Domingo, 22 de enero de 2017

| 1982/10/18 00:00

CHEQUE EN BLANCO

Una enmienda constitucional le devuelve al presidente de los Estados Unidos las facultades para ir a la guerra sin pedirle permiso al Congreso de su país.

CHEQUE EN BLANCO

La autorización dada por el Congreso norteamericano al presidente Ronald Reagan para intervenir en el área centroamericana y del Caribe ha marcado indudablemente un hito en lo que serán las futuras relaciones entre dicha zona y el país del norte. La enmienda, votada por el Senado de los Estados Unidos el pasado 11 de agosto y aprobada por 68 votos a favor y 28 en contra, fue propuesta por el senador republicano por el Estado de Idaho, Steven Symms, como complemento a una discusión sobre apropiaciones fiscales suplementarias para el año fiscal de 1982.
Symms, quien es calificado por sus colegas como un exponente de la "línea dura" republicana, llegó a esa corporación en 1980, después de hacer carrera en la Cámara de Representantes para la que había sido elegido en 1972. El senador, de 44 años, ha mostrado un interés, que para muchos raya en obsesión, en el tema cubano y en general en el de la "penetración comunista" en Centroamérica.
Autor de un libro -"El Oso en Cuba"- y de numerosos artículos en los que constantemente apoya una solución de fuerza ante Cuba, Symms ha logrado desde su llegada al Congreso adelantar proyectos que evocan las mejores épocas del tristemente célebre Joseph P. Mc Carthy, cuyo anticomunismo irracional produjo severos traumatismos en Estados Unidos a comienzos de los años 50.
No es realmente esta la primera oportunidad en que el congresista republicano presenta una resolución similar a la ahora aprobada. El pasado 27 de abril fue rechazado por 41 contra 39 votos un texto casi idéntico donde se buscaba "aclararle a los cubanos que los Estados Unidos no tolerarán que se exporte una revolución a las naciones de Centro América". Aunque en ese momento el entonces secretario de Estado. Alexander Haig apoyó -como lo hizo esta vez George Schultz- a nombre del gobierno la resolución, el clima político del momento, demarcado por la lucha en las islas Malvinas, no permitió al sector republicano salir adelante con su propósito.

LA PROPUESTA
Si se examina con cuidado el texto de las discusiones que antecedieron a la consideración de la enmienda Symms, se encuentra que su presentación estaba en realidad fuera del orden del día. Las discusiones giraban en torno de apropiaciones presupuestales, sin embargo Symms logró presentar una especie de "mico", apoyado en una notable preparación previa sobre el tema y tomando por sorpresa a sus opositores. De tal manera, cuando le fue concedida la palabra en la sesión del 10 de agosto, el senador procedió a presentar la enmienda explicando que estaba basada en las "impresiones de una reciente visita a Centro América", reforzándola con una extensa exposición acerca de la "intervención cubana en Latinoamérica". Concluyó su discurso advirtiendo que el presidente Reagan apoyaba personalmente un tipo de decisión como esa, y en los términos por él mismo planteados.
La enmienda en sí, revive una autorización concedida en 1963 al presidente Kennedy cuando la crisis de los misiles en Cuba. Aunque en un principio fue rechazada, el esfuerzo de Symms y el del derechista senador por Carolina del Norte, Jesse Helms, logró sus frutos al día siguiente, cuando en la primera votación de la mañana fue aprobada. Al decir de varias observadores, la noche del 10 al 11 de agosto pudo ser aprovechada por funcionarios de la administración para presionar en el ánimo de los republicanos más moderados.
El texto que tanta agitación ha causado, trata de "reafirmar la política de los Estados Unidos en el hemisferio occidental", remontándose a los tan discutidos principios, especialmente después de Malvinas, de la "no intervención en los asuntos de naciones de este hemisferio por potencias extrañas", es decir en la "doctrina Monroe". Las directrices preliminares determinan tres áreas que conforman el cuerpo de la enmienda: "prevenir por cualquier medio, inclusive el uso de las armas, que el régimen marxista leninista de Cuba extienda por la fuerza o por la amenaza de la fuerza sus agresivas y subversivas actividades a cualquier parte del hemisferio"; "impedir en Cuba la creación o el uso de una capacidad militar apoyada desde el exterior que ponga en peligro la seguridad de los Estados Unidos"; y"trabajar con la OEA y con los cubanos amantes de la libertad, para apoyar las aspiraciones de autodeterminación del pueblo cubano".
Los posteriores intentos para modificar con un lenguaje más suave la enmienda Symms, como el intento de quitar del texto la frase "la utilización de las armas" fueron rechazadas una y otra vez por estrechas diferencias. Sin embargo, se adoptó finalmente una corrección presentada por el senador Bumpers. demócrata de Arkansas, en la que se precisaron ciertas condiciones para impedir la total libertad del presidente y, por lo tanto, conservar el poder fiscalizador del Congreso, ante la eventualidad de una invasión, norteamericana en la citada área.
Durante el debate, el senador republicano Charles Percy, afirmó que la enmienda le daba a Reagan "un cheque en blanco" y "podría considerarse como la resolución del Golfo de Tonkín para Cuba". Tal paralelo hacía referencia a la resolución de 1964 utilizada por Lyndon Johnson como autorización para intensificar la intervención norteamericana en Vietnam.
Cuatro días después de aprobada la enmienda Symms, voceros en México del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, declararon que esa resolución "tiene una clara dedicación contra Cuba, Nicaragua y los movimientos revolucionarios de El Salvador y Guatemala y constituye un preludio político de la invasión militar imperialista al área centroamericana".
Durante el período que siguió a Watergate, el Congreso norteamericano aprobó una ley que exigía al presidente disponer de una autorización del Congreso para ordenar acciones militares en el exterior. Con la enmienda Symms ese requisito legal es removido para operativos limitados que no superen las dos semanas.

