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| 3/23/2011 12:00:00 AM

Colombianos en Japón: los que llegaron y los que se quedaron

Pasada la medianoche del martes, 139 colombianos llegaron a Bogotá provenientes de Japón. Así fue su llegada y así es la realidad que viven dos colombianas que se quedaron en ese país.

Pasada la media noche del martes, un avión de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) aterrizó en la base militar CATAM de Bogotá. Trajo de Japón a 139 colombianos y a 24 chilenos. Nervios, crisis emocionales y una falsa alarma de parto fueron algunos de los inconvenientes que presentaron estas personas durante las 20 horas de vuelo.
 
La mayoría de los colombianos que aterrizaron en Bogotá nacieron en el Valle del Cauca y llevan varios años en el país nipón, en donde tienen su vida y a sus familias.
 
“Algunos venían muy tristes por dejar a sus esposos o esposas. Algunos nos contaron que estaban asustados por la contaminación del agua y los alimentos”, narró Manuel Villamizar, director del Centro Regulador de Urgencias y Emergencias de Bogotá (CRUE), quien junto con su equipo hizo la atención psicológica para analizar el estado mental de estas personas luego de terremoto.
 
Cincuenta de los pasajeros eran niños, situación que sorprendió a quienes los esperaban en Bogotá. “La mayoría hablaban tres idiomas y venían con juegos y aparatos con una tecnología que no se ve acá”, dijo con sorpresa uno de los presentes.
 
Todos los viajeros fueron trasladados al Hospital Militar, en donde fueron sometidos a estrictos exámenes médicos para verificar si presentaban algún nivel de radiación por causa de la fuga nuclear que vive Japón. Uno de los menores de edad fue trasladado al Hospital Simón Bolívar, en donde se recupera de un fuerte dolor abdominal.
 
Laura Carvajal, una colombiana con 37 semanas de gestación, y su esposo, John Valderrama, también presentaron problemas de salud. “Mientras ella tenía un parto falso en el avión, su pareja padecía de un fuerte dolor en la espalda, asociado con cálculos renales”, agregó el coordinador del CRU.
 
En Seattle, Estados Unidos, donde el avión hizo una parada técnica, la futura madre fue atendida y estabilizada para continuar con el viaje. Está fuera de peligro.
 
Se estima que hay 1.820 colombianos registrados en el consultado en Tokio, Japón. De ellos, 550 expresaron su deseo de abandonar el país nipón, pero finalmente 250 confirmaron su intención de hacerlo. De estos, 139 ya están en Bogotá y se espera que otros 115 lleguen este miércoles a Caracas (Venezuela), también procedentes de Japón, en un avión de la fuerza aérea venezolana.
 
Pero son múltiples y contradictorias las experiencias de los colombianos que vivieron el fuerte temblor del pasado 11 de marzo, el posterior tsunami y la emergencia nuclear. 139 están en Colombia con sus familias, de manera temporal o definitiva, otros se quedaron y unos más no han podido salir de la isla.

“Me quiero ir de aquí”

Francy Quicuchi está casada con un ciudadano japonés, tiene dos hijas y vive en Sendai, una de las poblaciones que quedaron devastadas por el terremoto y posterior tsunami. A través de La FM Radio, esta colombiana pidió a la Embajada de Colombia ayuda para salir del lugar con su familia.
 
“Estamos pasando por algo muy duro. Estoy desesperada, no tenemos agua, gas ni alimentos. Los pocos supermercados que había se los llevó el tsunami. (...) Mis hijas se me lanzan encima cada vez que tiembla, porque acá tiembla todos los días. No quiero ver más esto, estamos traumatizados”, contó.
 
Quicuchi narró que la embajada no ha cumplido lo que le prometió. “Me dijeron que sería la primera en montarme en el vuelo que salía, que iban a venir por mí como fuera. Soy una damnificada, y aquí hay que hacer cuatro horas de fila para recibir alimentos o para comprar, pero ya es poco lo que queda”, dijo.
 
“Me quedo por mi familia”
 
Azucena Parra era una de la pasajeras del avión que llegó pasada la medianoche del martes. Estando en el avión, con su pequeño hijo, desistió de viajar hacia Colombia: su hija de 17 años no quiso acompañarla; eso la obligó a quedarse.
 
“Ella va al colegio y todos sus compañeros van a estudiar. Ella no quiere dejarse ver como la cobarde que se va mientras todas las niñas de su salón asisten a clases. Me alcancé a subir al avión, pero dejarla a ella en Japón en estas circunstancias no es lógico”, contó a través de La FM Radio.
 
La falta de comida en algunas zonas, así como la contaminación del agua, preocupan a Azucena quien ahora piensa en dónde vivir. “Mi esposo trabaja en Fukuoka, que queda más al sur, donde no hay tanto problema, pero hay tanta gente que pronto empezará la escasez de comida”, contó.
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