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| 6/7/2011 12:00:00 AM

Claves para entender qué significa la elección de Humala en Perú

Los peruanos votaron por candidatos, no por programas; los partidos no convocan a la ciudadanía y estar cerca de Chávez no da réditos políticos. Estas son algunas de las lecciones que deja la elección presidencial.

Perú tiene nuevo presidente y, contrariamente a lo que suponía la opinión pública en las últimas semanas, es el militar retirado Ollanta Humala. En una región donde los apellidos en el poder parecen variar poco y los líderes del pasado siempre están vigentes, este domingo los peruanos le apostaron al cambio.
 
Como lo hicieron en 2006, cuando Humala pasó a la segunda vuelta y perdió por un margen escaso de votos frente al actual presidente Alan García, los peruanos volvieron a apostar por el exmilitar.
 
No obstante, una gran porción del electorado le dio nuevamente su apoyo, a la familia Fujimori, como si se tratara de un deja vu. En 1990 Alberto Fujimori fue electo presidente de la República, en 1995 logró reelegirse en el cargo y en el 2000 se consagró como mandatario por tercera vez. En 2006 su hija Keiko fue electa congresista con la votación más alta y cinco años después, en abril pasado, otro de sus hijos, Kenji, logró su pase al Congreso nuevamente con la votación más alta de las elecciones legislativas. En el mismo mes de abril, Keiko clasificó para la segunda vuelta y el pasado 5 de junio cultivó casi el 50 por ciento de la votación.
 
El país se dividió y los resultados electorales lo demuestran. Las elecciones fueron, en efecto, tan reñidas como se esperaba y los candidatos se repartieron victorias a lo largo y ancho del país. Mientras a Keiko le fue muy bien en Lima y la costa, Humala recibió un apoyo masivo en el sur, el centro y la selva.
 
Las encuestas y la campaña
 
Algo que los especialistas y consultores han repetido hasta la saciedad es que esta elección fue de las más reñidas de la historia reciente del Perú. En la segunda vuelta la diferencia entre uno y otro candidato estuvo, pocas veces, por encima del margen de error, lo cual volvió muy complicado predecir con certeza quién se consagraría ganador.
 
Una semana antes de las elecciones, la diferencia que presentaban la variedad de encuestas realizadas le daba a Fujimori una superioridad muy pequeña sobre Humala, aunque algunos sectores planteaban que existía la posibilidad de que hubiera un “voto oculto” que no estaba manifestándose en las cifras que presentaban las encuestadoras. 
 
Las cosas no cambiaron en segunda vuelta. A diferencia de lo que sucedió en elecciones reñidas como las de 1990 en que Alberto Fujimori y Mario Vargas Llosa se enfrentaron en la segunda vuelta, o en 2006 cuando lo hicieron Alan García y Ollanta Humala, las elecciones de este domingo no cambiaron el orden de preferencias respecto a la primera vuelta. En la primera instancia electoral Keiko se había ubicado en segundo lugar, lo cual se repitió en la segunda.
 
La campaña se centró sobre la idea de continuidad contra el cambio. Por un lado, la continuidad reflejada en el discurso y temas planteados por Fujimori, y el cambio, en la figura y los diferentes planes de gobierno –fueron cuatro– que defendió Humala. Éste último le apostó a la necesidad de dar un giro en diferentes aspectos, sobre todo al modelo de desarrollo vigente.
 
En ese sentido, la campaña para esta segunda vuelta no profundizó en propuestas y debates de contenido, sino en dos cuestiones. La primera, la posibilidad de que Keiko Fujimori indultara a su padre en caso de llegar a la Presidencia y el fantasma de los años de autoritarismo que representó su padre. Había una impresión compartida entre analistas sobre lo dependiente que fue la candidata de la figura de su padre, como de líderes históricos del fujimorismo que fungieron como ministros u ocuparon cargos de alto rango.
 
