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| 8/27/2001 12:00:00 AM

Choque del destino

El desastre del A-300 de American Airlines en Nueva York es una nueva causa de angustia en Estados Unidos.

El lunes 12 de noviembre amaneció con un sol luminoso sobre la ciudad de Nueva York. El festivo del Día de los Veteranos era un nuevo pretexto para el descanso de unos habitantes que no lo han tenido desde el ataque del 11 de septiembre, no sólo por la sensación de pérdida que dejaron las Torres Gemelas y sus 3.000 víctimas sino por los incidentes de terrorismo biológico.

Sin embargo, muy temprano en la mañana, tuvieron un nuevo motivo para sentir angustia. El vuelo 587 de American Airlines, un Airbus A-300, que viajaba a República Dominicana, se precipitó a tierra en el barrio residencial de Rockaways, en Queens, con un saldo de 270 personas muertas, la mayor parte dominicanos. Para la siquis de los neoyorquinos el golpe resultó contundente. En la Gran Manzana existe la creencia de que se trató de un nuevo acto de terrorismo.

Pero las investigaciones están lejos de confirmar o negar cualquier posibilidad. Inicialmente se habló de una falla catastrófica en uno de los motores causada, presumiblemente, por la ingestión de un pájaro de gran tamaño, como una gaviota o un ganso, abundantes en el área del aeropuerto John F. Kennedy. Los primeros sospechosos fueron los motores General Electric usados por la aeronave y se habló de varios accidentes similares. Esa hipótesis se apoyaba en testimonios según los cuales vieron uno de los motores en llamas antes de desprenderse del aparato y en la localización de los restos, separados del fuselaje. No obstante tal posibilidad fue descartada cuando fueron examinados los restos y no se encontraron señales de ingestión alguna.

El hallazgo de la grabadora de voces de la cabina permitió descartar una explosión y reveló un ruido ensordecedor, como de golpes sucesivos producidos antes de que los pilotos perdieran el control y que éstos comentaran algo relacionado con una turbulencia anormal.

Aunque la “caja negra” que registra los parámetros operacionales del vuelo aún no ha sido analizada, hoy se especula con la posibilidad de que la primera pieza que se desprendió del aparato fue el timón de cola, sin el cual el control del vuelo es imposible.

¿Qué pudo hacer que ese moderno aparato se desarmara literalmente en el aire? No se tiene noticia de que un avión haya perdido jamás el timón de cola por un hecho parecido. Pero la aviación aprende de sus accidentes, lo cual ha permitido con el paso del tiempo que las causas de éstos sean cada vez más insólitas.

En este caso se trataría de una combinación de dos factores: por un lado la turbulencia causada por la estela de un vuelo de Japan Airlines, que habría salido con una diferencia menor a la indicada, que es de dos minutos o cuatro millas de distancia. Ese fenómeno ha sido descrito aunque hasta ahora no había causado accidentes. Y, por la otra, las características de la pieza, construida con materiales compuestos de carbón y plástico reforzado. Aunque, según los expertos, este material es más resistente a la fatiga que el aluminio.

La hipótesis de que el avión literalmente se desarmó explicó que fueran hallados tantos cuerpos casi intactos: el avión, al haber perdido la cola y los motores, hizo un descenso ‘lento’ y de barriga.

Todavía queda mucho por descubrir y las causas del desastre sólo se sabrán a ciencia cierta en meses. Pero una cosa es clara: en la conciencia de muchos neoyorquinos sigue imperando la idea de que el gobierno de Estados Unidos no podría aceptar que la causa haya sido el terrorismo porque el golpe para la moral del país, en general, y para la industria aeronáutica, en particular, sería letal. Aunque una bomba parece descartada no sucede lo mismo para un acto de sabotaje en el mantenimiento. Ello parece descabellado por las características del desastre. Pero estas son épocas descabelladas.
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