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| 11/9/1998 12:00:00 AM

CRISIS BALCANICA

Ante la amenaza de la Otan de atacar a Serbia por el Kosovo la oposición de Rusia revive el fantasma de la Guerra Fría.

Como en el caso de Bosnia, Occidente está llegando tarde en auxilio de las víctimas de la virtual guerra civil que se vive en Kosovo, la región más meridional y empobrecida de lo que queda de Yugoslavia. Aunque la sangre corre desde el año pasado tuvieron que morir varias familias de origen albanés, en masacres perpetradasen las últimas semanas por la policía serbia, para encender las luces de alarma de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) y del Consejo de Seguridad de la ONU.
Tanto la Otan como Washington expidieron advertencias para que el gobierno de Belgrado suspendiera sus operaciones y entrara a conversar con los independentistas kosovares. Pero de nuevo un juego del gato y el ratón se apoderó del tema.
El enviado norteamericano Richard Holbrooke se reunió la semana pasada con Slobodan Milosevic para advertirle que de no iniciar el diálogo de paz de inmediato su país sería bombardeado por la Otan. Pero al cierre de esta edición el presidente serbio seguía tan inescrutable como siempre mientras su país se preparaba para resistir el ataque.
Porque en el caso de Bosnia, un país reconocido como independiente porla comunidad internacional, el ultranacionalista Milosevic podría aceptar un estatus equitativo para las partes, pero Kosovo está dentro de las fronteras de lo que queda de Yugoslavia y es un terreno sagrado para los serbios, por lo cual el presidente tiene poco margen de negociación. Y, sobre todo, porque Milosevic tiene el apoyo de Rusia, que se puso en contravía de la comunidad internacional para apoyar con todo su peso a los serbios.
¿Por qué el Kremlin defiende fieramente al régimen yugoslavo? ¿Por qué Serbia parece ser el único tema de política nacional o internacional en el que el gobierno, la Duma opositora y la población entera parecen actuar al unísono? La explicación tiene que ver con la historia, la religión ortodoxa, la lengua eslava, la geografía y con los retos estratégicos de hoy.
Rusia se opone a la intervención militar de la Otan en Yugoslavia porque Kosovo es parte indivisible de Serbia. Allí se encuentran los más antiguos monasterios serbios. En Kosovo-Polje se libró la batalla decisiva en la historia serbia. Si Serbia pierde Kosovo, pierde su identidad", explicó a SEMANA Serguei Yurievich Kazionov, del Instituto de Seguridad Nacional y de Investigaciones Estratégicas, uno de los principales centros de análisis de política exterior y defensa. Cualquier ruso maneja al dedillo estos vericuetos de la historia para defender apasionadamente a sus hermanos serbios. Que desde hace seis siglos el Kosovo haya sido islamizado y albanizado, que solo por los azares de la geopolítica los albaneses del Kosovo hayan quedado separados de Albania en la posguerra, que Tito haya concedido la autonomía al Kosovo en 1974 para paliar esta situación, y que solo Milosevic se haya atrevido a eliminar dictatorialmente esa autonomía en 1989 son hechos que no tienen importancia para el razonamiento ruso.
Como si fuera el mundo al revés, la televisión de Moscú transmite imágenes de serbios perseguidos por los albaneses, el periódico más tradicional del país, Izvestia, hace un escándalo porque su corresponsal fue detenido dos horas por los rebeldes y los 300.000 refugiados albaneses parecen no existir para las noticias locales.
Sin embargo Pavel Efimovich Kandel, profesor e historiador del Instituto Europa en Moscú, considera que, a pesar del gran peso de los factores históricos, culturales, religiosos y lingüísticos que unen a rusos y serbios, lo que define la posición del Kremlin es la actual situación geopolítica mundial. Como dijo a SEMANA, "Rusia considera que no la están teniendo en cuenta. Se firmó un acuerdo entre nuestro país y la Otan pero no nos consultan nada. Si la Alianza Atlántica puede bombardear donde quiere, meterse donde quiere, sin pedir a Rusia su opinión, sin basarse en las decisiones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ¿entonces para qué hacer acuerdos vacíos?".
Este es el verdadero nudo de la cuestión: la Rusia vencida de la posguerra se siente acorralada por el viejo enemigo, sin fuerzas para defenderse de igual a igual como antes. "Por eso el eventual ataque a Yugoslavia es un ataque indirecto, o una amenaza de ataque, a Rusia", concluye Kandel, porque refleja su debilidad.
A pesar de algunas afirmaciones guerreristas de altos mandos militares, si hubiera ataque contra Serbia no se espera ninguna respuesta armada rusa: la flota del Mar Negro sería bloqueada por Turquía, miembro de la Otan; ni hablar de ataques aéreos, pues los países vecinos no permitirían el sobrevuelo de sus territorios dada su amistad con la Otan. A Rusia solo le queda el rol de emisario, con sus enviados viajando de Belgrado a Londres y Nueva York para convencer a Milosevic de hacer algunas concesiones que impidan el ataque. Es el viejo juego de la zanahoria y del garrote, en el que Rusia ofrece la hortaliza y la Otan pone la fuerza.

