Domingo, 22 de enero de 2017

| 2006/12/16 00:00

¿Crece la amenaza nuclear?

Este año el gobierno de Corea del Norte detonó una bomba nuclear bajo tierra. Junto con el desafío de Irán, la prueba fue el reto más grave a la no proliferación nuclear en décadas

Irán ha desarrollado una tecnología de misiles que incluye el Shahab-3, de largo alcance. En la foto, una prueba de la Guardia Revolucionaria en noviembre.

Eventos recientes en Corea del Norte e Irán han disparado las alarmas. Corea del Norte probó un misil de largo alcance el 5 de julio y una bomba de plutonio el 8 de octubre. Aunque las pruebas no fueron del todo exitosas, la amenaza fue clara. El 11 de abril Irán informó que había enriquecido uranio y se declaró miembro del "club nuclear". Aunque el nivel de enriquecimiento era bajo y los iraníes decían que su objetivo era producir combustible para reactores, cualquiera que pueda enriquecer uranio a un 3,5 por ciento también tiene la habilidad de hacerlo a niveles de bomba nuclear.

Si China, Francia, Rusia, el Reino Unido y Estados Unidos formaron la primera ola de Estados poseedores de la bomba atómica, e India, Israel y Paquistán, la segunda ola, ¿somos ahora testigos de una tercera ola, a la que puede seguir un aumento aun mayor?

Yo creo que esto se puede evitar si los gobiernos se dejan guiar por el régimen de no proliferación, que está ahora bajo amenaza. En los 60, países pensaron que las armas nucleares eran indispensables. Líderes como John F. Kennedy se preocuparon por la estabilidad de un mundo en el que hubiera gatillos atómicos en docenas de estados.

El Tratado de No Proliferación se firmó en 1968 por un mundo libre de armas atómicas: Se invitó a los estados que no las tenían a comprometerse a no adquirirlas a cambio de recibir acceso a tecnología nuclear pacífica. Los cinco países que las habían probado fueron invitados a detener sus investigaciones y a negociar hacia el desarme general.

En casi 40 años, los Estados con armas nucleares han aumentado solo en cuatro. Tres de ellos (India, Israel y Paquistán) nunca firmaron el tratado, y el cuarto fue Corea del Norte, que adhirió en 1985, pero se retiró en 2003. Irak y Libia, que habían adherido al tratado, lo violaron, pero volvieron a cumplirlo bajo amenazas. Sudáfrica adhirió luego de haber desmantelado sus armas, lo que deja sólo un estado para observar: Irán, del que muchos piensan que tiene la intención de adquirir armas nucleares.

Los temores de Kennedy no se han hecho realidad. Muchos países con capacidad para desarrollar armas nucleares han renunciado a ellas, han adherido al tratado y siguen comprometidos. La ruptura de la Unión Soviética dejó a Bielorrusia, Kazakhstan y Ucrania como poderes nucleares de facto, pero los tres cedieron las armas a Rusia. Argentina y Brasil, de los que se esperaba que las adquirieran, se abstuvieron y se unieron al tratado. Pero a comienzos de 2007, muchos se preocupan por las consecuencias si Corea del Norte sigue en el camino de las armas y si Irán se mueve en la misma dirección. (...)

El desarrollo estadounidense de un escudo de misiles está llevando a China y a Rusia a buscar medios para penetrar ese escudo, y el Reino Unido ahora propone un nuevo programa de armas nucleares para 2020. Las cifras militares de 2005 se calculan en un billón de dólares, y solo Estados Unidos gasta cerca de la mitad de esa cantidad. (...)

Es una increíble doble moral que China, India y Estados Unidos critiquen a Corea del Norte por probar una bomba de plutonio, cuando ellos mismos se han abstenido de ratificar el Tratado de Prohibición de las Pruebas.

(...) Las acciones de Corea del Norte han llevado al gobierno japonés a afirmar que su Constitución no excluye desarrollar armas nucleares para defenderse e incluso que no niega la acción preventiva. China, Japón, Corea del Sur, Taiwán y Estados Unidos están fuertemente interesados en evitar un escalamiento semejante de la situación, y en diferir el curso actual de Corea del Norte. Pero, ¿es eso posible?

