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| 6/12/1989 12:00:00 AM

CERO Y VAN DIEZ

El presidente Cerezo sobrevive al décimo intento de golpe.

Desde que el presidente Vinicio Cerezo asumió la presidencia de Guatemala en enero de 1986, el país ha vivido bajo la sombra del golpe de estado. No en vano Cerezo fue el primer Presidente elegido tras 16 años de dictaduras militares, y ha tenido que soportar nueve intentonas de golpe, de las cuales sólo una había sido reconocida oficialmente.

A esa última categoría se sumó la insurrección de la semana pasada. La ciudad de Guatemala amaneció el martes entre los rumores del golpe de estado y el vuelo rasante de los helicopteros. Las emisoras, encadenadas por orden del gobierno, no presentaban más informaciones que las autorizadas y la población se debatia en la incertidumbre.

Sin embargo, poco a poco las cosas se fueron aclarando. Cuatro oficiales, expulsados el año anterior del Ejército por haber participado en la frustrada intentona del 11 de mayo, encabezaron la insurrección. Esta se atrincheró en el Agrupamiento Táctico de la Fuerza Aérea, de donde salieron unos 150 hombres que rodearon la Casa Crema (residencia del ministro de Defensa) y cerraron el acceso a la ciudad por la carretera del Pacífico. Tambien intentaron tomar el Cuartel de Matamoros, la Radio Nacional, la central de teléfonos y la carretera del Atlántico, al norte de la ciudad .

Pero el grueso de las Fuerzas Armadas permanecio fiel a su comandante, el ministro de defensa, general Hector Gramajo, y la rebelión fue sofocada sin disparar un solo tiro. Uno de los oficiales capturados llevaba en su poder una proclama que iba a ser difundida en caso de que triunfara la rebelión. Aunque no se conoció el texto, trascendió que justificaba la acción con algunas razones vagas, que apuntaban más hacia un movimiento de carácter personalista.

Tras los hechos de la semana pasada, para muchos observadores quedó claro que en Guatemala las palancas del poder aun las quieren manejar los militares. Aunque la insurrección se desinfló casi automáticamente cuando se supo que el ministro de Defensa apoyaba al gobierno, hay quienes consideran que ello no sucedió por lealtad al Presidente o a su proyecto democrático, sino por la falta de unidad de las Fuerzas Armadas.

La organización privada Americas Watch afirmó en un informe reciente que "el gobierno civil de Guatemala no ha significado una reducción de la influencia de los militares en la vida diaria de los guatemaltecos". El episodio de la semana pasada parece confirmar esa tesis.-
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