Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1985/02/04 00:00

CITA INCIERTA EN GINEBRA

He aquí los puntos claves sobre desarme que discutirán Shultz y Gromyko esta semana. Informe especial.

CITA INCIERTA EN GINEBRA

En 1985 la paz en Europa cumple 40 años. Ninguna generación ha vivido una tregua tan larga en la historia moderna del Viejo Continente. Sin embargo, desde el Atlántico hasta los Urales, de Lisboa a Moscú, Europa se está convirtiendo en un campo infectado de misiles nucleares, a cambio de bosques, pinos y champiñones. Ciento ocho misiles Pershing y 464 Cruceros norteamericanos han sido emplazados contra los SS-20 soviéticos. La OTAN, la alianza occidental entre los Estados Unidos y los países europeos ha destinado -aun si no lo ha confirmado nunca oficialmente- al menos 9 bases más en Europa para hospedar 572 dispositivos atómicos.
Europa, pues, se está convirtiendo en un verdadero teatro de guerra. El acuerdo de la OTAN prevé 96 Cruceros (o Cruise) en la base de Greenham Common, Inglaterra (donde son ya "operativos", es decir, listos e instalados, 16 Cruise desde diciembre del 83); 36 Pershing-2 en Mutlangen, República Federal Alemana (9 de los cuales ya son operativos); 112 Cruise en Comiso, Italia (16 operativos desde marzo del 84); 36 Pershing-2 en Heilbronn, República Federal Alemana; 36 Pershing-2 en Neu Ulm también en Alemania Federal; 36 Pershing-2 en Florennes, Bélgica; 48 Cruise en los Países Bajos (la base de Woensdrescht); 96 Cruise en Bitburg, Alemania Occidental y 64 Cruise en Molesworth, Inglaterra.
Pero no es seguro que la cantidad de misiles y el lugar de instalación sean respetados, ya sea porque se restablezca el diálogo -roto el 23 de noviembre del 83- entre las dos potencias, Estados Unidos y Unión Soviética (el reciente acuerdo de encontrarse de nuevo en Ginebra de los dos ministros de Relaciones Exteriores Shultz y Gromyko a inicios de enero del 85 lo deja pensar) o ya sea porque el movimiento pacifista internacional logre frenar la carrera armamentista, como en el caso de Holanda y Bélgica que han retardado la decisión de instalar los misiles en su territorio para 1985, o por posiciones neutralistas como las de Dinamarca.
Por otra parte, de frente a los misiles norteamericanos hay una selva de incontables misiles nucleares soviéticos. De éstos no existen cifras oficiales, pero se calculan 378 SS-20, de los cuales 20 están colocados en las bases de Asia soviética y apuntan hacia el Extremo Oriente, China y Japón. Los demás apuntan hacia Europa. Además, los misiles soviéticos tienen 3 cabecitas nucleares, mientras que los misiles americanos tienen sólo una. Sin embargo, desde que se dio inicio, a principios del 84, a la instalación de los misiles norteamericanos en Europa, la Unión Soviética ha congelado la instalación de nuevos SS-20 demostrando una voluntad de diálogo, aunque la República Democrática Alemana y Checoslovaquia han instalado misiles de menor potencia, SS-22 y SS-23, en su territorio. No hay que olvidar que el movimiento pacifista se extiende también a los países de Europa Oriental y que por lo tanto los aliados del Pacto de Varsovia plantean los mismos problemas a los rusos que los aliados de la OTAN a los americanos: divergencias, resistencia, pacifismo y alto costo.
Aun dejando de lado el número de misiles, todos esos dispositivos nucleares que cubren un promedio de 2 mil kilómetros, representan un paraguas de horror que cubre todos los rincones de Europa. Y es que el drama de los misiles empezó sólo hace 5 años, cuando la OTAN adoptó la llamada "doble decisión", el 12 de diciembre de 1979. Tal decisión disponía la instalación de 572 misiles USA en contraposición a los SS-20 que representaban una amenaza contra Europa, asi como abrir negociaciones con los soviéticos en el marco de nuevas tratativas sobre las armas estratégicas: el llamado SALT 3, para reducir y, en el mejor de los casos, eliminar las armas. Pero desde el momento en que la "doble decisión" implicaba la determinación de armarse para negociar, por sí sola se convirtió ya en uno de los factores de discordia entre la OTAN y los países donde se alojarían las bases de lanzamiento. La opinión pública, traumatizada por los recuerdos de la guerra, y los gobiernos europeos, que seguramente no quieren cargar con la bandera de la guerra, han ejercido presiones para que los dos grandes acepten sentarse a la mesa de negociación.