EN LA NAVE DEL OLVIDO
Exceptuando ciertas organizaciones anti castristas, como la paramilitar Alpha 66, y de algunos sectores reducidos de la opinión, para la mayoría de los norteamericanos la enmienda Symms ha estado lejos de causar los encendidos debates que ha originado en Latinoamérica. En opinión de Clarke Thomas, redactor especializado del periódico "Pittsburg Press", el hecho de que la atención estadounidense estuviera hace un mes centrada en el conflicto del Medio Oriente y en la discusión sobre el presupuesto para el año fiscal de 1982, "explica el porque sólo se dieron informaciones muy marginales de la enmienda, sin que hasta ahora se abra un verdadero debate al respecto". No obstante, dicho observador considera que el tema "va a ser mirado cuidadosamente por la prensa en los próximos días".
Las circunstancias que rodearon la aprobación, en cierto modo extrañas, ha empezado a estimular en la prensa un cierto ánimo de pronunciarse al respecto.

"EL PALO Y LA ZANAHORIA"
Mientras la enmienda Symms era aprobada por el Congreso norteamericano de un día para otro, el plan Reagan para el Caribe, que el presidente norteamericano anunciara hace varios meses, aún no ha sido acogido por esa misma instancia legislativa estadounidense. El plan consiste en un programa de préstamos de 350 millones de dólares para un grupo de naciones de Centroamérica y el Caribe, más la apertura del mercado norteamericano a una gama de manufacturas de la región e incentivos tributarios para las inversiones en dichos países.
Sin embargo, el plan, que debe ser aprobado por el senado y por la cámara de representantes, está todavía en estudio en dos comités de esta última. Durante el trayecto que ha tenido entre los legisladores, la iniciativa ha sido recortada seriamente. Hoy el plan consiste únicamente en el programa de 350 millones de dólares que en total podrían ser prestados a países de la Cuenca.
Ese recorte y lo lento de la implementación del plan ha llevado a dos presidentes latinoamericanos a criticarlo. El 12 de septiembre, Luis Alberto Monge, presidente de Costa Rica, declaró que el Plan Reagan "no significa mayor cosa para nuestros países en el enfrentamiento de la aguda crisis que vivimos". Según el estadista, "lo fundamental del plan era la apertura del mercado estadounidense a (nuestras) manufacturas y los incentivos tributarios para las inversiones".
El presidente Betancur de Colombia es otro de los críticos del Plan Reagan para el Caribe. El 12 de septiembre, hablando para una agencia noticiosa de Miami; criticó el hecho de que su país hubiera sido excluido de la reunión de Nassau, donde fue proclamado el plan, pese a tener Colombia islas y 1.600 kilómetros de costas sobre el Caribe. "Después trató de corregirse ese olvido con una tardía invitación y Colombia entonces se incorporó a ese grupo", explicó. En esa misma intervención, Betancur enfatizó que Estados Unidos, "nos miran con un desdén olímpico porque somos el patío de atrás de Estados Unidos". Y agregó refiriéndose a dicho país, "no saben ayudar ni cuando quieren ayudar porque lo hacen despreciativamente, mirándonos por encima del hombro, y nosotros tenemos una dignidad y en la Comunidad Internacional somos iguales los unos a los otros".
Días antes, ante una pregunta sobre el Plan Reagan para el Caribe de la revista "Newsweek", del 23 de agosto, Belisario Betancur había señalado que "cuando los Estados Unidos ayudan, frecuentemente ofenden. Queremos ayuda de Estados Unidos y de otros países porque la necesitamos, pero depende de los términos con los cuales esa ayuda se ofrece. Si es para beneficiar las multinacionales no la queremos. Queremos ayuda para nuestra infraestructura industrial, para nuestra industria pesada y semipesada. Así podremos comenzar a mejorar nuestra producción de bienes de capital".

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