En el caso de Irán, su programa de enriquecimiento de uranio empezó al final de los 80, durante la guerra contra el Irak de Saddam Hussein. Desde entonces se ha movido a paso de lombriz. Sin embargo, casi todo el mundo cree que continuar el programa trae el riesgo de aumentar las tensiones en una región de por sí volátil. (...)

Hay un deseo no unánime en el mundo de que, aunque el enriquecimiento de uranio no está prohibido bajo el Tratado de No Proliferación, Irán debería suspender su programa. ¿Es posible convencerlo? Después de la debacle norteamericana en Irak, en la que se utilizaron medios militares para erradicar armas de destrucción masiva inexistentes, hay mucha resistencia a atacar a Corea del Norte o Irán.

Aunque se habla a veces en Estados Unidos de destruir las instalaciones nucleares de Corea del Norte, la opción militar se ve ineficiente y riesgosa. Seúl, la capital surcoreana, está en el rango de artillería del Corea del Norte. Cualquier ataque dejaría las armas nucleares, cuyos número y localización son desconocidos, en manos de un régimen desesperado. Incluso simples amenazas, o esfuerzos para derrocar al régimen en Corea del Norte lo harían más agresivo.

En el caso de Irán, las solas amenazas serían fútiles y contraproducentes, y sólo fortalecerían las voces quienes en Irán que aseguran que necesitan bombas para defenderse. Si la acción militar no es viable, ¿qué se puede hacer? Puede ser una buena idea preguntarnos por qué algunos países quieren tener armas nucleares y luego tratar de eliminar las causas, reales o imaginarias.

En 2003 la estrategia de la Unión Europea contra la proliferación aconsejó que "…la mejor solución para la proliferación de armas masivas es que los países sientan que ya no las necesitan. De ser posible, se deben encontrar soluciones políticas a los problemas. Mientras más seguros se sientan los países, más posible es que abandonen estos programas".

En la actual crisis con Norcorea, la pregunta es si se puede persuadirla con garantías de seguridad, relaciones diplomáticas, el fin de su aislamiento internacional y asistencia en el desarrollo, como sucedió, por ejemplo, con Vietnam.

Esto, yo creo, es lo que Estados Unidos y otros participantes de las seis potencias en Beijing están tratando de concluir. Actualmente se está evitando el ruido de sables que puede reforzar la creencia de Corea del Norte de que necesita defensa nuclear. La presión económica se está llevando a cabo, menos por las sanciones de las Naciones Unidas que por la evidencia de que el régimen de Kim Jong-Il no puede esperar recompensas económicas ni de algún otro tipo, en ausencia de un acuerdo.

Al igual que Corea del Norte, Irán debe sentir que no está siendo amenazado y no necesita armas nucleares, ni la capacidad de enriquecer uranio para asegurar su seguridad. Todo esto sería más fácil si Estados Unidos, en vez de repetir una y otra vez que todas las opciones están sobre la mesa, mostrara a Irán la misma prontitud para ofrecer compromisos contra ataques y contra intentos de cambiar el régimen que ha mostrado ante Corea del Norte. De manera similar, una oferta de Estados Unidos de normalizar relaciones con Corea del Norte puede ser de ayuda significativa para persuadir a Irán de dejar de lado el enriquecimiento de uranio. Finalmente, es difícil entender por qué se exige a Irán suspender el enriquecimiento de uranio como una condición en conversaciones cuyo principal fin es precisamente asegurar ese compromiso. En Corea del Norte, después de todo, las conversaciones son buscadas con ahínco por ambas partes, incluso cuando ese país sigue produciendo plutonio para armamento a ritmo normal.

Lo más importante es que todas las partes sean conscientes de que la urgencia de la no proliferación no se ha disminuido por cuenta de los eventos ocurridos en 2006 en Irán y Corea del Norte. De hecho, estos han hecho que sea más importante que en 2007 no dejemos de lado el esfuerzo por alcanzar las metas que el mundo se fijó en 1968.

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