Sábado, 21 de enero de 2017

| 1988/02/15 00:00

COQUETEO DE OSOS

Si la URSS se retira de Afganistán, y Vietnam de Camboya, podrían abrazarse los gigantes comunistas

COQUETEO DE OSOS

Las cartas de los lectores que se quejan sobre el estado de las cosas, se han vuelto ya cotidianas en la prensa de la Unión Soviética. En particular, los corresponsales soviéticos se quejan cada vez más de la guerra de Afganistán.
Claro que las protestas no se comparan con aquellas que tuvieron lugar durante la época del Vietnam en Estados Unidos. No obstante, teniendo en cuenta el silencio tradicional en la URSS sobre temas "dolorosos" como éste, la situación ahora es llamativa. La explicación es sencilla. Aparte de los esfuerzos de apertura en la prensa, el tema de Afganistán se ha vuelto inocultable. Desde la entrada de las tropas soviéticas al país musulmán en diciembre de 1979, diferentes observadores estiman que unos 800 mil soldados del Ejército rojo han pasado por allí, incluyendo los 115 mil que se encuentran acampados hoy en día.
Pero eso no es todo. Las divisiones que han sido trasladadas al país afgano se han encontrado con una fiera resistencia armada por parte de los guerrilleros o muyaidines, que se oponen al régimen comunista de Kabul, la capital, y reciben ayuda en armas y en dinero de parte de los Estados Unidos. En total, fuentes occidentales estiman que las bajas soviéticas se ubican entre 12 mil y 18 mil hombres y las afganas -incluyendo civiles- llegan a, por lo menos, 1.2 millones de personas.
Sin embargo, esa pesadilla está pronta a terminar para la URSS, si las informaciones de la semana pasada se convierten en realidad. En un artículo publicado el lunes 11 en Pravda, el comentarista Vsevlod Ovchinikov sostuvo que la retirada del Ejército rojo podría comenzar el 1° de mayo próximo, siempre y cuando un acuerdo entre Pakistán y Afganistán se firme antes del 1° de marzo. El acuerdo en cuestión debe alcanzarse en Ginebra, Suiza, donde durante 5 años ambos países han estado discutiendo la manera de normalizar sus relaciones. Como es sabido, Pakistán aloja a unos 3 millones de refugiados afganos en su zona fronteriza y adicionalmente le da el apoyo necesario a los muyaidines. Para cambiar esa situación, el gobierno de Islamabad (que refleja el punto de vista de Washington) ha demandado un retiro de las tropas soviéticas y el establecimiento de un gobierno pluralista en Kabul.
Esas peticiones están ahora a punto de ser respondidas. Moscú ha dejado saber desde hace unos meses que intenta retirarse del terreno y al mismo tiempo ha presionado a su aliado para que introduzca reformas políticas.
La nueva actitud del Kremlin es tan sólo la reacción ante una guerra cuyo costo parecía mínimo en 1979. Con el correr del tiempo, Moscú se ha dado cuenta que su apoyo al régimen de Kabul se ha vuelto excesivamente costoso tanto en dinero como en vidas humanas, y que el tema es especialmente antipático para el ciudadano común y corriente. Esa impresión parece ser compartida por el premier soviético, Mikhail Gorbachov, quien se refiere a Afganistán como "la herida sangrante".
El problema, no obstante, consiste en que la URSS no puede empacar sus maletas y decirle simplemente adiós a sus amigos en el país musulmán. Si lo hiciera, el gobierno soviético quedaría en ridículo ante su pueblo, ante sus aliados y, lo que es peor, ante los demás países en la comunidad internacional. Tal como anotara la semana pasada un comentarista inglés: "el Kremlin no puede exponerse a que se diga que el gran Ejército rojo fue puesto en retirada por una banda de guerrilleros musulmanes, financiados por los Estados Unidos".
Por lo tanto, el problema ahora se concentra en buscar una salida "honorable". En particular, Moscú desea ver una terminación de la ayuda militar norteamericana a los muyaidines. Si eso sucede, el Kremlin podría decir que retira sus tropas porque considera la situación relativamente normalizada y conservaría su honor más o menos intacto.
La pelota, por lo tanto, está ahora en el campo de Washington, sin cuyo apoyo la suerte de los rebeldes afganos sería muy diferente. El dinero norteamericano, por ejemplo, ha servido para financiar una "flota" de 2 mil mulas que transportan vituallas para las guerrillas. Adicionalmente, los muyaidines se alimentan con enlatados norteamericanos y utilizan trajes de fatiga made in U.S.A. Pero tal vez el punto más importante, es el de la entrega de misiles anti-aéreos "Stinger", que han sido definitivos para alejar la amenaza de los jets y helicópteros artillados que atacan las posiciones rebeldes.
