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| 7/22/1996 12:00:00 AM

CUENTA REGRESIVA

EN UN AÑO HONG KONG SERA PARTE DE CHINA. ESTE HECHO TIENE DE CABEZA A LOS SEIS MILLONES DE HABITANTES DEL TERRITORIO Y A LA COMUNIDAD INTERNACIONAL.

Durante los próximos 12 meses la medición del tiempo cambiará por completo en Hong Kong. Algunos sentirán que los días pasarán muy despacio, otros verán casi con horror cómo se acerca el primero de julio de 1997. Pero sin duda todos estarán atentos a cada tic tac de sus relojes pues nunca antes el tiempo fue tan importante. Ese día todo cambiará: Hong Kong, uno de los mayores símbolos del capitalismo, quedará bajo la tutela de la China comunista, heredera del país que hace 98 años acordó con Gran Bretaña un contrato de arrendamiento mediante la Segunda Convención de Pekín. Aunque está previsto que Hong Kong viva un proceso de transición de 50 años, para evitar cambios abruptos, lo cierto es que en el grueso de la población existe gran incertidumbre por lo que será su suerte una vez hayan pasado los 12 meses. Las señales enviadas por el gobierno de Beijing hacen pensar que la mano dura se impondrá. No tolerará, por ejemplo, marchas como la que hace un par de semanas realizaron 25.000 personas para conmemorar la masacre de la Plaza de Tiananmen. A la actitud desafiante de China, se suma el hecho de que algunos de los temas más sensibles aún están por definir. Este es el caso de la protección de los derechos humanos, asunto que todavía no ha sido incluido en la agenda de negociaciones que vienen adelantando Gran Bretaña y China. El pueblo de Hong Kong está buscando que tanto este tema como el de la conservación de su concejo legislativo sean incluidos dentro del orden constitucional chino. El temor popular ha alcanzado tales proporciones que muchos de los seis millones de habitantes de la isla están tratando de conseguir un pasaporte ojalá británico que les permita abandonar la ciudad antes de la hora señalada. Pero no todos temen por la llegada del comunismo. Quienes están más contentos con la integración son los magnates. Ellos han iniciado grandes acercamientos con el gobierno de Beijing, a fin de explotar en las mejores condiciones el espectacular mercado que se abrirá a sus pies cuando Hong Kong y China se conviertan en un solo estado. Las voces de protesta no se han hecho esperar y los nuevos admiradores por conveniencia del sistema comunista son llamados desde ya traidores. El problema se agrava porque éstos tienen una fuerte representación en el Comité Preparatorio, grupo que está encargado de manejar el proceso de transición. Lo que muchos temen es que el Comité Preparatorio se vaya a prestar para montar un gobierno marioneta, manejado directamente por Beijing. El gobernador de Hong Kong, Chris Patten, se ha empeñado en evitar que una situación como esta se presente; además ha librado una dura batalla por preservar el naciente sistema democrático. A un año de la unificación, sigue vigente la tesis de Beijing de 'Un país, dos sistemas', que alude a la permanencia del capitalismo en la antigua colonia británica. Por eso muchos piensan que los temores de quienes piensan que Hong Kong será sujeto al totalitarismo colectivista son infundados, entre otras cosas porque una gran área del país, precisamente la que limita con Hong Kong, ya vive en un virtual capitalismo salvaje. Pero muchos señalan que el gobierno chino es capaz de todo, desde aplastar físicamente a los manifestantes prodemocracia de Tiananmen, hasta sofocar un país, como hace en el Tíbet. De tal manera que, según sostienen los temerosos, una vez se marchen los británicos nada garantizará que los chinos de Beijing cumplan sus compromisos. Pero tampoco hay que olvidar que las relaciones de China con los países del hemisferio occidental tienen varios puntos de tensión y que el cumplimiento de los acuerdos previstos con Hong Kong sin duda estarán sobre la mesa.
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