Martes, 2 de septiembre de 2014

Clinton otra vez

| 1994/01/24 00:00

Clinton otra vez

El TLC convierte de nuevo a Clinton en el personaje del año y hace olvidar su desastroso manejo de la política exterior. Además, imágenes de las noticias del mundo en 1993 .

EL PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS, BILL Clinton, tuvo un año de altibajos, porque su gobierno no logró delinear un plan para el manejo de los temas políticos internacionales. Pero la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC, igualmente conocido como NAFTA, por sus iniciales en inglés) lo convirtió de nuevo en el personaje internacional del año.
Después de una batalla sin precedentes en la Cámara de Representantes, Clinton logró hacer pasar ese instrumento que convertirá a América del Norte (Canadá, México y Estados Unidos) en un solo mercado de 370 millones de personas. La importancia del hecho está en que se sentaron las bases no sólo para la integración de todo el continente americano, sino para la liberalización mundial del comercio. Es un hecho que la exitosa culminación de la ronda Uruguay del Gatt (Acuerdo General de Comercio y Tarifas) fue posible gracias a la seña otorgada desde Washington, México y Ottawa.
Bill Clinton heredó el TLC de su antecesor, George Bush, pero adoptó la causa como uno de los temas centrales de su presidencia. Lo cierto es que en julio nadie apostaba un centavo por la aprobación del TLC en la Cámara, donde uno de cada tres representantes de su propio partido, el Demócrata, habían dicho que votarían en contra. Clinton no sólo convenció personalmente a muchos representantes, sino que decidió jugar una apuesta que le hubiera podido costar muy cara: a pocos días del debate crucial, permitió que el vicepresidente, Al Gore, se enfrentara en un debate televisado con el archienemigo del Tratado, el multimillonario populista Ross Perot.
Gore apabulló a Perot, pero muchos votos tuvieron que ser conseguidos mediante acuerdos adicionales que desvirtuaron en parte las bondades de la integración. Clinton debió aceptar el establecimiento de barreras proteccionistas, entre otros muchos pactos, para los productores de maní, trigo y jugo de naranja, lo que significa que el comercio no será tan libre como se pensaba. Pero cayeron muchas más barreras de las que se crearon.
El TLC puso a Clinton en la categoría de estadista, junto con la exitosa gestión que concluyó con la firma del principio de acuerdo de paz entre Israel y la Organización para la Iiberación de Palestina (OLP). Si su balance es ampliamente positivo, es porque cayó una cortina de humo sobre los errores y titubeos del juvenil Presidente en algunos temas domésticos e internacionales. En lo interno, sufrió una temprana derrota en el Congreso sobre un paquete de estímulos económicos y debió hacer una transacción sobre el tema de los homosexuales en las Fuerzas Armadas. Eso, y el retiro de la candidatura de una activista negra para un puesto clave de derechos cívicos, mostraron un Presidente débil y poco comprometido con su retórica liberal. En lo externo, luego de prometer la intervención militar en Bosnia, dio marcha atrás ante el rechazo de Europa Occidental y sus propios asesores militares. También retrocedió en su programa de "multilateralismo intenso" que buscaba una mayor participación estadounidense en las misiones de la ONU, cuando esa actitud fue caracterizada como una cesión de soberanía hacia ese organismo. Tal actitud se reflejó en los desastres de Somalia, donde en octubre pasado murieron 12 soldados estadounidenses en un país al que supuestamente iban a librar de la hambruna, y de Haití, donde un puñado de pistoleros evitó que desembarcara el Ejército más poderoso del mundo.
Pero Clinton apostó al comercio y ganó. Pocos días después de la aprobación del Tratado, se reunió en Seattle (Estados Unidos) con los líderes más importantes del Asia, en un paso muy importante para promover la integración de la Cuenca del Pacífico. Se trató de una reunión sin precedentes en un área que tradicionalmente ha sido esquiva para Washington. Sin embargo, Clinton está dispuesto a todo por recuperar la supremacía comercial de su país. Allí están sus prioridades

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