Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1996/05/13 00:00

CRUCE A LA IZQUIERDA

Los comunistas, con un discurso de centro y el apoyo de la clase empresarial, podrian llegar este domingo por primera vez al poder en Italia.

CRUCE A LA IZQUIERDA


EN UN PAIS QUE EN 51 AÑOS ha llamado 55 veces a elecciones generales es muy difícil creer que unos nuevos comicios puedan ser considerados diferentes; sin embargo las votaciones que se llevarán a cabo el próximo 21 de abril en Italia sin duda serán muy particulares. Por una parte, es la primera oportunidad que éstas se realizarán durante un solo día y, por otra, porque esta vez los comunistas podrian resultar triunfadores después de medio siglo de derrotas.
Pero las banderas que hoy iza la izquierda no son las de la poderosa maquinaria marxista de hace dos décadas. La mayor fuerza comunista italiana es el Partido Democrático de la Izquierda =PDS=, una agrupación de centro que está comprometida con el libre mercado, la privatización y el equilibrio del gasto público. Su discurso es criticado por algunos sectores de la ortodoxia comunista, para los que el PDS no parece tener una idea muy clara de lo que significa ser de izquierda. Estos criticos sostienen que el partido tiene una sensación de ilegitimidad, "de que nunca van a poder convencer a los jefes empresariales y a los cardenales de que pueden gobernar".
A pesar de su moderación, el PDS no cuenta con las mayorias necesarias para formar gobierno y está obligada a recurrir a las coaliciones. Para el debate del 21 se ha unido, con una multiplicidad de fracciones contestatarias, bajo el nombre del 'Fuerza del Olivo', y con el Partido Centrista, la naciente colectividad del actual primer ministro, Lamberto Dini, que le dio su apoyo e inclinó la balanza a su favor. La unión no se ha logrado con base en un proyecto politico sino en la necesidad de consolidar un bloque fuerte que pueda derrotar al 'Polo de la Libertad', la coalición de Forza Italia de Silvio Berlusconi y la Alianza Nacional de Giancarlo Fini. Berlusconi espera que en esta oportunidad su gobierno tenga una mejor suerte que la corrida en 1994, cuando se vio obligado a abandonar el cargo sólo siete meses después de las elecciones.
Por lo que muestran las encuestas, los italianos le tienen más miedo hoy a la inestabilidad politica, en la que siempre han vivido, que al mismo comunismo: la cúpula económica le ha dado su apoyo al lider del PDS, Massimo D'Alema, y al candidato a primer ministro de la Fuerza del Olivo, Romano Prodi. Los empresarios confian en que un gobierno de centroizquierda logre la estabilidad y el control presupuestal que normalmente ofrecen los grupos de derecha.
Por otra parte, los seguidores de la Fuerza del Olivo guardan la esperanza de que las palabras de Lamberto Dini se vuelvan realidad y que el país alcance la tranquilidad en materia politica. Al anunciar la creación de su colectividad el actual primer ministro señalo que "estoy convencido de que gracias a este nuevo partido existe una posibilidad concreta de asegurar a Italia un período de estabilidad política, de gobierno eficaz, de una reforma radical del Estado".
La Fuerza del Olivo también tiene a su favor que el Partido Comunista permaneció en la oposición y que no formó parte de gobierno alguno. Cuando Silvio Berlusconi ganó en 1994 gran parte de su éxito obedeció a que era una figura politica nueva, que no pertenecía a la Democracia Cristiana ni habia sido alcanzado por el efecto dominó de 'Manos Limpias'.
El cambio de percepción de los antiguos enemigos del comunismo también ha ayudado a que la Fuerza del Olivo encabece los sondeos de opinión, pues para nadie es un secreto que la nueva postura política que ha asumido la Iglesia, al dejar en libertad a los creyentes para hacer su elección política, pesará a favor de la izquierda. En el pasado los estamentos religiosos eran los primeros en señalar que si sus fieles votaban por los comunistas serían excomulgados. La posición asumida por Estados Unidos también ha sido clave en este proceso: el presidente Bill Clinton ha negado que observe con reserva la posibilidad de que los comunistas lleguen al poder. Una declaración de esas en época de la Guerra Fría hubiese sido impensable.
Sin embargo el ascenso de la izquierda al poder en Italia no va a ser un proceso fácil, pues desde ya los analistas advierten sobre los desafíos a los que se verá abocada. A pesar de haber logrado un acuerdo con fines electorales, la Fuerza del Olivo no responde a una disciplina de partido: colectividades como Refundación Comunista (heredera del extinto Partido Comunista de Enrico Berlinguer) han anunciado que no se unirán a un gobierno de centroizquierda ni lo apoyarán automáticamente. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el protagonismo del PDS está dividido en dos figuras: el candidato a primer ministro Romano Prodi, que es la imagen pública, y D,Alema, quien se desempeña como secretario general del PDS. D'Alema sacó al PDS del abismo en que cayó en 1994 cuando fue derrotado de forma humillante por Forza Italia.
Claro que, como ocurrió dos años atrás, puede que la expectativa en torno a las elecciones sea demasiada frente a la gestión que logre desarrollar el gobierno de turno, porque en los regímenes parlamentarios no sólo basta conseguir el mayor número de votos sino que hay que asegurar las mayorías, y eso no siempre es tan fácil. Basta con mirar a José María Aznar en España para decirlo...

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