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| 6/24/2017 10:15:00 PM

Fiscal que abandonó el barco chavista: ¿honestidad o traición?

Las posiciones públicas de la fiscal general, la ex defensora del pueblo y varios exministros y exaliados muestran profundas grietas en las filas oficialistas. La gran pregunta es qué motiva a quienes abandonan el barco.

El gobierno de Nicolás Maduro parecía sólido como una roca. Pero su unidad, aparentemente monolítica, comienza a resquebrajarse. Hasta ahora, el quiebre más evidente e importante es el de la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, una mujer con poder y una institución que controla con precisión. Ella es, al día de hoy, la bandera de esa otra corriente. Denunció en mayo la ruptura del orden constitucional por las sentencias del Tribunal Supremo que arrebataron competencias al Parlamento; luego habló de detenciones arbitrarias, de un pueblo que opta por la violencia cuando el Estado cierra la participación; y hasta denunció a los magistrados como usurpadores al permitir que Maduro imponga una constituyente ilegítima sin soberanía popular.

La primera reacción del chavismo ‘burocrático’ (como se le llama al que merodea en las oficinas del poder) fue contenida y no de ataque. Se habló de impase entre instituciones. Pero pronto comenzaron los castigos. A Ortega le sustrajeron primero los escoltas que la cuidaban, funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana que maneja el Ministerio de Interior. Luego, la Policía científica dejó de colaborar con investigaciones del Ministerio Público. Y más tarde hasta los militares y los jueces se negaron a atender solicitudes de su despacho.

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Por último, el gobierno pasó al ataque. “Nosotros no queremos traidores y la fiscal está actuando como un agente político”, declaró Diosdado Cabello el 1 de junio. Desde entonces, la retórica ha sido más destemplada.

“La fiscal es un fenómeno telúrico de intensidad creciente, que permite separar al chavismo del madurismo. Ahora la lucha es entre ellos por ver quién expresa mejor el legado de Chávez”, dice el politólogo Luis Salamanca. A su juicio, Ortega Díaz ha causado un efecto que se irá ampliando. “Ella no está sola. No sabemos quién la acompaña, pero se presume que hay otros”, apunta.

La ex defensora del pueblo Gabriela Ramírez también ha alzado su voz para denunciar el desmantelamiento del Estado de derecho, y señalar a sus “excolegas” como unos oligarcas de nuevo cuño que “están atrincherados en una lógica de ‘nosotros contra todo el pueblo’”.

Además, asegura que ella, como la fiscal, está “en la punta del iceberg del pueblo que reclama su soberanía vulnerada”. Su nombre ahora comparte espacio crítico incluso con los exministros Héctor Navarro, Ana Elisa Osorio, Jorge Giordani y hasta militares que participaron de la ‘revolución bolivariana’, como el exministro de Interior y general retirado Miguel Rodríguez Torres o su compañero de armas, también en retiro, Clíver Alcalá Cordones, además del mayor general Alexis López Ramírez que renunció al Consejo de Defensa de la Nación en protesta.

En el partido opositor Primero Justicia, al que pertenecen el presidente del Parlamento, Julio Borges, y el político mejor valorado, Henrique Capriles, aún no ven ese iceberg. “Todos apostamos a eso, pero por ahora no lo parece”, cuenta un integrante de su dirección nacional.

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Mar de fondo

El distanciamiento de Ortega con el gobierno de Nicolás Maduro tiene historia. De hecho, en 2014 finalizaba su primer periodo y ella “asumió que no iba a la reelección”, hasta que se postuló el último día. “La llamaron para que Maduro no tuviera el control total del Poder Moral”, recuerda una fuente que siguió el proceso. Desde 2015 su actuación ha sido más “independiente” y en 2016 ha evitado sumarse a castigos judiciales hacia quienes protestan contra el gobierno.

La duda ahora está en si su figura puede provocar el cisma definitivo. “Para que se genere un cambio de régimen, tiene que haber tres condiciones teóricas: una crisis sistémica, una unidad monolítica en las fuerzas opositoras y quiebres en los apoyos. Tenemos dos y media”, afirma la analista Carmen Beatriz Fernández, al señalar que aunque Ortega Díaz se ha convertido en adalid de la defensa constitucional, aún no se han mostrado puentes con la oposición política agrupada en la Mesa de la Unidad.

