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| 3/14/1983 12:00:00 AM

"CONTRA LAS CUERDAS"

La insistencia de Eta-militar en continuar sus atentados es respondida con manifestaciones pro paz en el país vasco.

La movilización popular iniciada el 7 de febrero contra la violencia en el país vasco, mientras se enterraba a dos trabajadores víctimas de la organización separatista vasca Eta-militar, coloca a ésta "contra las cuerdas".
Todos los bancos y cajas de ahorro del país vasco cerraron sus puertas en señal de duelo y protesta por la muerte de Ramón Iturriendo y Aníbal Izquierdo, trabajadores del Banco de Vizcaya, de Bilbao, en cuyo interior estalló el sábado 5 de febrero una bomba colocada por la Eta-m.
A mediodía, una multitud rebosó la iglesia de San Vicente de esa ciudad, en la que se celebraron los funerales de las victimas, con la presencia del presidente vasco, Carlos Garaikoetxea, el delegado del gobierno central, Ramón Jáuregui y representantes de partidos políticos y organizaciones sindicales.
Los partidos mayoritarios, con excepción de la coalición "Herri Batasuna" (Unidad Popular, próxima a la Eta-m), convocaron una manifestación bajo el lema único de "Eta no, el pueblo unido por la paz".
Ese mismo día, en la mañana, una voz anónima telefoneó al banco y advirtió en nombre de la Eta-m, que en media hora iba a estallar una bomba por lo que debían desalojarlo. Minutos después se produjo el estallido, que provocó dos muertos y una decena de heridos, algunos de ellos graves.
La primera reacción de los dirigentes y simpatizantes de Herri Batasuna fue de incredulidad y confusión. "Eta cuando llama nunca dice Eta-militar sino Eta a secas", me dijeron. Los dirigentes del HB manifestaron su "dolor" por las victimas, pero se abstuvieron de hacer comentarios sobre la posible autoria, dando a entender que podia ser una provocación de ultraderecha. Después, una nueva llamada de la Eta-m, esta vez considerada auténtica por sus habituales destinatarios reconoció la autoría del atentado y añadió una serie de explicaciones, a la vez que esbozó una "autocrítica ".
La Eta-m afirmó que el artefacto constaba de dos dispositivos: uno de seguridad y otro de detonación. El primero "daba paso a la detonación pero retardando su funcionamiento en caso de abrir la maleta, y en treinta minutos en caso de moverla". La explosión sólo pudo ocurrir, prosiguió, "por la manipulación, haciendo caso omiso de nuestra llamada, o por irresponsabilidad de los servicios de seguridad del banco".
No obstante, la Eta dijo que esas explicaciones no son justificativas de su responsabilidad "ni son eximentes de un acto que tanto dolor y sufrimiento ha acarreado a la clase trabajadora y al pueblo vasco en general".
Finalmente dijeron: "Nos autocriticamos públicamente, solidarizándonos con el sentimiento que embarga, en estos momentos, a los familiares de los afectados en este lamentable suceso ".
Pero Garaikoetxea, designado presidente del gobierno autónomo después que su partido, el Nacionalista Vasco (PNV, de orientación social cristiana), ganó ampliamente las elecciones locales dijo que esa autocrítica "es muy relativa" ya que elude "una reflexión del significado de un atentato de esa envergadura". "Eta ya debe saber a estas alturas que si deja un maletín en un banco, con explosivos adentro, lo lógico es que un empleado pueda recogerlo o que un niño le dé una patada".
Un dirigente del nacionalismo vasco de izquierda, Javier Markiegui, de "Euskadiko Esquerra" (una coalición apoyada por la Eta politico-militar séptima asamblea, que renunció a la lucha armada), dijo que la autocritica carece de valor "si no va acompañada del compromiso de parar la dinámica de la guerra".
Por su parte, el máximo órgano de dirección del PNV emitió el 6 de febrero un comunicado condenando el atentado y su reivindicación. Al mismo tiempo, señaló que ese atentado hace más espinoso el deseo de negociar una paz en la región. Fuentes de ese partido dijeron a este corresponsal que su partido insistirá, pese al brutal atentado, en lograr la pacificación en el pais vasco. La Eta-m, que mantiene intacta su capacidad operativa, según lo comprueba la ola de atentados de las ultimas semanas, se encuentra acorralada ante la opinión pública a partir del cinco de febrero. Las manifestaciones del 7, la confusión entre los simpatizantes políticos de la Eta-m la presión de la prensa y de los partidos políticos y centrales sindicales claman contra la violencia. Las próximas semanas pueden ser decisivas para que renazca la débil esperanza de una negociación de paz, o para que la Etam deba enfrentarse a la represión en las condiciones más difíciles de su historia...
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