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| 7/3/1989 12:00:00 AM

CON LOS CRESPOS HECHOS

Los disturbios estudiantiles podrían terminar en un retroceso político.

La rebelión de los jóvenes dio paso a la batalla de los ancianos. Palabras más, palabras menos, esa era la idea que predominaba entre los observadores internacionales al final de la semana pasada, mientras las manifestaciones de los estudiantes chinos languidecían a ojos vistas. El foco de la atención internacional pasó al seno del buró político del Partido Comunista, en el que un puñado de viejos dirigentes luchaba, en una complicada red de intrigas cortesanas, por monopolizar el poder sobre mil millones de personas.

El vencedor aparente de esa lucha es el viejo patriarca Deng Xiao Ping, quien a los 84 años mantiene el control de los hilos del poder desde un puesto secundario. Sin embargo, tras eliminar a Zhao Zhi Yang --quien paradójicamente pasó de ser su protegido a ser su principal adversario--, aún persisten las amenazas contra el poder de Deng, pero no de parte de quienes como Zhao quisieran añadir reformas políticas a las económicas, sino del extremo contrario, el de los comunistas ultraconservadores que ven en las reformas introducidas por Deng, hace una década, una disminución del poder del partido.

Amenazado su poder por todos los flancos, Deng debe ahora buscar un sucesor a Zhao en la secretaría del PC, e iniciar, según lo manifestado por él mismo, el camino del retiro, el cual prometió tomar desde 1984 cuando renunció al cargo de Primer Ministro.
Esa renuencia a dejar el mando podría significar, según algunos observadores, una mancha en el papel histórico de Deng, quien por cuenta de sus reformas económicas hubiera podido pasar a la historia como uno de los líderes máximos de la China.
Hoy, sin embargo, podría quedar en el recuerdo de su país como otro dirigente aferrado a su poder en la ancianidad.

Esa misma incapacidad para dar paso a nuevas generaciones fue uno de los detonantes de las manifestaciones estudiantiles, que buscaban mayor apertura política. Pero el resultado de esas manifestaciones de nuevo parece confirmar la tendencia a dar un paso adelante y dos atrás, que prevalece en la historia china desde los años 50. Para remplazar a Zhao, Deng sólo parece tener al actual primer ministro Li Peng, quien a su turno no esconde demasiado su simpatía por "la banda de los ancianos", quienes bendecirían un retorno a la economía centralizada.

Por eso, hoy se opina que los grandes vencidos de la jornada son los estudiantes, que en busca de mayor apertura podrian haber desencadenado un fuerte retroceso. Como dijo alguien, los chinos se quedaron "sin el pan y sin el queso". -
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