Esa oposición ha manifestado su apoyo a la titular del Ministerio Público ante los procesos que ha iniciado el gobierno para despojarla de su cargo, pero “no sé si ella querrá unirse a la oposición”, evalúa Salamanca. Cita las teorías de las transiciones que afirman que “siempre la figura puente entre el autoritarismo que va de salida y la democracia que está de llegada es alguien del régimen anterior que abre las puertas al futuro”.

Aún no ha habido reuniones formales entre la Asamblea Nacional y la fiscal, entre la oposición y la chavista renegada. Pero sí acercamientos privados. En Primero Justicia esperan que se concreten acciones conjuntas, mientras tanto las agendas avanzan en paralelo. Entretanto, Ortega Díaz sostiene encuentros con universidades, gremios y plataformas alternativas para restaurar la legalidad perdida, pues, dice, “no hay Estado de derecho, sino estado de terror”.

Entretanto, las miradas más suspicaces se dirigen a su esposo, el diputado chavista Germán Ferrer, de quien se sospecha pudiera abandonar el barco del oficialismo con un grupo de parlamentarios rojos, lo que generaría un nuevo cisma. Y muchos se preguntan, sin que aún aparezca una respuesta definitiva, si se trata de chavistas que quieren salvar el legado de su líder ante los exabruptos de Maduro, o más bien de políticos que quieren salvar su pellejo o su imagen histórica ante la creciente sensación de que el gobierno es insostenible. Lo que sí está claro es que el propio “chavismo originario”, como lo califica Gabriela Ramírez, afirma que el gobierno “se va quedando en la soledad, se aísla”.

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Los cuarteles se mueven

Eso no sería suficiente para marcar el final del régimen, a menos que pierda el apoyo del estamento militar. Y lo malo es que, dentro del 80 por ciento del país que rechaza la constituyente, como afirman los estudios de opinión, parecen estar muchos uniformados. La oposición ha denunciado que hay militares activos presos por manifestar su descontento. Se habla de 15, de 18, de 80. El número no es tan relevante como la necesidad de contención. Y este martes, el mandatario cambió a todo su alto mando, un mes antes de lo habitual en protocolos militares. “Maduro busca eliminar toda disidencia en los venezolanos. Desde el ciudadano de a pie hasta el militar”, evalúa Clíver Alcalá.

Los nuevos mandos pertenecen a una generación que participó en la intentona de golpe de Estado que encabezó Chávez en 1992, que se ha mantenido fiel a las decisiones del gobierno nacional. Aun así, Henrique Capriles llamó a la Fuerza Armada (FAN) a “exigirle a Maduro que pare fraude constituyente”.

“El descontento no se visualiza en la FAN por las características de esa institución, pero esas fisuras existen”, dice Alcalá. Y el general retirado añade que “cuando la FAN se exprese será en su momento histórico, pero determinar cuándo sería especular”.

Entretanto, la cuenta de muertos en protestas subió este jueves a 75 personas, luego de que un guardia nacional asesinó a perdigonazos a un joven de 22 años en Caracas, apenas 72 horas después de que otros uniformados dispararan balas a una manifestación dejando como saldo otro civil muerto. La represión avanza, a plomo.

A quemarropa

La brutal represión del régimen de Maduro ha dejado 75 muertos en 83 días. La última víctima, de 22 años, causó horror en las redes sociales.

La diferencia entre la muerte del joven David José Vallenilla y la de las decenas de venezolanos reprimidos por el gobierno de Caracas es que la suya quedó grabada en video. El jueves, este estudiante de Enfermería estaba participando en una manifestación opositora que transitaba por la autopista Francisco Fajardo. A la altura de la base La Carlota, un militar le apuntó con un fusil y le disparó a quemarropa tres tiros en el tórax. Vallenilla se levantó tambaleando. Dio algunos pasos y volvió a caer para nunca más recobrar conciencia. Murió en la clínica El Ávila, a donde llegó agonizando.

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