Martes, 24 de enero de 2017

| 2006/12/02 00:00

Correazo en Quito

El país más caótico del continente gira ahora a la izquierda. Hay nerviosismo en Washington.

Rafael Correa, Presidente electo de Ecuador

El triunfo de Rafael Correa en las elecciones presidenciales de Ecuador amplió el eje de gobiernos izquierdistas en América Latina. El resultado de las votaciones define el nuevo equilibrio político en el continente, donde en un año se han celebrado 10 elecciones presidenciales, polarizadas entre izquierda y derecha.

Profesor de economía, con 43 años, de extracción humilde, "con pinta de galán de telenovela", como dicen sus admiradoras, y que maneja con fluidez, además del español, el inglés y el francés, y se defiende en quechua, Correa se suma al club de los mandatarios de izquierda que integran Néstor Kirchner, de Argentina; Luiz Inácio Lula da Silva, en Brasil; Evo Morales, Bolivia; Fidel Castro, Cuba; Michelle Bachelet, de Chile; el nicaragüense Daniel Ortega; Tabaré Vásquez, en Uruguay, y el venezolano Hugo Chávez.

Socialista pero cristiano, como se define, tachado de "guerrillero, terrorista y diablo comunista" por el magnate Álvaro Noboa -su adversario en las elecciones y quien aún no admite su derrota, pero tampoco atiende a los medios-, Correa puede unirse a la zaga de la revolución bolivariana pregonada por Chávez, de quien es amigo, y contribuir así a opacar la influencia de Estados Unidos en la región, o puede optar por el pragmatismo político para mejorar la relación con Washington.

Si bien ha dicho que "los latinoamericanos somos todos bolivarianos" y que uno de sus objetivos como gobernante será la "unidad suramericana", Correa ha explicado que "no seré una nueva versión de Hugo Chávez ni de Fidel Castro, pero  tampoco de George W. Bush.

Así, ha advertido que no extenderá el acuerdo por el cual Estados Unidos opera la base militar de Manta, en el Pacífico, a pocos minutos de vuelo de la colombiana de Tres Esquinas, en Caquetá, usada para el control de las operaciones de narcotraficantes y guerrillas. También ha sostenido que no suscribirá un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (como lo pregonara Chávez) y que renegociará los contratos petroleros con las transnacionales, al tiempo que convocará a una Asamblea Constituyente para refundar "instituciones corruptas dominadas por la partidocracia", como lo ha hecho Morales.

Al mismo tiempo, ha prometido reestructurar los pagos de la deuda externa, de unos 11.000 millones de dólares, para financiar planes sociales. Ante ello, el gobierno estadounidense reaccionó con cautela, y afirmó que espera trabajar en armonía con Correa, de acuerdo con lo expresado por el portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormack, y la embajadora de Estados Unidos en Quito, Linda Jewell.

En forma similar a su colega boliviano, el próximo mandatario ecuatoriano tendrá que enfrentarse, desde el 15 de enero, a un Parlamento hostil -ante el cual deberá jurar su cargo y al que ha calificado de "cloaca"- en el que su movimiento 'Alianza País' (Patria Altiva y Soberana) no cuenta con diputados, lo que augura de nuevo un enrarecido período político en la nación más inestable de la región.

Su plan para reformar la Constitución, a espaldas del Congreso Nacional, donde su rival Álvaro Noboa cuenta con la mayoría de representantes, hará inevitable una pugna y en ese enfrentamiento Correa podría salir mal librado.

Para completar, junto con el Partido Renovación Institucional Acción Nacional (Prian) de Noboa, el Partido Sociedad Patriótica (PSP) del ex presidente Lucio Gutiérrez -a quien Correa combatió en las calles exigiendo su destitución, durante la denominada Revolución de Los Forajidos-también tiene amplia representación en la legislatura.

En tales circunstancias, el panorama no es muy claro para Correa. Adrián Bonilla, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), dijo al respecto que "lo único seguro es que Ecuador vivirá un período de tensión con la gente en las calles pidiendo una Asamblea y el Congreso intentando debilitar o transar con Correa". El ex presidente conservador Sixto Durán-Ballén (1992-1996) indicó a SEMANA que el gobierno entrante debe buscar un consenso con la legislatura "o va a tener que sobrellevar días muy difíciles". Los legisladores ecuatorianos ya destituyeron al presidente Abdalá Bucaram en 1997, calificándolo como "loco" sin ningún dictamen médico de por medio, y algo parecido ocurrió con Gutiérrez en 2005, cuando declararon la Presidencia vacante a pesar de que el coronel estaba todavía dentro de su despacho.

La situación, sin duda, no se presenta nada fácil para el nuevo mandatario. Como señaló el influyente diario El Universo, "hay que recordar que las mafias políticas todavía existen, e intentarán desestabilizar y provocar zozobra para halar agua hacia su molino". Por ahora, Correa cuenta con el apoyo de gran parte de la población (al cierre de esta edición obtenía el 57,3 por ciento de la votación, equivalente a 3.356.369 sufragios, contra el 42,7 por ciento de Noboa, 2.498.694), como la poderosa Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie), que señaló que estará junto al nuevo gobierno "siempre y cuando cumpla con todo lo que ha dicho en la campaña".

En Wall Street, en tanto, aumenta el nerviosismo. La agencia Fitch Ratings dijo que le preocupaban las promesas sobre una posible reestructuración de la deuda de Ecuador realizadas por el Presidente electo. Morgan Karting, miembro de esa calificadora, dijo que es paradójico que, mientras la capacidad de pago de la deuda ha crecido por los altos precios del petróleo, en Ecuador se va reduciendo la voluntad de cumplir con las obligaciones externas. "Ese factor es importante a la hora de calificar el riesgo", indicó.

Y es que Ecuador acaba de desplazar a Líbano como el país más arriesgado para los inversionistas en bonos, luego de que Correa indicó que el país puede dejar de pagar su deuda. (Ver entrevista). El futuro ministro de Economía, Ricardo Patiño, afirmó a SEMANA que con lo que se paga de deuda cada año, se podrían crear aproximadamente 200.000 empleos. Por otra parte, Correa anunció en el canal Ecuavisa que obligará a la banca a repatriar unos 2.000 millones de dólares depositados en Estados Unidos, y reiteró que su política económica no prevé la confiscación de bienes privados.

En Colombia, en tanto, se encienden las alarmas. Dirigentes empresariales se preguntan sobre las incidencias que frente al intercambio comercial tenga el anuncio del nuevo mandatario de buscar el ingreso de su país al Mercosur y sus consecuencias en el interior de la CAN. Algunos avizoran en ese anuncio un primer paso dado por Correa para emular la decisión de su coideario Hugo Chávez de retirar a Venezuela de la Comunidad Andina.

El triunfo del líder izquierdista -que basó la campaña en su apellido con el eslogan "Dále Correa a la partidocracia"- demostró que Ecuador quería un cambio. El analista José Hernández observó así este fenómeno político: "La paradoja no puede ser mayor: Correa llega a Carondelet representando una izquierda que si aplica sus ideas, en forma literal, asustará al electorado que votó por él. Por eso su mayor desafío no es ser fiel al viejo catecismo, sino inventar otro sobre la marcha".

En resumen, Ecuador -el país más corrupto de América Latina, según Transparencia Internacional- ha quedado profundamente dividido entre la vieja derecha y los seguidores de la nueva izquierda. Por ahora, la clase media tiene la esperanza puesta en su futuro jefe de Estado, y está llamada a hacer en el gobierno lo que los tradicionales grupos de poder nunca pudieron o jamás quisieron. Ese es el desafío.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.