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| 6/23/2011 12:00:00 AM

Cómo los yihadistas aprovechan la Primavera Árabe

En las cancillerías y agencias de inteligencia a ambos lados del Atlántico, las autoridades antiterroristas se preguntan una y otra vez: ¿es la llamada Primavera Árabe buena o mala para el terrorismo?

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BBC
Seis meses después, el panorama es mixto.

El colapso de los regímenes impopulares y antidemocráticos en Túnez y Egipto, sin duda, ha atenuado un importante reclamo de la población, pero ninguno de los países logra transitar sin problemas el camino hacia la democracia.

Y la agonía lenta de Yemen, Libia, Siria, y en cierta medida en Bahréin, donde los manifestantes expresan su enojo con sus gobernantes, revive el fantasma de la violencia a largo plazo.

Al-Qaeda y los yihadistas mundiales, que se quedaron fuera de la ola de protestas liberales, están buscando formas de sacarle provecho a la situación, mientras que Irán está adquiriendo un gran interés en los problemas de Bahréin.

¿Y qué pasa con las agencias de seguridad e inteligencia occidentales que a pesar de su desagrado establecieron vínculos con regímenes con escaso respeto hacia los derechos humanos? ¿Qué ha sido de esas relaciones? ¿Hay ahora una reacción violenta por parte de algunos ante este aparente apoyo occidental a sus ex gobernantes?

Yemen

En Medio Oriente, el país que más preocupa a los espías y los expertos antiterroristas es Yemen.

Desde hace tiempo alberga al movimiento al-Qaeda en la Península Arábiga, considerado el más peligroso de todos los vástagos regionales de la red, y su estructura de seguridad se ha venido deteriorando constantemente durante todo el año.

En la capital, Saná, este mes, los militantes tribales han estado librando batallas en las calles contra los soldados leales al presidente Ali Abdulá Saleh.

Con el presidente herido y fuera del país, hay una especie de tregua, pero en el sur de Yemen, al-Qaeda y sus afiliados están tratando de apoderarse de las ciudades y pueblos de un gobierno debilitado luego de meses de protestas populares y deserciones.

Para el embajador de Yemen en el Reino Unido, Abdulá al-Radhi, éstos representan una amenaza creciente.

"Al-Qaeda se aprovecha de la situación de Yemen y por supuesto que no puedo decir que estemos frente a un enemigo fácil. Se están volviendo cada vez más fuertes, especialmente después de la crisis que estamos viendo en Yemen.

"Los yemeníes sufren todos los días en Shabwa y Abyan luchando contra al-Qaeda. Si la comunidad internacional cierra los ojos, entonces se harán más fuertes", dice.

El Reino Unido está en alerta para evacuar a sus ciudadanos de Yemen si la situación se deteriora aún más. El hombre que lo tiene más difícil allí es el embajador en Saná, Jon Wilkes. Hablamos con él por teléfono.

Para Wilkes, el problema en Yemen y posiblemente en otros países árabes es que los procesos de transición podrían llevar a la inestabilidad, dándole "oportunidad a al-Qaeda y otros grupos extremistas para tomar ventaja, extender su influencia o consolidar su presencia.

"Pero en general creo que está bastante claro que lo que está ocurriendo en la Primavera Árabe es en realidad un rechazo a la ideología y los valores que al-Qaeda intenta propagar", agregó.

Eso puede ser verdad, pero no va a impedirles a los yihadistas tratar de aprovechar la confusión.

En Libia, se sospecha que entre los opositores al régimen de Muamar Gadafi hay elementos afines a al-Qaeda.

Desde hace años un gran número de libios salieron de la zona oriental del país, en torno a la ciudad de Derna, para abrazar la guerra santa en Irak y Afganistán, y es muy posible que dentro de un año algunos islamistas endurecidos acaben formando parte de un gobierno postGadafi.

Mientras tanto, al-Qaeda en el Magreb Islámico, rama de al-Qaeda en el sur de Argelia y el Sahara, ha estado buscando la manera de sacar provecho de los conflictos de Libia.

Los controles fronterizos débiles, los guardias desertores y el saqueo de armas podrían jugarles a favor, y Estados Unidos tiene especial interés en mantener el arsenal libio de gas mostaza y misiles de tierra-aire portátiles lejos de las manos de los terroristas.

"Falsa narrativa"

En Egipto, la euforia provocada por la salida del presidente Hosni Mubarak en febrero hace tiempo que se evaporó. El colapso de su aparato de seguridad que todo lo penetraba, el temido Amn Al-Dawla, acarreó un aumento del extremismo religioso.

La semana pasada, el arzobispo de Canterbury, el principal líder de la iglesia anglicana en el Reino Unido, manifestó preocupación por los siete millones de cristianos que se estima que viven en Egipto después de que hubiera ataques a iglesias y culpó al ala dura de los salafistas islámicos.

El nuevo sucesor de Osama bin Laden al frente de al-Qaeda, Ayman al-Zawahiri, es un egipcio cuyas doctrinas se forjaron por primera vez en la Hermandad Musulmana de Egipto, después en celdas de cárceles de Mubarak y más tarde junto a Bin Laden en Pakistán y Afganistán. Hay una cierta especulación sobre si ahora va a desviar la atención de al-Qaeda hacia su patria.

Mientras tanto, los gobiernos occidentales, que le dieron una cautelosa bienvenida a la Primavera Árabe, están teniendo que reconstruir algunos de sus vínculos de seguridad con un Medio Oriente en permanente movimiento.

Después de no haber sabido ver que se avecinaba la Primavera Árabe, al menos su velocidad y fuerza, ¿será que su red de inteligencia en toda la región está en ruinas?

No, respondió rotundamente un analista consultado por la BBC. Se trata de la rapidez y la eficacia para adaptarse a las nuevas circunstancias, se trata de encontrar un terreno común con los nuevos socios y de moverse acorde a los tiempos, agrega.

Pero mientras Medio Oriente se adapta a las nuevas realidades, es poco probable que muchos de sus ciudadanos se olviden rápidamente de los vínculos entre los gobiernos occidentales y sus antiguos opresores.

Nabila Ramdani, de la London School of Economics (LSE), ha estado siguiendo las idas y venidas de la Primavera Árabe desde sus inicios.

"Creo que la relación de Occidente con los autócratas como el presidente Saleh de Yemen y el presidente Mubarak en Egipto le hizo una gran contribución al terrorismo internacional.

"El engaño reside en que creer que las únicas opciones son dictadores y relativa estabilidad, o al-Qaeda y la yihad global. La idea general era que los dictadores estaban trabajando codo a codo con los estadounidenses para lograr la paz y la estabilidad y librar la llamada guerra contra el terror", dijo.

"Sin embargo, esta narrativa es, por supuesto, falsa, sobre todo porque niega la democracia, y peor aún, fomenta el terrorismo", señala.

Seis meses después, la Primavera Árabe todavía tiene un largo camino por recorrer.

Las relaciones entre los países se están reacomodando y sin duda hay riesgos -en el corto plazo- de un aumento de la violencia.

Pero más allá de los errores de Occidente en el pasado, probablemente sea la democracia, cuando finalmente llegue, el antídoto más eficaz contra el flagelo del terrorismo en Medio Oriente.

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