17 noviembre 2012

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Correa para rato

ECUADORA cualquiera que dijera que el presidente ecuatoriano iba a buscar quedarse lo tildaba de mentiroso. Pero la semana pasada Rafael Correa confirmó sus planes. Los recursos del Estado y una oposición dividida le facilitarán la reelección.

Correa para rato. El presidente Rafael Correa llegó en bicicleta a presentar su candidatura para un nuevo periodo de gobierno hasta 2017, con lo que cumpliría una década en el poder.

El presidente Rafael Correa llegó en bicicleta a presentar su candidatura para un nuevo periodo de gobierno hasta 2017, con lo que cumpliría una década en el poder.

Foto: AP

Rafael Correa fue el primer presidente ecuatoriano que recibió el mando del país sin llevar corbata. El lunes, en bicicleta y con una de sus curiosas camisas con bordados étnicos, Correa inscribió su candidatura para reelegirse presidente de Ecuador en 2013. Su popularidad prácticamente no ha variado desde que fue electo en 2006 con el 57 por ciento de los votos y, con una oposición dividida entre seis candidatos, parece que el camino a la reelección será un paseo para Correa.

“Llevaremos a la victoria nuevamente a la revolución ciudadana” dijo el presidente con la misma seguridad con la que hasta entonces lo negaba. Con igual entusiasmo aseguró el candidato opositor Mauricio Rodas, del movimiento Suma, que lo derrotaría: “No hay forma de que nos ganen”dijo a SEMANA. Junto a Rodas, otros cinco líderes se presentan como la opción del futuro: el banquero de derecha Guillermo Lasso, quien fue asesor económico del también candidato y expresidente Lucio Gutiérrez, derrocado en 2005; Alberto Acosta, exministro de Correa que ahora lidera la oposición de izquierda; Norman Wray, fundador del movimiento Ruptura de los 25 y Álvaro Noboa, uno de los hombres más ricos de Ecuador. El exmandatario Abdalá Bucaram presentó también su candidatura y espera respuesta del CNE.
“Lo que le preocupa al gobierno es que surjan candid
aturas como la nuestra, que representan el futuro, mientras que Correa cada vez más forma parte del pasado” dijo a SEMANA Rodas. Y es que en efecto, el presidente y los demás candidatos forman parte de la vieja política ecuatoriana que durante años fue inestable y criticada por su ineficiencia y corrupción. Tal vez por eso fue imposible que la oposición se organizara para elegir a un único candidato que se enfrentara a Rafael Correa.

En Ecuador las elecciones se hacen en dos vueltas, lo que significaría que para la segunda habría un solo candidato opositor. Pero el requisito para ir al ballotage es que, en la primera, ningún aspirante obtenga más del 40 por ciento de los votos. Considerando la alta popularidad de Correa, la oposición se arriesga a no tener la oportunidad de presentar una única opción.

Para Rodas, el reto de los partidos no oficialistas “es la inequidad que va a caracterizar este proceso electoral, por la utilización proselitista del aparato estatal, el abuso de recursos públicos para publicidad y el número de cadenas nacionales” que han marcado al gobierno de Correa. Mientras el presidente tiene acceso ilimitado a una veintena de medios impresos, emisoras radiales y cadenas de televisión oficialistas, a los medios privados se les prohibió publicar información que pueda favorecer o perjudicar a los candidatos. Por la ambigüedad de esa ley, estos están obligados a dar informaciones escuetas sobre las elecciones para evitar sanciones del gobierno.

“Me molesta que tiene todo el poder en sus manos” dijo a SEMANA una ciudadana ecuatoriana que prefirió el anonimato, como la mayoría de los opositores que hablaron con esta revista y que dijeron sentir miedo de dar sus nombres. La psicóloga de 37 años explicó que el problema más grave que ve en su país es “la violencia, producto de un enfrentamiento de clases que Correa ha contagiado cuando se refiere a la clase alta despectivamente”. Con ella coincidió una economista de Quito que dijo a SEMANA “estoy en contra de un gobierno divisorio que además ha aplastado la libertad de expresión”. Para esta ecuatoriana, “vivimos en un permanente lavado cerebral masivo por la constante propaganda oficial”.

Pero muchos apoyan las medidas populistas que Correa ha impulsado en los últimos años, como aumentar el bono de Desarrollo Humano, que subsidia a las familias de bajos recursos y que el presidente quiere incrementar. La infraestructura del país ha mejorado enormemente, al igual que la educación y los servicios de salud.

Hernán Urgiles, de Cuenca, votará por Correa nuevamente porque ve en su gobierno “una buena utilización de recursos” y siente que “ahora la Constitución nos da el poder a nosotros los ciudadanos, estamos por encima del poder político y público”. Para Lorena Gómez, educadora de Quito, “un cambio de presidente es lo que menos necesita el país después de haber pasado por una inestabilidad durante tanto tiempo”.

En lo que sí coinciden opositores y oficialistas es en que Correa, para bien o para mal, volverá a recibir el título de presidente de Ecuador, sin corbata y a favor de su “revolución ciudadana”. Cuánto tiempo se quede,es otra cosa, porque con su reelección, el ecuatoriano confirma su tendencia a seguir la moda de otros mandatarios interesados en revivir el caudillismo atávico en América latina y perpetuarse en el poder.
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