Es en torno a la entrega de armas donde se va a decidir el futuro de la URSS en Afganistán. Mientras Moscú insiste en que la ayuda a los rebeldes se debe terminar en el momento en que empiece a retirar sus tropas, Washington ofrece hacerlo sólo dos meses después de que el retorno comience. Peor aun, hay legisladores norteamericanos que sostienen que los Estados Unidos no le puede voltear la espalda "así no más" a los muyaidines. A pesar de que países como Irán, China y Arabia Saudita también contribuyen, nadie duda que sin los dólares de Washington la lucha en Afganistán será a otro precio.
Mientras eso se decide, Moscú está dispuesto a ceder en el terreno político. En una visita realizada a Kabul hace dos semanas, el ministro de Relaciones Exteriores de la URSS, Edvard Shevardnadze, reiteró la voluntad de su país de enviar el Ejército rojo de vuelta a casa, al mismo tiempo que indicaba que el Kremlin estaba dispuesto a dejar instalado un gobierno afgano que no sea necesariamente pro soviético.
Esa afirmación, sin embargo, no quiere decir que la URSS vaya a silenciar su voz en Afganistán. Los especialistas sostienen que Moscú dejará por lo menos 10 mil asesores que se encargarán de mantener algunas cosas "en orden".
Lo que si es un misterio es el futuro de la guerra en un país donde la lucha armada es una cosa de cada día. A pesar de que hay muyaidines que insisten en que seguirán luchando "con piedras" si es necesario, es probable que con el cambio de régimen algunas de las facciones que se unieron para luchar contra el enemigo común, ahora decidan cambiar de bando. Lo que pasa es especialmente preocupante para Pakistán que actualmente cuenta con el desalojo de los refugiados y el desmantelamiento de las bandas de contrabandistas y narcotraficantes que se han tomado el país desde el comienzo de las hostilidades en Afganistán.
No obstante, mientras esa situación se aclara, lo que si parece definitivo es que la URSS saldrá de su pesadilla. Aunque un diplomático sostuvo hace poco que "es muy temprano para destapar la champaña", otras fuentes afirman que los detalles de la retirada se van a conocer tarde o temprano.
Cuando ésta se efectúe es indudable que Gorbachov se habrá anotado un punto. Enfrascado en su campaña de restructuración, el líder soviético necesita todos los recursos necesarios y la voluntad de un pueblo que quiere sacarse la espina de Afganistán.
La reconfirmación de la salida del Ejército rojo se sumó la semana pasada a otras noticias, en las cuales volvió a quedar en evidencia que el Kremlin quiere jugar con otras cartas en el mundo. En esta oportunidad, Gorbachov se encargó de tenderle la mano a la China, el nervioso vecino de la URSS en el oriente, al proponer una cumbre entre los líderes de dos países que nunca se la han llevado muy bien. La sorpresiva oferta fue publicada en la revista Liaowang (Perspectivas) que entrevistó al jefe del Kremlin sobre el tema. En apenas tres páginas de texto, Gorbachov sostuvo que ya era hora de sentarse a hablar cara a cara y resolver las diferencias en forma directa.
La respuesta de Pekín, sin embargo, fue tan fría como siempre. Un funcionario del gobierno chino sostuvo que Deng Xiaoping, hombre fuerte del país, consideraba que no había necesidad de cumbre hasta que los "obstáculos conocidos" a la normalización de relaciones se sortearan. En otras palabras, Deng volvió a quejarse de tres cosas: la ocupación soviética en Afganistán, las presiones militares en la frontera entre la URSS y China y, por encima de todo, el apoyo dado por Moscú a la ocupación de Camboya por parte del Ejército vietnamita. A pesar de que el Kremlin sostiene que Vietnam ha prometido retirarse en 1990, Pekín es de la opinión de que hay que ver para creer.
La fría contestación de Deng, no alcanzó, sin embargo, a empañar una activa semana para la diplomacia soviética. Las señales prometedoras sobre Afganistán y el haber superado un largo impase fronterizo con Suecia, le permitieron al Kremlin obtener un saldo positivo y de paso demostrarle al mundo que, a pesar del frío en Moscú nadie en el Politburó tiene la intención de pasar esta temporada hibernando.

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