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| 2/6/2010 12:00:00 AM

O Carter, o Clinton...

De las decisiones que tome Barack Obama depende si su Presidencia será recordada como una desilusión o un éxito.

El presidente norteamericano, Barack Obama, ha llegado a un punto crucial de su mandato. De lo que haga en los próximos días dependerá no sólo su futuro político, sino especialmente el de Estados Unidos y el mundo. Poco después de haber cumplido su primer año en la Casa Blanca, sus decisiones en política internacional y en asuntos nacionales, sobre todo en lo relacionado con la lucha antiterrorista y en materia económica, será clave. ¿Dará la talla?

La opinión estadounidense está dividida. Según la página web Real Clear Politics, especializada en sacar promedios de las encuestas más prestigiosas, el 48,8 por ciento de los consultados aprueba la gestión del Presidente, mientras que el 46,5 por ciento la rechaza. Pero en otros estudios, como el realizado por The Wall Street Journal, la mayoría considera que el país va mal. Lo que sucedió recientemente en Massachussetts, ya es interpretado como una cuenta de cobro a Obama y un referéndum a su gestión. Allí a mediados del mes pasado hubo unas elecciones en las que se jugaba el escaño al Senado que por 47 años ocupó el demócrata Edward Kennedy. Ese día, el hasta entonces desconocido republicano Scott Brown derrotó a su contrincante de los demócratas y con ello logró que la oposición le quitara al partido de gobierno los 60 escaños que controlaba en el Senado, donde esa supermayoría era necesaria para aprobar grandes reformas, como la del sistema de salud.

Con el resultado, la gente le dijo al inquilino de la Casa Blanca que debe revisar su plan de cambio a la sanidad (50 millones de norteamericanos carecen de seguro de salud y dárselo cuesta 100.000 millones de dólares al año). Habrá que ver cómo se las ingenia Obama para convencer aunque sea a un congresista republicano de que lo respalde en ese plan, que fue la bandera de su campaña. Además de ese aspecto, también tendrá que destinar esfuerzos a la creación de puestos de trabajo, el tema en el cual enfocó el discurso del Estado de la Unión el pasado 27 de enero. A estas alturas, el desempleo supera el 10 por ciento.

En materia internacional, un sector de la población y de los analistas considera que Obama es un Presidente endeble, y dan como ejemplo su falta de contundencia frente al conflicto árabe-israelí y a la lucha antiterrorista que se desprende de ese problema. Le elogian la mano tendida con el mundo árabe, que ha sido evidente en varios discursos desde el comienzo de su mandato. Pero aun así, le dicen que en la práctica eso no ha servido para nada.

Son varias las razones. Para empezar, está el atentado fallido el día de Navidad en Detroit, cuando un joven nigeriano quiso volar un avión con explosivos conseguidos en África y tras haber recibido entrenamiento de gente de Al Qaeda en Yemen. Lo que ha hecho que nuevamente cobre impulso entre la población el discurso de sus opositores. "El presidente Obama nos está poniendo en peligro", se quejó el ex vicepresidente Dick Cheney de la administración Bush, que no se sintió satisfecho con el discurso de Obama en Oslo, ante la Academia que le dio el Nobel de la Paz, donde el Presidente dijo que su país está en guerra y que esa guerra es justa y hay que librarla.

Aunque Obama ha decidido el envío de casi 40.000 soldados a Afganistán, la guerra sigue. Lo mismo pasa en Irak, donde los atentados no cesan, y ahora se ha abierto un frente nuevo en Pakistán, un país que se supone aliado de Washington, donde los talibanes afganos y sus aliados locales atacan al Ejército regular. Para rematar, está el caso de Yemen, donde Obama y su secretaria de Estado, Hillary Clinton, concentran esfuerzos para evitar que los hombres de Osama Ben Laden aumenten su influencia.

Fuera de eso, Obama tiene pendientes las disputas con Irán, que sigue enriqueciendo uranio, y con Corea del Norte, que insiste en lanzar misiles de prueba para temor de sus vecinos.

Entre los grandes temas también hay que incluir la relación de Washington con China, el gran poder emergente. A lo largo de su primer año Obama coqueteó con la idea de un G-2 entre ambas potencias, incluso le dio gran importancia a su visita a Beijing, pero no ha obtenido la respuesta esperada y, por el contrario, la relación se ha vuelto más tensa los últimos días.

Esa lista de retos en política exterior ha hecho que dos publicaciones influyentes le hayan puesto a Obama los puntos sobre las íes. En un artículo de carátula, el semanario británico The Economist bautizaba hace poco al Presidente como "The Quiet American" (El americano silencioso) y se preguntaba: "¿Será que ese estilo de diplomacia silenciosa da buenos resultados?". Y este mes, la revista norteamericana Foreign Policy, también en portada, formuló el siguiente interrogante con respecto a Obama: "¿El nuevo Carter?".

La comparación es lógica. El texto de Foreign Policy recuerda cómo Jimmy Carter, otro presidente demócrata de estilo dialogante, ganador en el año 2002 del Nobel de la Paz, alcanzó el poder en 1976 pero perdió la reelección contra Ronald Reagan en 1980 por el manejo aparentemente débil que le dio al secuestro durante 444 días de 53 estadounidenses en Irán.

Otros analistas piensan que Obama todavía está a tiempo para dar un timonazo y hacen la analogía con otro ex presidente demócrata. Al comienzo de su administración, Bill Clinton (1993-2001) proyectó una imagen errática, e incluso fue incapaz de sacar adelante su propio proyecto de reforma a la salud. Pero logró enderezar el rumbo y en 1996 se convirtió en el primer demócrata en lograr la reelección desde Franklin Roosevelt. A pesar del escándalo por su affaire con Monica Lewinski, su Presidencia dejó un balance positivo y Clinton se convirtió, cuando abandonó la Casa Blanca, en uno de los ex mandatarios más carismáticos del mundo.

¿Cómo reaccionará Obama ante los desafíos que tiene enfrente? Nadie lo sabe. Algunos creen que en el discurso del Estado de la Unión dio señales de querer recuperar el mando porque habló duro y con autoridad. Otros, como Ted Sorensen, ex asesor de John Kennedy, piensan que Obama no se ha dado cuenta de que gobernar es escoger y que hay que darse la pela. En otras palabras, que no ha hecho caso de la célebre frase del ex gobernador de Nueva York Mario Cuomo: "Se hace campaña en verso, pero se gobierna en prosa".
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