Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/09/20 00:00

Cueste lo que cueste

Aunque señalan que la nueva Constitución será aprobada el próximo domingo, el presidente Rafael Correa está en el filo de la navaja.

La última confrontación de Rafael Correa ha sido con la Iglesia. Arriba, la marcha convocada por los prelados el 14 de septiembre en Guayaquil contra la nueva Constitución

El presidente Rafael Correa se acerca a una prueba de fuego para cumplir su promesa de ‘refundar’ Ecuador. Aunque su popularidad ha descendido al 56 por ciento, luego de haber llegado al poder con casi el 80 por ciento de aceptación, el mandatario está seguro de salir airoso el próximo domingo en el referendo para aprobar la nueva Constitución. Una victoria política que le permitirá poner en marcha diversos cambios enmarcados en el llamado Socialismo del Siglo XXI, así como la posibilidad de mantenerse en el poder hasta 2017.

No obstante, si bien el triunfo se avizora sin mayores problemas –aunque apretado en lugares como Guayaquil, donde el No es la tendencia mayoritaria– al mandatario le quedará muy difícil mantenerse otros ocho años en el poder, ante el estado de polarización al que ha llegado el país. Correa se ha empecinado en enfrentarse con todo aquel que se atreve a contradecirlo. Tiene problemas con la prensa a la que señala de “mediocre y corrupta”, así como con periodistas a quienes ha calificado como “bestias salvajes”, “ignorantes” o “pitufos”.

Igualmente, sus últimas confrontaciones han sido con los jerarcas de la Iglesia Católica a quienes declaró la guerra porque los prelados critican la nueva Constitución al indicar que contiene puntos “no negociables”, con lo que se refieren, entre otros, al aborto y los matrimonios entre personas del mismo sexo. Correa acusa a “estos curitas” de haberle “clavado un puñal por la espalda”.

Pero los opositores sostienen lo contrario: quien clava los puñales por la espalda es Correa. Recuerdan los casos del ex presidente de la Asamblea, Alberto Acosta, íntimo del jefe de Estado, quien dimitió de sus labores ante las presiones oficiales para acelerar la aprobación de la Carta Magna. Ante la sorpresiva salida de Acosta, Correa lo calificó de “infiltrado”. Igual ocurrió con la dirigente indígena, ex asambleísta y ex secretaria de Comunicación de la Presidencia, Mónica Chuji, quien se retiró del movimiento oficialista Alianza País (Patria Altiva y Soberana) por las continuas críticas de Rafael Correa. “Yo creo en el diálogo, en los consensos, no en la represión que practica este gobierno”, dijo a SEMANA.

Algo similar sucedió con la hasta el lunes pasado ministra de Economía Wilma Salgado, quien renunció luego que el Presidente dijo que en esa cartera existían “mafias corruptas” y que las cifras presupuestales que presentaba la titular estaban equivocadas y “mejor las hubiera hecho un niño de 6 años”.

Los promotores del No, encabezados por el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, sostienen que el problema del gobierno es que miente. Nebot dijo a SEMANA que la Constitución afectará a los ecuatorianos en su bienestar, además del municipalismo y la autonomía, por ser absolutamente centralista y recalcó que apunta al totalitarismo.
Para completar, hay serias denuncias en el sentido de que una cosa aprobaron los asambleístas y otra está impresa en el libro constitucional. Según explicaron a SEMANA varios analistas, son muchas las coincidencias entre el proyecto de Constitución del Ecuador y la Carta Magna de Venezuela, a lo que se suma que algunos sondeos indican que el 90 por ciento de los ecuatorianos desconoce el contenido del texto. Los últimos sondeos daban más del 50 por ciento de preferencias al Sí, frente a un 36 por ciento que estaría por el No, pero el poder decisorio estaría en un enorme porcentaje de indecisos.

“Leídos en su conjunto sus más de 500 artículos este no pasa de ser un proyecto hiperpresidencial, estatista, centralista y contrario a una democracia profunda”, dijo a SEMANA el catedrático y jurista César Montúfar.

El presidente Rafael Correa, mientras tanto, rechaza la acusación de que pretende convertirse en dictador y alertó que la oposición planea realizar “paros violentos y seudoatentados” para desgastar su imagen. En medio de la fogosa campaña electoral, el Sí tiene todas las posibilidades de imponerse, pero de ser por escaso margen, Ecuador –el país más inestable de la región– puede verse de nuevo ante el abismo.
 

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