Miércoles, 22 de octubre de 2014

| 2013/04/16 00:00

Carta desde la libertad de Philadelphia

“Lo que sucedió en Boston me recordó la locura que vivimos en los años ochenta”.

Foto: AP

Querida Familia,

Lo que sucedió el lunes anterior en la ciudad de Boston me recordó la locura que vivimos en los años ochenta, en plena guerra del narcotráfico contra el Estado. No sé si estábamos todos entonces en el país, creo que no. Es claro que cada cultura, cada país, cada conglomerado, reacciona distinto ante los ataques terroristas pero, a pesar de eso, no deja de sorprenderme esta cultura.

El atentado tuvo una cruel sutileza: dejar sin piernas a personas que asistían despreocupadamente a una maratón. En nuestros países, por lo general, sabemos quién pone las bombas, o son agentes del mismo Estado saboteando, o son los clásicos grupos en conflicto que ya conocemos. Es fácil comenzar a elucubrar sobre el posible autor. Aquí, en cambio, no se ha dicho nada. Nada. ¡Nada! Nadie ha abierto la boca para decir o para sospechar o para lanzar alguna acusación.
 
Pero Philly, donde vivo, amaneció llena de investigadores privados… Por las calles, las estaciones de tren, los lugares históricos. Que ¿cómo se reconocen? Bueno, pues están bien vestidos por lo general (aquí a veces la gente se viste como si la ropa la escogieran sus enemigos) y se alcanzan a ver las placas agarradas a los calzones como en las películas y es que esto es como una película. En algunos casos, muy contados, se ven las armas agarradas como a las costillas. Pero agregaría a un grupo más, que no tiene nada y que incluso no viste bien, viste informal, como el Serpico de Al Pacino que, no sé cómo explicarles pero se sabe que son investigadores o policía encubierta. Están por ahí, despreocupados, en las aceras como en grupos aleatorios.

La gente está conmovida hasta la raíz del pelo. No es para menos. Nosotros también nos conmovíamos pero ellos tienen otra perspectiva. La pregunta para ellos es: ¿Por qué alguien quiere hacernos daño? Los gringos, acostumbrados a mirar sólo hacia adentro y a pensar que realmente "we are the world" no pueden creer que alguien pueda odiarlos. No pueden creer que alguien pueda atentar contra vidas inocentes en SU país.
 
En los años de nuestra extrema violencia nunca oí a un ministro o a alguien de un organismo internacional, o a alguien de la familia o a alguno de los amigos preguntarse quien o por qué nos quieren hacer daño. NUNCA. ¿Ingenuidad? Sí, creo que hay mucho de eso. Mientras tanto, tendremos que vivir a partir de ahora con mucha atención, viendo todo con otros ojos.

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