Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2002/12/07 00:00

Charro sin botas

Han pasado dos años desde que Vicente Fox asumiera la presidencia de México como el salvador de la democracia. Pero aún no logra convencer a sus conciudadanos.

Cada dia la figura de Vicente Fox, el hombre que iba a cambiar la vida política de México, pierde más fuerza. Después de dos años de gobierno, sin ninguna reforma significativa, su discurso deja de convencer. Fox se había convertido en la esperanza de la renovación después de vencer en las elecciones al Partido Revolucionario Institucional (PRI), que parecía invencible después de 71 años de gobierno. Pero de su popularidad inicial del 80 por ciento apenas queda un poco más del 50. Gran parte de la población considera que a medida que pasan los días se acaba el tiempo de gracia y exige que concrete sus promesas.

Durante su primer año de gobierno Fox se dedicó a vender una nueva imagen de México. Un país libre de las oscuras componendas del PRI, un lugar seguro para la inversión, una economía estable y pujante que salía del subdesarrollo y en donde reinaba el respeto por los derechos humanos,. Sin embargo descuidó por completo la política interna y después de una serie de reveses quedó frente a la opinión pública como un mandatario débil ante las presiones de los empresarios, los petroleros y los grupos indígenas.

Su primer gran tropiezo fue el proceso de paz con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (Ezln), el que había prometido culminar en menos de 15 días. A cambio de desmovilizarse este grupo armado, que opera en el sureño estado de Chiapas, le exigió una serie de reformas. La más importante era la llamada 'ley de Cocopa', que el Ejército Zapatista presentó al Congreso en busca de mejores condiciones de vida para los indígenas. Pero después de largas discusiones los parlamentarios aprobaron una versión completamente desfigurada. Como era de esperarse, los indígenas la rechazaron y el presidente quedó en el peor de los mundos. Se puso del lado de los indígenas, que sin embargo no le perdonan haberles incumplido, se ganó el rechazo de los parlamentarios y no logró asegurar la desmovilización del grupo guerrillero.

Esta primera lucha con el Legislativo garantizó que gran parte de sus reformas quedaran estancadas, como ha sucedido con la tributaria. Fox ha aprendido a las malas lo difícil que es luchar contra el sólido engranaje político del PRI y no ha sido capaz de reunir una coalición que lo contrarreste.

Lo único que los mexicanos destacan de la gestión de su presidente es que haya logrado mejorar las relaciones con Estados Unidos, lo que ha garantizado que su país no vuelva a ser sometido a un proceso de certificación sobre su compromiso antinarcóticos. Pero en este aspecto las cosas tampoco marchan como querría, pues el tema de los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos sigue estancado en la agenda común. En materia multilateral Fox también logró hacerse parte del Consejo de Seguridad de la ONU y ha empezado un proceso que permita un mayor contacto con Suramérica, empezando con Chile, país con el que ha establecido una fuerte relación económica y política.

Como es natural, estos cambios no tienen satisfechos a los mexicanos, que siguen demandando lo prometido o, por lo menos, que se aceleren las reformas que el país necesita. Fox contesta que sí ha cumplido sus promesas. Asegura que en su gobierno "ha mejorado la gobernabilidad democrática, la inclusión social y que ha promovido una economía con rostro humano". Algo que los índices no parecen demostrar. México sigue con el mismo esquema político, el PRI sigue ejerciendo una parte considerable del poder y aunque la economía es una de las más estables de América Latina cada día está más deteriorada, con un aumento en el desempleo y muy poca estabilidad laboral. La deuda de Fox con los mexicanos crece cada día. Pero el hombre de las botas y el sombrero aún tiene tiempo de demostrar que es capaz de tomar las riendas. Al fin y al cabo dos años en un país que se rige por el famoso sexenio son apenas el arranque del gobierno. Lo malo es que nada parece indicar que sea capaz de dar la vuelta a esa moneda.

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