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| 7/29/2017 6:25:00 PM

“Maduro se ha convertido en una pequeña Constituyente”

SEMANA habló con Asdrúbal Aguiar, reconocido jurista, político y escritor venezolano. Explica qué pasará después de la elección de la Constituyente, el papel de las fuerzas armadas y la situación al interior del gobierno.

SEMANA: ¿Por qué parece no tener freno la Constituyente?

Asdrúbal Aguiar: El sector más radical del chavismo responde mucho al lenguaje de la confrontación, la amenaza planteada por el presidente es que va a acabar con la oposición y a sacarla de raíz, va a cerrar la Asamblea Nacional, va a cambiar a la fiscal general. Nicolás Maduro se va a jugar una carta ante la tragedia real que vive, y es que una revolución de corte marxista-leninista que abandona las armas y llega por la vía del voto al poder, y hacen de la victoria electoral repetida el eje de su presencia dominante en el país en los últimos años, pero de la noche a la mañana la voluntad popular la perdieron de forma dramática y les queda al desnudo lo que era una mala democracia que pretendió sostenerse bajo la base del petróleo. Maduro lo dijo de forma muy clara: “Si ya no tenemos votos nos quedan las armas”.

Le recomendamos: ¿Cómo entender la crisis de Venezuela más allá de la coyuntura de la Constituyente?

SEMANA: ¿Qué va a pasar después de la elección de la Asamblea Constituyente?

A.A: De darse la Constituyente la situación el día lunes va a ser exactamente igual que la del día anterior. Venezuela es un país en el que la gente está comiendo de las bolsas de basura en las calles, donde tienen a lo sumo dos comidas en el día, en el que hay una crisis humanitaria inédita que no tiene comparación ni con los que han vivido la pobreza más extrema en América Latina, después de ser un país referente, solvente. Maduro se ha convertido en una pequeña Constituyente, ya ha anulado los poderes, qué más le queda por hacer. Los peligros no están por venir, ya llegaron. La Constituyente no va a cambiar la realidad humanitaria. Hay una hecho cierto, el ejercicio del poder mediante la represión sirve en los pueblos que tienen miedo, pero en el momento en el que la propia población pierde el miedo el gobierno pierde el poder.

SEMANA: ¿En Venezuela ya perdieron el miedo?

A.A: Ya lo perdieron. Llevar a una población a perder el miedo significa que perder la vida es tanto como tenerla, porque el nivel de frustración que sufre la población por ese declive tan agudo que ha tenido en su modernidad e índices de bienestar lo lleva a lo que se está viviendo en este momento. La generación de jóvenes, que es la que se siente más frustrada, ha optado por sobrepasar el control y los liderazgos políticos tradicionales, para ellos mismos por la vía de la protesta tratar de abrirse un camino hacia la libertad. La amenaza de Maduro no inhibe la protesta en el país, y eso es lo que más preocupa, que haya mayor violencia.



SEMANA: La oposición ha dicho que las Fuerzas Armadas deberían estar de su lado, ¿usted considera que esa es la solución?

A.A: La solución puede estar en el momento en que las fuerzas armadas tomen conciencia que no pueden seguir respaldando a un gobierno abiertamente represor, porque el costo de este proceso terminarán pagándolo fundamentalmente los militares. El Ejército no ha entrado en la confrontación todavía, por lo pronto han sido los cuerpos que tienen mayor vínculo con el orden público: la Guardia Nacional y la Policía Nacional, a los que se han sumado los grupos paramilitares o círculos  violentos armados de los que dispone el gobierno -que son básicamente militantes de base que usar armas de guerra como los que tiene la propia fuerza armada-. Si el nivel de violencia sigue creciendo, ¿estará dispuesto el Ejército a entrar a la confrontación? Cuando ellos sufrieron las consecuencias de los procesos judiciales que se abrieron en contra de las fuerzas armadas después del llamado Caracazo, la insurgencia popular de 1989. Yo me imagino que pueden estar paralizados pensando qué van a hacer.

Consulte: Militares, una fuerza política clave en Venezuela

¿Qué pasaría con los funcionarios del Gobierno?

A.A: En el caso de ellos la situación es distinta, uno nota que se ha producido una fractura muy severa. El problema que tiene Venezuela no es un problema político -hay que decirlo sin ambages- es un problema criminal. Para nadie es un secreto, esto está documentado, Venezuela desde 1999 firmó una suerte de pacto -nosotros lo llamamos macrovacuna- con las Farc, lo suscribe el presidente a través de su jefe de inteligencia el capitán Ramón Rodríguez Chacín, para acoger a las Farc en el territorio nacional venezolano, prestarlo como aliviadero frente a la guerra interna de Colombia, y a cambio las Farc se comprometía a no formar grupos de militantes en territorio venezolano sin la autorización de Hugo Chávez. También se comprometieron para ayudarse en el lavado de dinero mediante la creación de bancos de los pobres.

SEMANA: ¿Eso cómo impacta la situación actual?

A.A: Ese fue un tema que fue creciendo hasta que Venezuela se transformó en el circuito gerencial del tráfico de drogas que se produce en Colombia, ante esa realidad aquello se diluía en el tiempo de la bonanza petrolera. Pero cuando cae el precio del petróleo queda al desnudo el régimen, se descubre que están comprometidos con esa actividad los miembros del Gobierno a nivel de ministros, las fuerzas armadas y diputados del oficialismo. Entonces uno ve que los hijos de la familia presidencial son juzgados por narcotráfico y condenados en Estados Unidos; el vicepresidente, Tareck El Aissami, es señalado de ser la cabeza del terrorismo islámico en América Latina y ser una de las cabezas del negocio del narcotráfico; el ministro del Interior, el general Néstor Reverol, señalado por EE. UU. por sus vínculos activos y militares con el narcotráfico.

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SEMANA: Por el lado de la oposición se ha dicho que si Maduro cumple su palabra de perseguirlos les quedaría la cárcel, el exilio o una vida clandestina, ¿cómo lo ve usted?

A.A: Maduro no ha tenido en cuenta un hecho fundamental, Latinoamérica ha tenido dictaduras militares clásicas en donde se iban al exilio los dirigentes políticos, personas desagradables a la vista del dictador de turno. El problema es qué hacer con una población de 30 millones de habitantes que vive una crisis humanitaria y que está consciente de que esta fue producida por el régimen de Maduro. Él no logró vender -las encuestas lo revelan- la tesis de que había una conspiración económica internacional.

SEMANA: Ante ese panorama, ¿qué puede estar ocurriendo dentro del régimen? ¿Cómo conservarán el poder?
 
A.A: Maduro lo que imagino es que está intentando encontrar alguna fórmula que les permita seguir en el poder por lo menos ante el término del periodo constitucional -las elecciones tendrían que ser teóricamente en diciembre del 2018- a ver si ocurre una suerte de milagro y se revierte la crisis petrolera y se dispone de recursos generosos para seguir embobando a la población. La otra hipótesis es que no han encontrado una oferta que les permita algún grado de impunidad. Otra cosa que puede estar ocurriendo es que el poder está fracturado pero se mantiene unidos porque saben que solos no sobreviven, pero no les permiten a ninguno de sus actores tomar decisiones con autonomía. Maduro puede ser un preso del propio Diosdado Cabello y viceversa, por lo tanto Maduro no puede negociar su salida si no salva a Cabello, cada uno tiene su cuota en el poder.

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