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| 10/6/2012 12:00:00 AM

Cataluña hacia la independencia: ¡Adéu Espanya!

Aunque es inconstitucional, Cataluña se encamina hacia la independencia. La decisión, detonada por la crisis económica y social, amenaza la supervivencia de España.

En toda Cataluña hay un objeto que no se consigue por ningún lado, ni en Girona, ni en Barcelona, ni en la Costa Brava ni en Tarragona. En todas partes la senyera, la bandera catalana de cuatro franjas rojas sobre fondo dorado, está agotada. Desde hace meses una marea nacionalista obsesiona a la región y camisetas, sombreros o gafas con estampado independentista se venden como pan caliente. Jordi García, diseñador de OniriCat, una tienda online nacionalista, le dijo a SEMANA que "en toda Cataluña ya no hay una sola senyera, es una locura, se nos acabaron los stocks, estamos en ceros. Hace un año que abrimos y ahora estamos ampliando nuestra línea, sacando nuevos productos". Y a pesar de la crisis, el negocio promete seguir boyante.

Aunque en Cataluña el sentimiento nacionalista siempre ha sido fuerte, se habla como nunca antes de independencia. En medio de una depresión económica sin precedentes, cada vez más catalanes piensan que les iría mejor sin España. Aunque no hay mecanismos constitucionales para hacerlo y separarse podría conducir a la ruina económica, el caos e incluso una intervención armada, la región está decidida a seguir su propio camino.

Como en casi todos los divorcios, el problema es de dinero. Desde hace años los catalanes quieren, como los vascos y los navarros, recaudar y gastar sus impuestos sin que Madrid se entrometa, pues el Ministerio de Hacienda se lleva gran parte de la plata. Así, para los nacionalistas, Cataluña "pierde" cada año 16.000 millones de euros (8 por ciento de su PIB) y no entienden cómo Cataluña tiene el PIB más alto de España, pero solo la cuarta renta per cápita.

Ese sistema llegó a un punto de quiebre en agosto, cuando Barcelona, acorralada por una deuda de 43.000 millones de euros, le pidió un rescate humillante a Madrid. Para los catalanes fue la prueba de que si España no les quitara parte de sus riquezas, hubieran evitado la quiebra y estarían mejor. Salvador Cardús, sociólogo de la Universidad Autónoma de Barcelona, le dijo a SEMANA que "la situación en Cataluña es grave. No tanto como la española, pero grave. O grave precisamente por la contaminación española. Con lo que se ahorraría del costo de su pertenencia a España, una Cataluña independiente eliminaría su déficit en tres o cuatro años".

El 11 de septiembre, pocos días después del deprimente rescate, una Cataluña irritada celebró su fiesta nacional al grito de " in-inde-indepèndencia". Según la Generalitat, el gobierno catalán, más de un millón y medio de personas inundaron las calles, el 20 por ciento de la población. Cataluña lleva décadas reforzando sus atributos nacionales. En los colegios, todas las materias menos Castellano e Inglés, son dictadas en catalán. En el mundo el gobierno tiene seis embajadas, 27 agencias comerciales y seis institutos de lengua. Pero nunca se había visto tal explosión de nacionalismo. Incluso el F.C. Barcelona estrenó este año una camiseta roja y amarilla, los colores de la senyera.

Alentado por la calle, Arthur Mas, el presidente de la Generalitat, del partido nacionalista Convergència  i Unió (CiU), voló a Madrid para negociar con el presidente del gobierno Mariano Rajoy un convenio para usar sus impuestos autónomamente, a cambio de una contribución al Estado central. Rajoy le lanzó un no rotundo y Mas le respondió "si no hay acuerdo sobre el pacto fiscal, el camino de Cataluña hacia la libertad está abierto". Volvió a Barcelona, convocó elecciones anticipadas y un referéndum sobre el derecho a la autodeterminación para el 25 de noviembre. Según una encuesta del diario barcelonés La Vanguardia, los partidos nacionalistas obtendrían el 66 por ciento de los escaños y el sí a la soberanía ganaría con un 55 por ciento.

En Madrid descalificaron inmediatamente la consulta por razones legales. Enrique Álvarez, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, le dijo a SEMANA que para que Cataluña se independice "la única vía legítima y democrática es una reforma constitucional, la cual es casi imposible de llevar a cabo. Necesitaría un acuerdo en las Cortes del Partido Popular y del Partido Socialista y un referéndum de todos los españoles. Aunque los nacionalistas ganen por mayoría absoluta no se pueden independizar de facto".

Pero Ferran Requejo, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, le explicó a esta revista que "hay un choque de legitimidades políticas: la Constitución frente a la Democracia". En ese sentido la Generalitat anunció que podía apoyarse en el "mandato del pueblo" y "proclamar de forma unilateral un Estado propio. Sería lo más democrático del mundo".

La hoguera no tardó en incendiar a toda España. El teniente coronel Francisco Alaman dijo que los independistas "deberán pasar por encima de mi cadáver y el de otros muchos militares". Joaquín  Leguina, expresidente socialista de la Comunidad de Madrid, exclamó que "entre la independencia y la Guardia Civil, hay que elegir a la Guardia Civil". Y empresarios como José Manuel Lara, presidente del Grupo Planeta, amenazaron con abandonar a Cataluña si se independizaba.

Ahora la gran pregunta es si Cataluña lograría ser un Estado sostenible. Tiene un PIB similar al de Portugal, con una fuerte tradición industrial y sectores turísticos, comerciales y financieros pujantes. Pero el desempleo alcanza el 22 por ciento, su producción depende del mercado español y si se independizan, no pueden seguir en la Unión Europea por las normas de Bruselas. Para Cardús, "el primer cliente de Cataluña es el resto del mundo, no España. Compran productos catalanes no por ser de tal origen, sino por precio, calidad. El balance sería ampliamente positivo". Por su parte Javier Asensio, economista de la Universidad Autónoma de Barcelona, le dijo a SEMANA que "habría un beneficio en la balanza fiscal pero unos costos en las balanzas comerciales, se reduciría la inversión exterior y disminuiría la competencia en el mercado catalán. Los costos superan a los beneficios, los catalanes viviría peor que dentro de España".

La tormenta golpea a España en el peor momento. A la depresión económica, el desempleo masivo, las manifestaciones y un probable rescate europeo, se añade una crisis que amenaza con romper los cimientos del Estado. La reforma constitucional de 1978 impulsó un Estado híbrido, descentralizado pero poco federal, con 17 comunidades autonómicas. Para la derecha se crearon "mini países", donde los puestos públicos, las instituciones se sobreponen con caciques políticos que gastaron a manos llenas en puestos y proyectos faraónicos.

Mientras la economía funcionó, todos se acomodaron más o menos al estilo español. Pero ahora se está abriendo una brecha enorme, que puede acabar con la España actual. Desde ya algunos están tomando acto de la defunción ibérica. En Galicia algunos políticos también están pidiendo acuerdos como los catalanes. Y hace un mes en el pueblo de Sant Pere de Torelló, cerca de Barcelona, el ayuntamiento se declaró "territorio catalán libre". Ciertamente, España se está quebrando en mil pedazos.
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