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| 2/19/2011 12:00:00 AM

Corrupción extrema

Hosni Mubarak se robó al menos cinco mil millones de dólares en los 30 años que estuvo en el poder. Rastrear su fortuna en el exterior no será una tarea fácil.

Hosni Mubarak pensó que sería presidente de Egipto hasta el día de su muerte, y calculó que cuando ese momento llegara, el país quedaría en manos de su hijo menor, Gamal. Tal vez por eso los niveles de corrupción durante su mandato fueron excesivos. Mientras los Mubarak se mantuvieran en el poder, nadie podría denunciar el exagerado enriquecimiento de la familia, cuyo patrimonio, según el portal The Huffington Post, asciende a los 5.000 millones de dólares. Aunque otros cálculos, tal vez exagerados, sitúan su fortuna en el orden de los 70.000 millones de dólares.
 
Pero las cosas cambiaron radicalmente y ahora Mubarak está en el ojo del huracán. Suiza anunció desde la semana pasada que ya congeló todas las cuentas que puedan estar relacionadas con el expresidente. Otros países europeos, dentro de los que se encuentran el Reino Unido y Alemania, estudian la posibilidad de tomar medidas similares, pues Egipto pidió que los bienes de varios miembros del régimen de Mubarak en el exterior sean congelados.

Nada de eso parecía posible cuando llegó al poder, en 1981. Y no lo era porque justamente cuando reemplazó al asesinado Anwar el-Sadat anunció que su gobierno se dedicaría a erradicar la corrupción, que caracterizó el mandato de su antecesor. Y parecía sincero. El hermano del expresidente, sus dos hijos y al menos una docena de sus funcionarios más cercanos fueron encarcelados por utilizar su poder para llevar a cabo prácticas corruptas.

Sin embargo, después de 30 años de gobierno, la fortuna de los Mubarak se incrementó en un monto exagerado, incluso para los dictadores del mundo árabe. El depuesto tirano consolidó su patrimonio gracias a que se asoció con poderosas empresas y con inversionistas extranjeros. Aprovechó, además, los beneficios de la ley egipcia, que establece que todos los negocios de las compañías internacionales deben tener un socio local que tenga al menos el 51 por ciento de participación. Generalmente, los accionistas eran miembros de la familia de Mubarak o hacían parte de su más cercano círculo de colaboradores.

Sus hijos fueron los principales beneficiarios. Cuando entraron al mundo empresarial empezaron a exigir comisiones a todas las compañías que querían incursionar en Egipto. Gamal, el menor, trabajó seis años como banquero de inversión en el Bank of America y después fundó su propia firma de asesoría de inversiones, que les ayudaba a las empresas occidentales a adquirir acciones y negocios en Egipto. Ahora tiene una participación significativa en una empresa de capital privado con intereses en toda la economía egipcia, que incluye sectores como el petróleo, la agricultura y el turismo, entre otros.

Alaa, el mayor, nunca se interesó en la política. Siempre tuvo un perfil más bajo que el de su hermano, pero eso no le impidió convertirse en un importante hombre de negocios, gracias a la corrupción que imperó en el régimen de su padre. Dentro de las empresas que posee se encuentra una compañía que les sirve a casi todas las aerolíneas egipcias.

Hoy la familia Mubarak cuenta con una mansión de seis pisos en el exclusivo distrito Knightsbridge, de Londres -donde las casas están avaluadas entre diez y quince millones de dólares-, y una residencia cerca del Bois de Boulogne, en París. Además, posee dos yates y varias propiedades en Nueva York, Beverly Hills, El Cairo y en un complejo turístico en Sharm el-Sheij, en el mar Rojo, precisamente donde su padre está recluido hoy. Gran parte de la fortuna está invertida en cuentas bancarias en Suiza y en otros países europeos.

Pero Mubarak y su familia no fueron los únicos que se enriquecieron durante su gobierno. Varios de sus amigos también se vieron beneficiados. Taher Helmy, asesor de Hosni y de Gamal y presidente de la Cámara Americana de Comercio, compró, recientemente, un apartamento de 6,1 millones de dólares con vista al Central Park de Nueva York. Por su parte, Ahmed Ezz, gran confidente de Gamal, ha sido acusado de utilizar sus conexiones para monopolizar el mercado del acero en su país.

Tras la renuncia de Hosni Mubarak, la oposición se ha encargado de pedirle a la comunidad internacional que investigue la procedencia de su fortuna. Esta no será una tarea fácil, pues los negocios en Egipto siempre fueron manejados en secreto por un grupo selecto de aliados de Mubarak.

El periodista y escritor norteamericano Jeffrey Robinson, autor del libro The Laundrymen, en el que estudia los activos de los líderes corruptos en el exterior, le comentó a SEMANA que "va a ser muy difícil rastrear toda la fortuna de la familia Mubarak, porque Gamal, quien trabajó durante varios años en Londres, es un experto en este tema y supo esconder muy bien los activos en el exterior". Robinson asegura que la mayoría del patrimonio quedará en la clandestinidad, aunque "todo dependerá de qué tan seria sea la investigación que adelante la comunidad internacional".

Por el momento, el gobierno británico se comprometió a actuar si llega a encontrar "cualquier indicio de ilegalidad o uso fraudulento de los fondos del Estado", según informó el ministro de Asuntos Exteriores, quien pidió que se coordine una estrategia con todos los países miembros de la Unión Europea.

De cualquier forma, la caída de Mubarak dejó en evidencia que su avaricia no tenía límites. Y la prueba de su excesiva corrupción es que dejó el poder con un patrimonio que asciende a los 5.000 millones de dólares a pesar de que su salario como presidente no superaba los 1.000 dólares mensuales.


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