Pero, desde el primer encuentro, el 30 de noviembre de 1981, se han presentado enormes dificultades. Y no sólo porque los europeos fueron excluidos clamorosamente de las negociaciones sino porque las tratativas de Ginebra se convirtieron en un juego político en el que los Estados Unidos y la Unión Soviética miden su poder de influencia. De esta manera los europeos, que debido a la iniciativa del primer ministro socialdemócrata alemán Helmut Schmidt se ofrecieron a discutir la cuestión del armamento para "colmar en el teatro europeo los desequilibrios este-oeste desde el punto de vista convencional y táctico" se encontraron nada menos que excluidos del negociado y en el rol de víctimas potenciales de un holocausto nuclear.
Las acrobacias aritméticas sobre la cantidad y calidad de armas han llevado a las dos potencias a un impasse y hasta a la ruptura del diálogo, pues sus cuentas no coinciden. A las propuestas del bloque americano: Opción Cero (desmantelar los SS-20 y SS-40 soviéticos y no instalar Cruise y Pershing); Opción Intermedia (número de misiles americanos con una sola cabeza nuclear hasta igualar el número de las cabezas soviéticas), se contrapone la propuesta del bloque soviético: paridad, pero contando los misiles nucleares franceses e ingleses (162 según las cifras que se conocen), que los norteamericanos excluyen de sus cuentas dado que sobre ellos no ejercen ninguna autoridaa pues son, efectivamente, administrados autónomamente por cada país.
Cuando el 23 de noviembre del 83 la delegación soviética abandonó las negociaciones de Ginebra, la ruptura se formalizó. La razón dada por Moscú fue la instalación de las primeras baterías de misiles Cruise y Pershing sobre territorio europeo. La última propuesta de USA de crear un límite máximo para cada potencia (USA-URSS) de 420 cabezas nucleares no tuvo eco. Igualmente, la ruptura se dio en otros frentes de la negociación sobre el control de los armamentos, en el frente nuclear en el llamado "teatro europeo" (INF) como también en el convencional (MBFR) y estratégico, misiles intercontinentales (START).
En Viena, las negociaciones para reducir el número de soldados de 700 mil en hombres de tierra y 900 mil en total para cada una de las partes, ha conducido al retiro de sólo 20 mil soldados soviéticos contra 13 mil norteamericanos, aunque los europeos recalquen que verificar tales medidas sea bastante difícil.
Una señal positiva puede ser la próxima reunión en Ginebra de los dos cancilleres. Shultz y Gromyko se encontrarán con seguridad el 7-8 de enero del 85. Soviéticos y norteamericanos tienen objetivos distintos. Se dice que los norteamericanos se presentarán con una propuesta: "negociaciones sombrilla", una fórmula para repasar todos los arsenales incluyendo los arsenales anti-satélites (ASAT), capaces de destruir los misiles nucleares enemigos con una descarga de rayos laser, y también abrir la discusión sobre los proyectos norteamericanos de desarrollo de un sistema de defensa espacial, (SDI), proyectos que preocupan a los soviéticos al punto que los han llevado a la mesa de negociaciones después de más de un año de ruptura. "La militarización del espacio" y "la guerra espacial" es un tema que interesa enormemente a Moscú porque implicaría una carrera armamentista a un costo tan elevado y con una técnica tan especializada que sólo las dos potencias pueden realizar y que costaría a la URSS enormes sacrificios económicos.
Washington, por su parte, ha invertido en el campo de la investigación de armas espaciales millones de dólares y la administración Reagan se presenta, ante la opinión pública europea, indecisa ante la alternativa de ceder en la negocación sobre proyectos espaciales, los cuales el Pentágono define "de incalculable valor estratégico", o seguir la teoría de Shultz y del Departamento de Estado quienes están dispuestos a negociar su efectiva producción. Por otro lado, los rusos, concretamente Mikhail Gorvachev, el líder más joven y número dos del Kremlin, en su reciente visita a Londres a finales del 84, dio a entender que propondrán fuertes reducciones de sus arsenales nucleares a condición de que USA renuncie a la carrera armamentista espacial.
Ginebra se presenta, pues, como una cita incierta. Es que la preocupación y la peligrosidad de la guerra espacial la conviven todos, los europeos, la Thatcher, Mitterrand, Kohl, es decir los aliados más grandes de los Estados Unidos. Preocupados o no, los europeos contemplan impotentes el enfrentamiento entre las dos potencias, que se juega en su territorio y sin dudas en su espacio. Casi como un ajedrez en que los jugadores no tienen en cuenta el tablero en que se juega y ni el aire que se respira. Un aniversario para la paz bastante triste.

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