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| 10/22/1990 12:00:00 AM

CONTEO REGRESIVO

Mientras se acerca la hora cero, muchos critican los aportes occidentales a la máquina de guerra de Irak.

Al final de la semana pasada, los últimos aviones que evacuaban mujeres y niños occidentales de Kuwait e Irak salieron con rumbo a aeropuertos europeos, mientras las posiciones cada vez más inflexibles de lado y lado, y la acumulación de fuerzas, habían pensado que todo estaba listo para que comenzara la orgía de sangre.

Entre tanto, la semana estuvo marcada por algunas incidencias previsibles y otras inesperadas. Dentro de la primera categoría, la expulsión mutua de agregados militares luego de que las tropas iraquíes atacaran las sedes diplomáticas de algunos países europeos en Kuwait, se sumó a la confiscación que hizo el gobierno de Bagdad de todas las propiedades occidentales en Irak y en su nueva "provincia" del sur. Una cosa y otra llevaron a que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas estudiara la ampliación del bloqueo a Irak de las operaciones aereas, que serían casi con toda seguridad restringidas a vuelos específicamente autorizados para fines humanitarios.

Si lo anterior parecía previsible dentro de la dinámica que se ha apoderado del golfo Pérsico, la destitución del general Michael Dugan, jefe del estado mayor conjunto norteamericano, cayó como una bomba. Dugan puso al descubierto, de modo oficial, lo que muchos ya comentaban "off the record". Esto es, que los planes militares de Estados Unidos van mucho mas alla de la defensa de las fronteras de Arabia Saudita. Dugan dijo al periódico norteamericano The Washington Post, que el Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos había concluido que la única opción para sacar a los iraquíes de Kuwait en forma rápida y "limpia" era lanzar bombardeos aéreos masivos sobre Bagdad, para "decapitar" el alto mando del país, incluidos Saddam Hussein, su familia y sus allegados.

Como era de esperarse, las declaraciones de Dugan propiciaron que el secretario de Defensa Dick Cheney anunciara su inmediata destitución, algo sin precedentes desde que en 1951 el general Douglas McArthur fuera expulsado por Harry Truman en medio de la guerra de Corea.

Las razones eran claras. No sólo Dugan había entregado una importante baza propagandística a Saddam Hussein, sino que se había planteado el asesinato de éste como estrategia militar. Por encima de todo, se había puesto en claro que Washington no creía en el bloqueo comercial como herramienta para devolverle la independencia a Kuwait.

Entre tanto, las presiones norteamericanas para extender la presencia extranjera en el golfo daban frutos importantes, como la decisión de los gobiernos de Polonia y Checoslovaquia, en el sentido de enviar contingentes "simbólicos", a la región, y el de Tokio, que se comprometió a aumentar su ayuda económica y a destacar eventualmente algunas tropas niponas, que se embarcarían en la primera empresa militar desde la derrota de 1945. En ese contexto, se presentó el anuncio -calificado en Buenos Aires de "rocambolesco" del presidente argentino Carlos Menem, quien ofreció también enviar algunas tropas a Arabia Saudita, aunque "no en plan beligerante".

CRIA CUERVOS...

Con la guerra a la vuelta de la esquina, los observadores intemacionales hacían cuentas sobre la procedencia de la poderosa maquinaria belica de Irak. Según prestigiosas fuentes como los anuarios del World Military and Social Expenditures de Washington, y del Institut fur political Wissenschaft de Hamburgo, el "nuevo Hitler" Saddam Hussein recibió sus impresionantes equipos belicos de manos norteamericanas, europeas y hasta latinoamericanas, en nombre de las sagradas leyes del mercado.

Lo mas increíble es que de los 102 mil millones de dólares que comprenden la deuda externa contraída por Irak para la compra de material de guerra, entre 30 y 60 mil millones fueron aportados a título de préstamo por sus enemigos de hoy, Kuwait, Emiratos Arabes Unidos y Arabia Saudita.

