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| 3/6/2013 12:00:00 AM

Crónica de un día histórico

Las calles se pintaron de rojo y los chavistas lloraron la partida de su presidente "amigo". Por Catalina Lobo-Guerrero, corresponsal de SEMANA.

La capital venezolana se paralizó tras conocerse que el presidente Hugo Chávez había fallecido. No hubo forma de trasladarse de un lugar a otro. A algunos la noticia los agarró en la calle, a otros en un bus, y a la mayoría en sus sitios de trabajo, de los que salieron corriendo.

Los ruidos de las sirenas de los vehículos de la Policía y el sobrevuelo de varios helicópteros incrementaron las sensaciones de zozobra y tristeza que se apoderaron de la ciudad al caer la tarde.

En las calles se notaban caras largas y la gente andaba silenciosa, aunque en un edificio ubicado en el sureste de la ciudad, un vecino desconsiderado abrió sus ventanas de par en par y tocó a todo volumen un joropo antichavista para celebrar.

Los más fieles seguidores del comandante fueron al Hospital Militar Carlos Arvelo, ubicado al otro lado de la ciudad, desde donde el vicepresidente Nicolás Maduro dio la noticia al país, acompañado por varios de los ministros.

Unos 30 efectivos de la Guardia Nacional protegieron la entrada del centro médico. A las 5 de la tarde llegaron refuerzos antimotines para formar una barrera humana que resguardó aún más el ingreso, limitado a altos funcionarios de Gobierno, diputados del oficialismo, al fiscal general y a la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, entre otros cargos. Los funcionarios asistieron a una misa que se celebró en la nueva capilla aledaña al hospital que la hija de Chávez María Gabriela inauguró hace dos días. Allí, un poco desentonados, cantaron la canción Mi amigo del alma, del baladista brasilero Roberto Carlos.

En cualquier otro país políticos de oposición habrían acudido al hospital, pero aquí no, habría sido una provocación. Por eso, el gobernador Henrique Capriles, acompañado por otros integrantes de la Mesa de la Unidad, leyó un comunicado que fue transmitido por los medios en el que manifestaban sus condolencias y respeto por la muerte del presidente.

Pero ese mensaje es para sordos entre algunos chavistas que odian visceralmente a la oposición y que, horas antes, quizás, escucharon al vicepresidente Maduro decir que nombraría una comisión científica para investigar a los enemigos que le causaron el cáncer al presidente. “Es culpa de la oposición que Chávez se haya muerto”, gritaba una mujer histérica frente al hospital.

Por eso, la presencia en el hospital del canal de noticias Globovisión, identificado en Venezuela como un canal opositor, fue interpretada como una provocación. Los periodistas tuvieron que retirarse rápidamente porque unos chavistas quisieron agredirlos. Los seguidores del presidente estaban más que irritados con la presencia de las cámaras y muchos no estaban preparados para posar. Algunos miraban con desconfianza a los pocos periodistas de otros medios que había en el lugar.

Con pancartas; banderas; vestidos de rojo, el color que se convirtió en símbolo de la revolución socialista bolivariana comandada por Chávez, la gente se aglomeró sobre la avenida José Angel Lamas. Cantaron las consignas de siempre y el Himno nacional, y en un momento dado gritaron: 'Si se prende el peo, con Chávez me resteo'.

Quizá para que no se “prendiera”, salieron montados en una camioneta pick up blanca el general Wílmer Barrientos, el hombre encargado del orden público en el país, y el presidente del Banco Central de Venezuela, Nelson Merentes.

El megáfono por el que hablaron no logró transmitir el sonido muy lejos, pero la imagen que transmitieron esos dos hombres, civil y militar, montados y unidos sobre la camioneta, aparentemente funcionó. Los que estaban más cerca de ellos dicen que ambos dieron el mismo mensaje: que había que comportarse y actuar con fe, unidad y disciplina.

Pasadas las 8 de la noche, la gente permanecía en el lugar pero el ambiente era tranquilo, hasta silencioso a ratos. Los seguidores del presidente compartían en pequeños grupos sus comentarios, anécdotas y recuerdos de Hugo Chávez. Entre ellos estaba Amaly Angarita, una de las beneficiarias de una beca del Gobierno que le permitió estudiar gratis en la Universidad Simón Bolívar.

Entre lágrimas contó a otras extrañas, pero compañeras de tristeza en la calle, que tuvo el privilegio de ver a Chávez cuando inauguraron la universidad y que le agradeció personalmente todo lo que hizo por ella. “Chávez fue lo mejor”, dijo.

Algunos de los que estaban en la vigilia no sólo estaban preocupados por Chávez, sino también por sus familiares, con quienes no se habían podido comunicar en toda la tarde. Temían que hubiera saqueos en algunas áreas de la ciudad y que algo les hubiera pasado. “No queremos vivir otro 'Caracazo'”, dijo Milagros Villalba, quien vive en el popular barrio del 23 de enero. La incertidumbre sobre lo que realmente sucedía en la ciudad a esas horas se exacerbó porque las redes telefónicas se saturaron y no hubo señal durante varias horas.

Pero a las 9 de la noche, la ciudad que había colapsado horas antes estaba prácticamente desierta. Por las principales avenidas circulaban pocos carros. Los vagones del metro, que usualmente van hasta reventar, iban prácticamente vacíos. La mayoría de los caraqueños, acostumbrados a ver al presidente todas las noches por televisión, durante los últimos 14 años, estaban en casa, digiriendo la noticia amarga de que nunca volverán a ver, en vivo y en directo,  al comandante Hugo Chávez Frías.
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