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| 4/28/1986 12:00:00 AM

COHABITACION CON UN BULDOZER

Se inicia el cogobierno de izquierda y derecha tras las elecciones legislativas

"La nueva mayoría es débil, pero existe". Con esta frase a lo Descartes, el presidente Francois Mitterrand resumió el resultado de las elecciones legislativas del 16 de marzo y anunció el nombramiento de un nuevo Primer Ministro procedente de las filas de las organizaciones que habían resultado vencedoras 24 horas antes. Acababan de pasar los comicios más importantes de los últimos cinco años en Francia.
No sólo se trataba de designar los 577 diputados para la Asamblea Nacional, pieza fundamental del Poder Legislativo, ni de elegir los cuerpos colegiados regionales, ni de estrenar una nueva ley electoral basada en la proporcionalidad. Se trataba, más bien, de ajustar cuentas con los cinco años de administración, de saber si por primera vez en la V República, fundada por el general De Gaulle hace 28 años, se daría la anomalía de tener un Presidente de izquierda con un Primer Ministro de derecha, de constatar -como aseguraban los encuestadores- si el electorado le daría la espalda al "experimento" socialista.
El "golpe de milimetría" del electorado-expresión acuñada por Serge July, director del diario Liberation- consistió en la formación de dos polos políticos: uno conservador, levemente mayoritario, y otro socialista, cada uno flanqueado por dos formaciones "de extrema" de igual tamaño: el Frente Nacional de JeanMarie Le Pen, y el Partido Comunista francés.
El significado político de estos guarismos es claro: la derecha coaligada, que había prometido obtener una cómoda victoria, se convierte en mayoría sólo por un margen reducido, mientras que el partido de Mitterrand, aunque pierde el control del gobierno y del Parlamento, emerge como el mayor de Francia y como el núcleo individual más fuerte de la Asamblea .
El gran perdedor ha sido, sin duda, el PCF, conducido por Georges Marchais, pues ha vuelto a los resultados de los años veinte. Su bajón es claro si se sabe que en los comicios para el Parlamento Europeo obtuvo un 11.2% y para las cantonales del año pasado un 12.6%. Triunfador, por el contrario, ha sido el movimiento de Le Pen, el cual tendrá por primera vez representación parlamentaria y se instala sólidamente en el escenario político francés. Los ecologistas, al obtener sólo un 1.21% de los votos, no lograron ningún escaño.
La innovacion introducida esta vez fue la de las proporcionales.
Lo que surgió fue la "cohabitación". Mitterrand nombró a Jacques Chirac, alcalde de París y líder indiscutido del RPR -el partido más fuerte de la coalición de derecha- no sin antes negociar con éste algunas cosas.
En materia de defensa y de relaciones exteriores no podía haber desacuerdos entre los dos altos funcionarios, planteó el Presidente. Tampoco podría tratar el Primer Ministro de arrasar con la obra social del gobierno, pues los resultados electorales no autorizaban a la derecha para hacer tal cosa. Tampoco se podría nombrar ministros a aquellos políticos que habían ofendido personalmente al jefe del Estado durante la campaña electoral. Chirac, luego de consultar con sus aliados, aceptó. Su gabinete es el resultado de tal acuerdo.
Esto no impedirá que la nueva administración realice reformas económicas de trascendencia. Se supone que entre las primeras medidas estará la declaratoria de libertad de precios (lo que podría relanzar la inflación, reducida notablemente por los socialistas), el levantamiento del control de cambios y la desnacionalización de algunas empresas industriales y financieras.
¿Durará esta "cohabitación"? El 61% de los franceses, según los sondeos, está a favor de que esta vía sea mantenida. No obstante, un 34% cree que la coexistencia pacífica entre Mitterrand y Chirac fracasará. Todo está por verse. Chirac, un hombre de 1.90 de estatura, que se convirtió en líder gaullista bajo la sombra del presidente Georges Pompidou (éste lo llamaba "mi buldozer" político) no es hombre mediocre. Con grandes dotes de administrador y un aguzado olfato político, Chirac fue descrito por un observador como un "pura sangre que galopa hacia el Elíseo" (la Presidencia de la República). Pero tendrá que vérselas con Mitterrand, un habilisimo político que no le dará tregua para que se catapulte hacia la Presidencia de la República desde ese cargo. Mitterrand al fin y al cabo aspira a la reelección en 1988. Pero en este altísimo juego de poker hay mucho terreno por delante.
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