En el período comprendido entre 1971 y 1985, Irak fue el mayor importador de grandes sistemas de armamento en todo el Medio Oriente, y absorbió hasta el 8% de todas las exportaciones bélicas dirigidas al Tercer Mundo. Las entradas petroleras, con todo y sus cifras extraordinarias, no eran suficientes para garantizar la financiación de la escalada armamentista iraquí, que requería una inversión anual que oscilaba entre 6 mil y 8 mil millones de dólares sólo para el mantenimiento de la guerra contra Irán.

Pero en esa época Irak era el consentido de occidente, que tenía en Saddam al campeón de la lucha contra el fundamentalismo iraní. No sólo sus atrocidades le eran perdonadas, sino se le facilitaba todo tipo de ayuda financiera. No podía ser de otra forma, puesto que, por ejemplo, en 1983 Irak destinaba a sus gastos militares el 47.2% de su producto nacional bruto. En 1987, hasta 52 de cada 1000 iraquíes estaban empleados en alguna de las estructuras bélicas del país. Y al mismo tiempo, las rentas petroleras del país habían pasado de 20 mil millones de dólares antes de la guerra, a menos de 8 mil millones en 1986.

A los costos financieros, por supuesto, se sumaron los sociales. Saddam, que había prometido "cañones y mantequilla", vio como se deterioraba fuertemente el nivel de vida de su país, que paso del puesto 65 al 73 en el "ranking mundial". El gobierno de Bagdad desplegaba entre tanto la sistemática violación de los derechos humanos, los asesinatos oficiales y el genocidio de la minoría kurda. Pero ninguna de esas circunstancias levantaba la menor crítica de sus proveedores.

Por eso, no faltan quienes señalan que entre los 32 países que participaron en el proceso de armar a Irak, están todos los que se han alineado contra ese país en la crisis actual: Estados Unidos, Unión Soviética, Gran Bretaña, Italia, Francia, Austria, Brasil, Chile, China, Etiopía, Alemania Oriental y Occidental, Corea del Norte, Rumania, España, Suecia Suiza, Bélgica, Checoslovaquia, Egipto, Hungría, Jordania, Marruecos, Pakistán, Filipinas, Polonia, Portugal, Arabia Saudita, Sudan, Emiratos Arabes Unidos, Yugoslavia y, tambien, Kuwait.

De esos 32 países, 8 vendieron directamente armas a Irak durante el período de la guerra contra Iran (1980-1988) y 27 garantizaron ayuda de tipo económico y militar. Egipto en particular jugó un papel especialmente interesante, puesto que instaló un embrión de complejo industrial militar, el "Arab Organisation for Industrialisation," destinado a equipar a Irak mediante fondos provistos por Arabia Saudita. Por ese medio, a traves de la adquisición de productos con licencia o de la comercialización de piezas de repuesto de armas usadas u obsoletas, Egipto permitió a Irak atenuar los efectos del embargo de material bélico decretado por la ONU a los contendientes de esa guerra.

La Unión Soviética y Francia son, en términos de cantidad y calidad, los mayores proveedores de material bélico a Irak, que ya en 1981 compraba a la URSS el 55% de su presupuesto armanentista, mientras los franceses se encargaban del 22%, los egipcios del 5% y los brasileños de otro 5%. La deuda de Irak con los fabricantes franceses se estima en 5 mil millones de dólares que París garantizó, a su debido tiempo, a través de la apertura de líneas de crédito a las exportaciones.

Por otro lado, la industria química alemana y de otros países europeos está acusada de haber proporcionado el know how tecnológico necesario para la contrucción del arsenal de gases venenosos en Bagdad. El reciente anuncio saudita de que Irak está en capacidad de producir la bomba atómica, si bien no es aceptado universalmente, no resulta ninguna novedad. Ya desde finales de los años 70, los franceses se habían encargado de entregar el soporte científico necesario para la construcción de una central nuclear con uranio brasileño.

