Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1996/12/30 00:00

CRISIS ENTRE DOS MUNDOS

Las tensiones de Bielorrusia amenazan las nuevas relaciones entre Occidente y el antiguo imperio soviético.

CRISIS ENTRE DOS MUNDOS

Los grandes conflictos siempre empiezan por cosas pequeñas. En Bielorrusia, país europeo casi desconocido para Occidente, pero más poblado que Suecia o Suiza, el presidente Alexandr Lukashenko acaba de imponer, mediante un referéndum cuestionado por todos los veedores internacionales, una Constitución de claro corte autoritario. Más que la significación interna del plebiscito lo importante es que, por su ubicación estratégica, de paso entre Rusia y la Europa Occidental, Bielorrusia está en la encrucijada de dos bloques y de dos mundos. La ampliación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte _Otan_, que protegió a Europa Occidental durante la guerra fría, es una amenaza directa para Rusia. Si, como se piensa, Polonia, Chequia, Hungría y Eslovenia ingresan a esta alianza militar para el año 1999, los misiles nucleares norteamericanos podrían ser instalados al lado de Brest, la ciudad bielorrusa fronteriza con Polonia.El destino ha querido que el país sufra como pocos por su ubicación geográfica. La fortaleza de Brest, en el extremo occidental del país, fue la puerta de entrada de las tropas nazis aquel fatídico 21 de junio de 1941. Uno de cada cuatro bielorrusos murieron en la Segunda Guerra y su población judía fue diezmada. Hoy, en el lugar de cada casa, hay una campana que suena con el viento y en el centro de la aldea, en un pequeño parque, crecen tres arboles. El lugar del cuarto árbol está vacío, recordando a ese 25 por ciento de la población que pereció en el conflicto.Patria del pintor Marc Chagall, sus aldeas recuerdan la película de El violinista en el tejado, con sus viejas babushkas (abuelas) de pañoletas y botas de fieltro. Bielorrusia no tiene una identidad nacional propia. El idioma bielorruso sólo se oye en las estaciones de metro y en los noticieros oficiales, pero toda la población habla ruso.Luego de la guerra el gobierno soviético convirtió a Bielorrusia en uno de los puntales de la industria militar. Con una estructura económica de país avanzado, con pocos recursos naturales y fábricas gigantescas, cuya población gozaba de uno de los más altos niveles culturales de la Unión Soviética, con su ópera y su ballet, su circo y su orquesta, el país se vino a pique con la disolución de la Urss. Sus fabricas se paralizaron, sus tractores se enmohecen sin comprador, sus industrias petroquímicas se hunden en el olvido. A ello se agrega la catástrofe de Chernobyl en 1986, que contaminó la mayor parte de los suelos cultivables. Hasta el día de hoy hay que pensarlo dos veces antes de morder una manzana o de comerse una papa.Bielorrusia tiene un valor estratégico para el Kremlin, pues a través de la República pasa la principal carretera que une a Rusia con Europa, por allí pasará el principal gasoducto que trasladará el gas desde Siberia hasta París o Berlín y, porque, a pesar del estallido de la Urss, Brest continúa siendo la frontera occidental de Rusia.El dilema de Bielorrusia es decidir de qué lado está: si, como lo pretende su presidente, su futuro es ser una provincia más de Rusia, o si, como lo pretende la oposición encabezada por el Frente Nacional, debe seguir el camino de la vecina Polonia, integrándose cada vez más al bloque occidental, a la Comunidad Europea y, por supuesto, a la Otan. Esta contradicción desgarra a la República.Lukashenko, que antes de llegar a la presidencia era jefe de un 'koljoz' o granja colectiva, fue elegido en 1994 por un abrumador 80 por ciento de los votos. Era la expresión del descontento con los viejos comunistas, pero también con los dirigentes prooccidentales que gobernaron desde 1991, que prometieron el oro y el moro y que sumieron al país en una brutal crisis económica.Este personaje, que se ha atrevido a elogiar a Hitler en un país diezmado por los nazis, se erigió en el abanderado de la integración con Rusia. Con un discurso populista contra la corrupción y contra la Otan, se precia de haber sido el único diputado del Soviet Supremo que votó contra la disolución de la Urss en 1991. Lukashenko cerró todos los diarios de oposición, censuró las transmisiones de la televisión rusa y persiguió a los opositores nacionalistas. En la primavera, grandes manifestaciones de 30.000 a 50.000 personas conmovieron la República.Luego de su triunfo en el referéndum, Lukashenko extenderá su período hasta 2000. Acaba de crear un nuevo Parlamento, cuya Cámara Baja la conforman 110 diputados de los 190 que hacían parte del Parlamento anterior, y cuya Cámara Alta se formará con representantes del presidente y de los órganos locales. La reacción occidental no se ha dejado esperar: el Departamento de Estado de Estados Unidos anunció que no reconoce el resultado del referéndum y amenazó con la imposición de sanciones. El Parlamento Europeo apoyó a sus colegas del Parlamento bielorruso anterior y señaló que no permitirá el ingreso del país a las instituciones europeas.El gobierno ruso, que primero intentó mediar en el conflicto entre el Parlamento y el presidente, envió felicitaciones a Lukashenko por el referéndum. Aunque éste cumplió con la obligación de retirar las cabezas nucleares de su territorio la semana pasada, los signos de tensión son evidentes: amenaza de sanciones por parte de Estados Unidos, aislamiento de los organismos europeos, respaldo de Rusia y fortalecimiento de LukashenkoVolviendo al comienzo, todo conflicto grande empezó por uno pequeño. Ayer nadie sabía ni dónde quedaba Bielorrusia. Hoy es titular de primera plana de todos los periódicos europeos. ¿Será que la puja entre el Este y el Oeste, que no ha terminado, vuelve a desgarrar los destinos de este céntrico país? ¿Será que en Bielorrusia se está escribiendo una nueva página de la confrontación entre dos mundos?

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.