Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1994/12/19 00:00

COMO DOS GOTAS DE AGUA

Los presidentes Menem y Fujimori tienen tanto en común que parecen cortados por la misma tijera.

COMO DOS GOTAS DE AGUA

CUAND0 EL PRESIDENTE de Argentina, Carlos Saul Menem, visitó a su colega peruano, Alberto Fujimori, en Lima, muchos se impresionaron por la similitud que ofrecían esos dos hombres de la misma escasa estatura, vestidos con trajes cruzados de igual estilo y adornados por la misma sonrisa del buen negocio. Los espectadores más suspicaces, sin embargo, notaron que la similitud va mucho más allá de las apariencias externas. Porque, cuando se mira con detenimiento, el paralelismo entre Menem y Fujimori esta en los límites de lo increíble.

Para empezar, ninguno de sus apellidos tiene antecedentes en sus respectivos países, pues ambos son hijos de inmigrantes. Fujimori pertenece a una familia de nissei, esto es, de japoneses expatriados, que en su caso resolvieron buscar fortuna en Perú en los años 30, una época que parece extremadamente remota si se tiene en cuenta que en ese entonces había japoneses tan pobres que era favorable para ellos venirse al Perú. Menem es hijo de una familia sirio-libanesa, de las que llegaron al Nuevo Mundo bajo la bandera y con pasaportes del imperio otomano y, por tanto, bajo el remoquete de turcos, sin serlo realmente.

Su entrada a la política tiene características bien diferentes, pues Menem la practicó desde su juventud más temprana en su provincia de La Rioja, mientras Fujimori sólo se incorporó en 1989, un año antes de ser elegido presidente. Pero ambos llegaron al poder con plataformas de carácter populista. Fujimori combatió la candidatura 'blanca' del escritor Mario Vargas Llosa apoyado en la identificación racial del peruano raso con sus rasgos orientales, y sobre la base de una posición 'antipolítica' de ofrecimientos sociales sin programa económico definido. Menem, por su parte, barrió al radical Eduardo Angeloz basado en la recuperación de los valores del justicialismo (peronismo), como la justicia social y la soberanía económica.

Tanto Perú como Argentina fueron testigos de que, al menos en estos casos, quien ganó como candidato no es necesariamente quien asume como presidente. Una vez en el poder ambos lanzaron a sus respectivos países a una carrera por la privatización y la apertura económica, y ambos tuvieron éxito en bajar la inflación a un dígito y poner el crecimiento de sus economías alrededor del 7 por ciento en promedio, si bien el resultado es cuestionado desde el punto de vista social.

Esos éxitos en el frente económico les han representado altas cuotas de popularidad, que en el caso de Fujimori se apoyan en los triunfos antisubversivos, como la captura del jefe terrorista Abimael Guzmán, y en el de Menem en el exitoso manejo de las secuelas de intentos contra su antecesor, Raúl Alfonsín, por parte de militares ultranacionalistas. Apoyados en las encuestas, ambos han sucumbido a la máxima tentación que ofrece el poder: más poder. En cuanto a Fujimori, eso se dio, primero, en el autogolpe del 5 de abril de 1992, y luego en la reforma constitucional que le permitirá aspirar a la reelección. En cuanto a Menem, el 22 de agosto entró en vigencia una nueva Carta que abrió la misma posibilidad. Y en ambos casos sus ilusiones son muy sólidas, porque en Perú el más probable contendor del nissei (quien tiene 45 por ciento de intención de voto) será Javier Pérez de Cuéllar, el ex secretario general de la ONU más conocido en Nueva York que en El Callao. Y en Argentina el adversario a vencer sería Carlos 'Chacho' Alvarez, del nuevo Frente Grande, cruzado por discrepancias internas de tipo ideológico y muy débil para superar el 42.7 por ciento de popularidad de Menem.

Esas y muchas otras, como el éxito en la resolución de conflictos fronterizos con sus vecinos, son circunstancias que también hermanan a Menem y a Fujimori. Pero ninguna tan reconocida como el hecho de que ambos se separaron de sus esposas -ambas del mismo origen racial de sus maridos- en medio de escándalos palaciegos impensables en otros entornos.

En efecto, primero tuvieron que soportar los problemas familiares de las primeras damas: Susana Higuchi de Fujimori acusó a su familia política de robarse la ayuda japonesa para los peruanos pobres, mientras que la hermana de Zulema Yoma de Menem, Amira, se vió envuelta, mientras se desempeñaba como jefe de audiencias del Presidente, en un problema de lavado de narcodólares. Tanto en un caso como en el otro los presidentes cortaron por lo sano: en 1990, a un año de haber asumido el poder, Menem ordenó a su guardia impedir la entrada al palacio a su mujer. Susana Higuchi, por su lado, se marchó de la Casa de Gobierno en agosto pasado, y Fujimori la 'destituyó' como primera dama en retaliación por su anuncio (después fallido) de que se lanzaría a la Presidencia.

De ahí el comentario que hiciera en rueda de prensa la semana pasada, cuando le preguntaron a Menem que consejo le daría a Fujimori. Cualquiera que no tuviera que ver con temas familiares, fué su respuesta.-

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