Al final de cuentas, Irak era y sigue siendo un cliente magnífico, embargos incluidos. Porque, como suele decirse, cuando el mundo está mal, los comerciantes de armas están muy, pero muy bien.


BABILONIA EN PELIGRO
No sólo los vivos caerían en la guerra que parece a punto de estallar en el golfo Pérsico. Otras víctimas serían los antiguos pobladores asirios y mesopotámicos, que protagonizaron los albores de la historia humana y cuyos vestigios culturales podrían perderse para siempre.

En efecto, pocos lugares del mundo están mas cargados de historia que los dominios de Hammurabi, Gilgamesh y sus contemporáneos, donde aparecieron la escritura y las primeras aproximaciones a la agricultura de que se tenga noticia. Se trata del valle del Tigris y el Eufrates, donde las ruinas de templos construidos con ladrillos de barro, y los "ziggurats", evocan ciudades que florecieron en los tiempos mas remotos: Babilonia, Ur, Uruk...

Las múltiples excavaciones que se llevaban a cabo se encontraban cerradas a la hora de la invasión, por la temporada veraniega. Eso libró a los arqueólogos de formar parte de los contingentes de rehenes occidentales presos en el país por Saddam Hussein.
Sin embargo, al contrario de la mayoria de los trabajadores occidentales, éstos quisieran nunca haber dejado sus preciados tesoros.
Pero no se trata sólo de los saqueos que han protagonizado los soldados iraquíes en Kuwait en el recientemente creado Museo Nacional, ni de los riesgos de destrucción que correrían excavaciones como la del templo de Gula -donde a 40 km de Bagdad los investigadores venían descubriendo los misterios de la religión babilónica-. Lo que más preocupa a la comunidad arqueológica es que la avalancha de odio antioccidental eche por tierra los esfuerzos conjuntos de varias decadas y cubra de nuevo esos vestigios bajo la arena del olvido.

PUENTE AEREO
Nadie podra decir que el conflicto del golfo Pérsico carecerá de record mundiales, aparte, claro está, de la antipatía occidental hacia Saddam Hussein. Pero un récord parece ya completamente confirmado. Se trata de la operación de rescate aéreo más grande de la historia, que afirma haber realizado ya la aerolínea oficial Air India. Según sus funcionarios, la operación masiva de transporte aéreo se completó cuando más de 50 mil refugiados asiáticos fueron evacuados de Irak en sólo cinco semanas.

Air India fue la primera línea aérea mundial que inició un puente aéreo desde Amman, en Jordania, y Dubai, en Emiratos Arabes Unidos, hacia Bombay en la India desde el 12 de junio, poco después del comienzo de la crisis.

VIVE LAS DIFFERENCE!
La crisis del golfo Pérsico es una nueva expresión de un antagonismo milenario entre la cultura occidental y la islámica.
Según los expertos, los distintos enfoques que se aprecian de lado y lado, resultan típicos de las diferencias entre dos formas de ver la vida.

Para el eminente sicólogo francés Daniel Sibony, Darle armas a Irak para luego compatirlo y organizar un poderoso ejército frente a el, para no combatirlo, parece ser el razonamiento incoherente que se desprende de la actitud occidental. Las declaraciones, dadas al diario parisino Liberation, explican que esa falta de coherencia tiene su origen en el conflicto entre la cultura occidental "imperfecta y abierta", frente a la islámica, perfecta y cerrada, El Islam representa un sistema cultural y afectivo que tiende a la perfección por su coherencia interna, que se encarga de manera absoluta del comportamiento de los individuos y de los pueblos que domina.
Esta misma perfeccion determina su gran tension interior y los conflictos que provoca frente a un mundo más elástico como el occidental.
Para el experto, A diferencia de Occidente , donde la identidad individual tiene connotaciones subjetivas, la identidad de una persona que reza dentro del Islam, se define por el simple hecho de pertenecer a esta religion, por haber nacido dentro de ella. Ello explicaría el fanatismo monolítico con que los iraquíes se enfrentan a la perspectiva de una guerra sanguinaria.
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