El segundo, que Humala fuera un títere de Chávez y gobernara con ideas similares del socialismo venezolano. Humala rectificó respecto a su anterior campaña –entre otras cosas, gracias a la contratación de asesores de la campaña del expresidente Lula– y pasó casi toda la segunda vuelta marcando distancia frente a Chávez.
 
¿Quién estaba con quién?
 
Si hay algo que quedó en claro es que la campaña para la segunda vuelta no dejó a nadie sin tomar partido. Tanto el presidente como diferentes sectores de la sociedad se pronunciaron, a favor de uno u otro. El premio Nobel y excandidato presidencial, Mario Vargas Llosa, respaldó a Humala, después de haber dicho que decidir entre los dos candidatos era como hacerlo entre “el sida y el cáncer”, el escritor expuso con firmeza diferentes razones por las cuales prefería pensar en un gobierno de Humala y no en uno de la hija de su antiguo rival por la Presidencia, Fujimori. Además, un gran sector de intelectuales peruanos expresaron públicamente su rechazo a la candidatura de Fujimori.
 
Entre los candidatos presidenciales a la primera vuelta de este proceso electoral, Toledo apoyó a Humala, mientras que Kuckzinsky y Castañeda apoyaron a Fujimori. Diferentes personalidades del mundo político como Mercedes Aráoz, exministra de economía, también apoyaron a Keiko.
 
Respecto al papel de los medios de comunicación, se los ha acusado en repetidas oportunidades de favorecer a la candidata de Fuerza 2011, incriminaciones que llevaron a que Mario Vargas Llosa se pronunciara al respecto públicamente y decidiera dejar de publicar su habitual columna en el diario El Comercio, uno de los de mayor tirada nacional. Las acusaciones señalaban al medio de hacer parte de una campaña negativa contra el candidato nacionalista.

La incertidumbre
 
Hacer proyecciones sobre cómo puede ser el gobierno de Ollanta Humala parece una tarea imposible. Esto se debe en parte a que poco se debatió sobre propuestas y porque éstas han sido relativamente vagas y cambiantes.
 
No obstante, estas elecciones dejen algunas pistas sobre la situación política del Perú:
 
1) Los partidos políticos siguen en crisis. No tienen líderes fuertes que seduzcan a los ciudadanos. En el caso de APRA ni siquiera valió el haber estado en el gobierno cuatro años.

2) La política es de candidatos, no de propuestas. En la campaña el tema más discutido fue el pasado de cada uno.
 
3) En el contexto regional Chávez se ha convertido en un “espantavotos”. Esto lo tuvo muy claro Humala que hizo todo lo que pudo por despegarse de la figura del mandatario venezolano en esta su segunda campaña presidencial.
 
4) Los peruanos apostaron por el cambio, pero un cambio moderado. Si bien se percibe un descontento generalizado con las políticas del gobierno de Alan García, Humala ganó con un discurso moderado interpretando que los peruanos no esperan dar un giro de 180 grados.
 
5) En un país donde la volatilidad del voto es altísima y los partidos nacen y mueren de elección en elección, Ollanta Humala, como otros líderes regionales (Rafael Correa, Álvaro Uribe o Evo Morales) encontraron un espacio por fuera de los partidos tradicionales y, con discursos que lograron que el electorado los viera como el cambio deseable –con los matices ideológicos correspondientes– convencieron al electorado y se consagraron presidentes.
 
6) La elección de Humala refrenda la tradición que comenzó en los noventa con grandes votaciones para líderes no partidistas. Nuevamente queda demostrado que los outsiders políticos tienen un espacio en la política peruana, en la medida que los partidos tradicionales lo han cedido.
 
No obstante, el nuevo gobierno cuenta con un bloque legislativo grande pero no tiene la mayoría, y debe hacer alianzas. La alianza con Perú Posible, el partido del expresidente Alejandro Toledo, será determinante para garantizar la gobernabilidad.
 
* Margarita Batlle es docente-investigadora, de la facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.
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