Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2015/10/23 22:00

Tras la pista del Chapo Guzmán

Con cada día que pasa, aumenta la desesperación del gobierno mexicano por atrapar al escurridizo máximo cabecilla del cartel de Sinaloa.

El Chapo Guzmán es toda una leyenda en México. Es tal la devoción, que por estos días una máscara con su rostro se ha convertido en el disfraz más apetecido por los mexicanos. Foto: A.F.P. / A.P.

Por estos días, en todo México circulan unas máscaras de Halloween que tienen al gobierno de Enrique Peña Nieto con los pelos de punta. Por unos cuantos pesos, cualquiera puede con ellas disfrazarse de Joaquín ‘el Chapo’ Guzmán, lo que indica el grado de popularidad del gran capo del narcotráfico. Todo porque ese criminal ha logrado apoderarse de la imaginación popular con su extraordinario escape y con la manera como ha logrado escabullírseles a las autoridades, que una y otra vez quedan en ridículo.

Precisamente, en la semana que termina el capo volvió a escapar de un operativo del cuerpo elite de la Marina, el escuadrón que en 2014 lo capturó y que desde hace días rastrea las sierras de Sinaloa y Durango, feudos inexpugnables del cartel, para encontrar al delincuente, que sufrió lesiones en una pierna y su rostro. Interceptaciones telefónicas permitieron ubicar al capo en un rancho en Cosalá. Los miembros de la Marina asaltaron el lugar y se enfrascaron en una violenta balacera con los guardaespaldas del fugitivo. Cuando el fuego cruzado cesó, entraron al rancho y solo encontraron algunos teléfonos y radios, pero ni rastro del Chapo. Después supieron, por interceptaciones, que el narco quedó herido al caer por un acantilado.

El capítulo más reciente de esta historia comenzó en julio, cuando Guzmán se fugó de la cárcel de máxima seguridad El Altiplano, por un túnel de kilómetro y medio excavado a diez metros de profundidad. Ese mismo día comenzó la búsqueda que tiene al gobierno con su reputación por el suelo. El propio presidente Enrique Peña Nieto, quien se había jactado de haber acabado con el cartel de Sinaloa al capturar al delincuente, le dijo a la cadena Univisión en febrero de 2014 que una nueva fuga “sería algo imperdonable”. Al día de hoy, todavía se le reprocha no haberlo extraditado a Estados Unidos, cuyo gobierno le había advertido que el Chapo se podía escapar.

Pocos días después de esa fuga, el bloque de búsqueda, compuesto por helicópteros y vehículos blindados, y apoyado por la inteligencia de Estados Unidos, invadió sin éxito Badiraguato, la cuna del narco. Los campesinos de la sierra decían que el señor no podía estar allí. “Él va a venir cuando la cosa esté calmada; si el viento corre pa’l norte, el Chapo corre pa’l sur”, supuso un lugareño que, como muchos, lo conoce de toda la vida, desde que era un muchachito que cultivaba marihuana. Pero estaba equivocado. Según informes de la Marina, la noche de su fuga llegó a Querétaro. Luego, sus hombres lo llevaron en avioneta a un punto recóndito de la sierra de Sinaloa, la cuna de su imperio, aunque en total cautela. Porque en la sierra, el Chapo no existe, él es la sierra. La zona geográfica donde lo rastrearon es conocida como el Triángulo Dorado debido a sus óptimas condiciones climáticas para cultivar marihuana y amapola.

El asunto del Chapo se presenta justo cuando la crisis del país es profunda, pues los mexicanos se sienten inconformes con el gobierno debido a una serie de abusos y escándalos de corrupción que flota en la impunidad. Según Latinobarómetro, una ONG que estudia la opinión pública, 26 por ciento cree que el gobierno es transparente, mientras que 72 por ciento considera que lo es poco o nada.

No ayudó que por estos días se hiciera público un video de la fuga del Chapo, que demuestra que los guardias ignoraron los martillazos provenientes de la salida al túnel, ubicada en la ducha de su celda. “Es evidente que Guzmán fue capaz de comprar suficientes voluntades como para cavar su túnel y escapar sin problema”, dijo a SEMANA Malcolm Beith, autor de The Last Narco, una biografía del capo. “Algún día sabremos si el túnel estaba planeado inclusive antes de que fuera capturado”, dice Beith, y agrega: “No sé si lo vayan a capturar. Lo que sé es que siempre está diez pasos por delante”.

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