraciadamente todo esto se vino abajo con la presencia del narcotráfico en la campaña de Samper. Deploro profundamente esto. Colombia sufre una desestabilización institucional tan profunda o más que la venezolana. Semana:¿La salida de De la Calle fortalece o debilita a Samper? C.A.P.: Creo que la salida de De la Calle es un episodio más de la tragedia que vive el presidente Samper. Se está quedando aislado del país. Semana: ¿El nuevo acoso de la guerrilla es para presionar la caída de Samper? C.A.P.: La guerrilla en Colombia no es respetable desde ningún punto de vista. Además no tiene ninguna fundamentación ideológica. Se ha convertido en un modo de vivir de una porción muy importante de Colombia. Está muy apoyada por la fisiología del país. Y ahora desgraciadamente esta situación colombiana le ha dado un nuevo impulso a la guerrilla. Me siento cada día más preocupado por lo que pueda suceder en Colombia y pareciera que aquella predicción de Alfonso López Michelsen de que podría desatarse una guerra civil no está lejana. Semana: ¿Entonces hay más razones para que renuncie Samper? C.A.P.: Esta es una pregunta que me han hecho muchas veces y el presidente Samper se molestó alguna vez porque di una opinión. El problema es que en esta materia es tocar demasiado el problema interno de Colombia. Creo que Samper debería evaluar seriamente si él tiene piso para gobernar, si la gobernabilidad es posible dentro de esta situación, y me parece que aún no lo ha hecho. Semana: En su caso, ¿por qué no renunció cuando en su gobierno pasado también hubo presión de la opinión pública que le pedía que dejara la presidencia, además tuvo un 'caracazo' y dos intentos de golpe? C.A.P.: Las situaciones son distintas. Por qué debía yo renunciar, qué delito había cometido, qué daño le había hecho yo al país. A un presidente electo para un período constitucional se le debe permitir que gobierne, a no ser que se hayan producido hechos que lo hagan imposible. Y en mi caso no era la situación colombiana. A mí no se me acusó de narcotráfico, ni de robarme los dineros del país, ni de nada parecido. En Colombia el juicio al presidente es un juicio político. En Venezuela es un juicio judicial. Semana: ¿Ahora usted en la calle piensa convertirse en la cabeza de la oposición de Rafael Caldera como De la Calle de Samper? C.A.P.:Yo no pienso convertirme en nada. Pienso seguir siendo el Carlos Andrés de toda la vida y el tener una influencia importante a ver si logramos reorientar la vida nacional que está hundida por todos los disparates que ha cometido el gobierno de Caldera. Semana: ¿Cómo ejercerá esa oposición? C.A.P.: Eso lo voy a saber cuando salga a la calle. Después de dos años de estar aislado del país no quiero aventurarme a dar opiniones concretas. Semana: ¿Ha vislumbrado que dentro de poco Venezuela y Colombia tengan dos mujeres en la presidencia: Noemí Sanín por un lado e Irene Sáez por el otro? ¿Le gusta la idea? C.A.P.: Yo no tengo ninguna objeción para que una mujer sea presidenta del país. Por el contrario, creo que uno de los avances de América Latina es que la mujer rápidamente ha ido tomando posiciones en todos los ámbitos del quehacer nacional. Aun cuando tengo una gran consideración y simpatía por Irene Sáez, no encuentro en ella los factores de un candidato presidencial de Venezuela en una situación tan dramática como la que vive el país. Semana: ¿En Noemí Sanín si ve condiciones para ser presidenta de Colombia? C.A.P.: Es más política. Está más dentro del ambiente. Semana: ¿Como se portará Venezuela en los dos años que le restan al gobierno de Caldera? C.A.P.: No creo que aquí se vaya a avanzar más. El país seguirá enredado en estos conflictos y contradicciones y lo importante es que lleguemos al final sin que haya ninguna interrupción. Semana:¿Se refiere a que es mejor que concluya su gobierno para enjuiciar después a Caldera por el escándalo de los auxilios financieros otorgados a la banca quebrada? C.A.P.: Si aparecen motivos para eso, debe enjuiciarse, por ejemplo, por el crimen de los auxilios financieros. Si Caldera tiene una participación directa debe ser enjuiciado. Eso quedará para el futuro. Semana: ¿Y cómo ve al país en los próximos meses? C.A.P.: Muy mal. Ha sido un gobierno nefasto para Venezuela, y nos costará trabajo en el curso de los años reponer todos los disparates que se han cometido, sobre todo hay dos hechos que yo considero los más nefastos, la reconcentración del capital en pocas manos y la transnacionalización de las empresas públicas.

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