La pasión serbia
Kosovo es la más pobre de las regiones de la antigua Yugoslavia y de su población sólo el 10 por ciento es serbia. No parece claro porqué los serbios están dispuestos a todo con tal de mantener esos yermos bajo su dominio.
La razón es que la región de Kosovo es tan sagrada para los serbios como lo es Jerusalén para los judíos. Kosovo era parte del corazón de las tierras serbias y fue allí donde su máximo héroe, el príncipe Lazar, fue derrotado por las tropas turcas en 1389. En la conciencia colectiva de los serbios vive la idea de que fueron abandonados por Occidente mientras daban su vida por el cristianismo. La derrota significó 400 años de dominación otomana.
Cuando los serbios recuperaron su independencia, en 1912, con el apoyo ruso retomaron Kosovo, cuya población era mayoritariamente musulmana y de etnia albanesa. El objetivo era recrear la Gran Serbia.
Cuando Tito fundó Yugoslavia, después de la Segunda Guerra Mundial, los nacionalismos internos fueron suprimidos pero renacieron al morir el fundador. Slobodan Milosevic subió al poder con la bandera de la Gran Serbia. Hoy Yugoslavia es apenas una fracción de lo que era y los serbios se aferran a su sueño aplastando a los kosovares.

Cronología de Kosovo
395: Tras el cisma de la Iglesia de Roma los eslavos abrazan la religión ortodoxa.
1100: Los serbios establecen por primera vez un Estado unitario.
1389: Los serbios son derrotados en la batalla de Kosovo y caen bajo el imperio Otomano por 400 años. La mayoría migra hacia el norte.
1878: Serbia recupera la independencia.
1945: Tito y los comunistas fundan Yugoslavia. Serbia es una sus seis repúblicas federales. Kosovo y Vojvodina reciben autogobierno.
1974: Régimen autonómico en Kosovo.
1981: Los kosovares albaneses piden el establecimiento de una república separada dentro de Yugoslavia.
1989: Slobodan Milosevic, comunista-nacionalista serbio, suprime la autonomía de Kosovo y Vojvodina. Se prohíbe el idioma albanés.
1990: Son suprimidas las instituciones políticas de los kosovares de origen albanés.
1991: Después de un referéndum secreto los separatistas proclaman la República de Kosovo, reconocida inmediatamente por Albania.
1992: Los kosovares de origen albanés eligen presidente. Serbia lo desconoce.
1996: Aparece el Ejército de Liberación de Kosovo (KLA)
1997: Manifestaciones estudiantiles son aplastadas en Pristina.
1998: Comienza una operación militar serbia de gran escala contra los poblados separatistas. Cientos de kosovares albaneses mueren y miles son expulsadas de sus hogares.

Un líder contradictorio
el movimiento independentista de los kosovares de origen albanés tiene a la cabeza a un líder poco común. Se trata de Ibrahim Rugova, un hombre de aspecto profesoral que tiene un doctorado en literatura y que fue elegido en 1992 como presidente del gobierno paralelo establecido a partir del referéndum de ese año. Aunque su padre fue asesinado por los esbirros de Tito cuando éste suprimía los nacionalismos, es un pacifista convencido. Rugova ha adoptado una política de evitar la confrontación y la violencia y por ese medio ha construido instituciones paralelas, con sistema de salud, educación e impuestos.
Su extrema pasividad es criticada por quienes piensan que ha resultado útil al presidente yugoslavo Milosevic para mantener la situación bajo control. Pero con todo, Rugova es reconocido internacionalmente como un interlocutor válido.
La máxima contradicción de Rugova es que el Ejército de Liberación de Kosovo (KLA) nació de su partido Liga Democrática, pero él no puede ni condenarlo ni admitir ninguna relación con él. Sus detractores lo acusan de responsabilidad en la aparente derrota del KLA, que habría surgido sin la preparación adecuada para hacer frente al poderío serbio.

El efecto dominó
la desintegración de la Yugoslavia de Tito hizo renacer el sueño serbio de reconstituir su antiguo imperio y en el centro de ello está el poderoso simbolismo que encierra Kosovo. La sangría de Bosnia era apenas un abrebocas. Para los serbios, la mayoritaria población kosovar musulmana de origen albanés es una extensión del difunto imperio Otomano y Estados Unidos y Europa son tan hostiles o indiferentes a sus aspiraciones como lo fueron hace 600 años.
La guerra civil en Kosovo, que era un hecho anunciado desde que se combatía en Bosnia, encierra riesgos enormes. Muchos kosovares albaneses y de la propia Albania sienten que ellos también han sido separados y podrían intentar una Albania unificada. Si la violencia de Kosovo se generalizara los muchos albaneses de Macedonia se podrían levantar también. Y los problemas de Macedonia son gigantescos: desde su separación de Yugoslavia su existencia es mirada con hostilidad por Bulgaria y, sobre todo, por Grecia. Cualquiera podría tener interés en aprovechar las aguas turbulentas.
Ese es el panorama que sirve de base para la intervención de la Otan, porque el efecto dominó latente en los Balcanes podría ser incontenible.

La 'solución de Kosovo'
en agosto de 1995, cuando la guerra civil de Bosnia estaba en plena efervescencia y el conflicto de Kosovo era apenas una tragedia anunciada, un líder del partido radical serbio publicó un documento titulado 'La solución de Kosovo', en el cual se delineaban a grandes rasgos los parámetros de las operaciones de limpieza étnica y exilio forzado de los kosovares de origen albanés.
Ese político es Vojislav Seselj, un fanático ultranacionalista que tuvo mucho que ver con las atrocidades cometidas por los serbios en los capítulos anteriores de la sangrienta historia reciente de Yugoslavia. Tanto en Eslavonia en 1991 como en Bosnia en 1992, Seselj comandó las maniobras paramilitares que llevaban a cabo las operaciones de guerra sucia poco presentables para el ejército regular. El documento de Seselj es profético en cuanto plantea una zona de seguridad de 50 kilómetros alrededor de la frontera entre Kosovo y Albania, en la cual no podrían vivir los kosovares albaneses.
Esa zona ha sido precisamente donde se han producido las operaciones y de donde salió el grueso de los refugiados albaneses.
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