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| 11/26/2016 12:00:00 AM

A diestra y siniestra

La justicia saca la cara por el país frente a la epidemia de corrupción que abarca todos los sectores de la clase política.

Gracias a una justicia independiente y efectiva, Brasil se prepara para un revolcón gigante en su clase política. Este miércoles, el multimillonario Marcelo Odebrecht, sentenciado a 19 años en el caso de desfalco y lavado conocido como Lava Jato, y 80 ejecutivos de su empresa firmaron un preacuerdo con la justicia para entregar los nombres de los funcionarios públicos implicados en ese esquema de corrupción que significó 30 millones de dólares en sobornos.

Se estima que al menos 130 personas de los más altos cargos, entre gobernadores, diputados, senadores y ministros, entran en la lista de corruptos que entregó Odebrecht a la Procuraduría General. El acuerdo tendrá que ser ratificado por el Tribunal Federal Supremo antes de que el Ministerio Público pueda abrir investigación contra los implicados, pero ya se presume un fuerte golpe en toda la esfera política, desde funcionarios retirados, hasta el presidente Michel Temer. La justicia brasileña ha dado una lección de independencia y no ha discriminado en colores políticos a la hora de denunciar funcionarios corruptos.

El actual presidente recibió grandes donaciones de Odebrecht a su campaña de reelección cuando era fórmula presidencial de Dilma Rousseff en 2014. Y su gabinete no está mucho mejor, pues se habla, entre otros, del secretario de Gobierno, Geddel Vieira.

También podría quedar expuesto el expresidente Lula da Silva, a quien también investigan por Lava Jato. Supuestamente, el exmandatario usó su cargo para conseguirle beneficios a Odebrecht en el extranjero y recibió sobornos por adjudicar contratos de Petrobras. Precisamente la Administración de su sucesora, Dilma Rousseff, resultó derrotada en las elecciones regionales de octubre pasado pues le tocó enfrentar la crisis de corrupción. Y todo indica que los que entonces se beneficiaron de ese descalabro también están ahora emproblemados. Hoy nadie duerme tranquilo en las altas esferas del poder en Brasil.

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