Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/05/13 00:00

Carta ‘bomba’

¿Estrategia política o intento de acercamiento? Las intenciones detrás de la misiva enviada por el Presidente de Irán al de Estados Unidos son un misterio.

En tono de reproche, el presidente iraní, Mahmoud Ahmadineyad, le escribió al mandatario estadounidense, George W. Bush , una carta en la cual se refleja la distancia ideológica que existe entre los dos países

Desde la toma de rehenes de la embajada estadounidense en Teherán, ocurrida pocos meses después de la llegada de la Revolución Islámica a Irán en 1979, los gobiernos de estas dos naciones rompieron relaciones diplomáticas y durante 27 años sólo se enviaron mensajes a través de terceros, generalmente de la embajada de Suiza. Por eso, la carta de 18 páginas que el presidente iraní Mahmoud Ahmadineyad le envió a su homólogo de Estados Unidos, George W. Bush, fue para unos una buena señal hacia el reestablecimiento de las relaciones entre ambas naciones y la superación de la crisis provocada por el programa nuclear iraní, del cual se sospecha que esconde la intención de desarrollar arsenal atómico.

Pero también generó interpretaciones opuestas. Muchos la ven como un incendiario memorial de agravios contra la política internacional estadounidense o como una jugada política de Ahmadineyad para quedar bien ante la comunidad internacional. La carta fue rechazada en Washington con el argumento de que no aporta a los temas que preocupan al mundo. "Esta no es la carta", dijo la secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, para quien el mensaje no contiene ningún compromiso sobre el problema nuclear. La de Rice es la posición de la Casa Blanca. Para otros, la carta no sólo no ofrece soluciones, sino que es un ataque contra Estados Unidos. El experto Wahied Wahdat Hagh señaló, en entrevista con Der Spiegel, que detrás de la epístola está la pretensión de Ahmadineyad de mostrarse fuerte ante su enemigo y "construir una coalición antioccidental en la que Irán quiere mostrarse como el líder".

Más que intentar crear un intento de comunicación fructífero con Estados Unidos, el mensaje parece haber sido escrito para ser entendido y aprobado por el pueblo iraní. Procedimiento consecuente con la política de Ahmadineyad, cuyas declaraciones siempre tienen como finalidad ganarse el apoyo de los iraníes y aglutinarlos alrededor de la capacidad 'legítima' que tiene Irán para desarrollar su programa nuclear. Para él, la diplomacia está en un plano inferior.

Lo anterior se ve reflejado en que en esta carta Ahmadineyad no plantea ninguna solución para llegar a un acuerdo con Occidente y, por el contrario, se dedica a defender las políticas iraníes y a atacar las de Estados Unidos. Con una retórica totalmente religiosa, la carta comienza con la declaración de intenciones del mandatario. A continuación, critica la guerra en Irak y le pregunta al presidente Bush cómo los valores cristianos que representa pueden ser compatibles con una guerra tan sanguinaria, la prisión de Guantánamo o la red de prisiones secretas estadounidenses que funcionan en Europa. La legitimidad del Estado de Israel también vuelve a ser puesta en duda por el mandatario, quien ya había dicho que la nación judía debía ser borrada del mapa.

En cuanto al tema nuclear, Ahmadineyad reitera el derecho de su país a poseer tecnología nuclear para fines pacíficos. El mandatario se pregunta si la posibilidad de que los avances científicos puedan ser utilizados con fines militares es razón suficiente para oponerse a la ciencia y la tecnología. Para Estados Unidos, la respuesta es evidente: sí.

El mismo lunes que la carta llegó a Washington, en Nueva York se llevaban a cabo las sesiones entre los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania para discutir la crisis con Irán. Allí se acordó un nuevo plazo de dos semanas para que el país persa reconsidere su posición, antes de implementar una resolución en su contra. Por ahora, China y Rusia siguen reacios a cualquier tipo de sanción. La postura de Estados Unidos se mantiene inflexible, mientras el Presidente iraní, de gira por Indonesia, tachó de "mentira" las acusaciones que se han hecho contra su gobierno. La carta no marcó el inicio de las buenas relaciones entre los dos países. Por el contrario, su retórica y la respuesta de Estados Unidos parecen alejar la posibilidad de una salida negociada al conflicto.

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