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| 3/12/1990 12:00:00 AM

Cuestión de tiempo

Se buscan fórmulas para la inevitable reunificación de Alemania.

La pregunta sobre la reunificación de Alemania ya no es si alguna vez se concretará, sino cuándo. Esa impresión se apoderó de Europa entera desde cuando a finales del mes pasado el presidente soviético Mijail Gorbachov, quien había sido reticente a la idea de perder su esfera de influencia sobre la parte oriental del país, y advertido que la reunificación de Alemania estaba aún muy lejos, aflojó su postura y le dio el visto bueno. Pero desde entonces las cosas han ido adquiriendo la velocidad usual en los procesos que se viven en todos los países de Europa Oriental.
El gran detonante de la situación ha sido el éxodo ininterrumpido de alemanes del Este hacia la República Federal, que llega ya a más de 70 mil en lo que va corrido del año y amenaza con llevar a la quiebra a la ya maltrecha economia de la otra Alemania. Pero si a ese lado de la frontera las cosas empeoran, del lado federal el asunto comienza a cobrar su tarifa. El déficit de presupuesto de la RFA crece a medida que los programas de ayuda a su hermana pobre aumentan. El ministro de finanzas de Bonn, Theo Haigel, anunció la semana pasada un presupuesto adicional para 1990 de 6.900 millones de marcos para financiar las reformas que se llevan a cabo en Alemania Oriental y para atender los costos generados por el reasentamiento de más de 400.000 inmigrantes estealemanes que se establecieron en el país durante el año pasado. El influjo de inmigrantes ha tenido un efecto demoledor además sobre la rata de desempleo de Alemania Federal, que creció en sólo un mes de 8 a 8.5%
Pero aunque esos índices continúan siendo favorables y siguen indicando una economía a toda prueba, en el gobierno de Alemania Federal crece sensación de que el problema de reunificar a Alemania no sólo es un ideal expresado en la Constitución oestealemana y un deseo guardado en el corazón de todos los ciudadanos, sino un imperativo económico para enfrentar una situación que en el curso de unos cuantos meses más podría tornarse inmanejable.
Pero el problema no es sólo económico. Para nadie es un misterio que la reunificación de Alemanía propone nuevos desafíos al orden internacional, pues el peso específico de una Alemania Unida en Europa, podría cambiar el centro de gravedad de la política europea. Por eso, las grandes potencias, que llevan a cabo reuniones incesantes sobre el tema barajan ya las posibilidades sobre el alineamiento de esa nueva potencia.
Para los norteamericanos, Alemania debería formar parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte OTAN, pero con la advertencia de que no se estacionarían tropas de esa alianza en el territorio de lo que fue la RDA. Ese plan, ideado por el ministro de Relaciones Exteriores oestealemán Hans Dietrich Genscher, pasaría por unas condiciones norteamericanas según las cuales las fronteras de Alemania no se moverían, la decisión de reunirse debería ser tomada en forma enteramente democrática y, para proteger la estabilidad de Europa, el plan tendría que ser llevado a cabo paso por paso.
Otra es la aproximación del primer ministro comunista de Alemania Oriental, Hans Modrow, para quien la reunificación debería llevar a un país enteramente neutral, lo que se compagina con la afirmación hecha por Alexander Yakovlev, el ideólogo de la perestroika, quien al salir del Pleno del Comité Central la semana pasada afirmó que la URSS vería con buenos ojos "una Alemania europea y no una Europa alemana".
En espera de las elecciones de marzo la RDA, señaladas por tirios y troyanos como el momento crucial de la reunificación, el canciller federal Helmut Kohl propuso ir adelante con un programa calificado de "visionario" por sus partidarios e "iluso" por sus detractores. El plan consistiría en la integración de la economía estealemana al marco occidental (Deutsche Mark) que según él sería la única solución inmediata para el "severo deterioro sicológico que se experimenta en la República Democrática Alemana". Pero el plan ya ha recibido fuertes críticas a ambos lados de la frontera, con los oestealemanes afirmando que su implementación resulta demasiado complicada y los estealemanes diciendo qúe lo que requieren es la escalada de su paquete de ayudas.
No obstante, los mayores escollos son de tipo político, pues el plan implicaría una cesión importante de soberanía, lo que no parece factible antes de que la reunificación alemana sea un hecho cumplido. El ministro de economía oestealemán, Helmut Haussman,presentó la semana pasada el plan, que incluiría tres fases. En la primera, se requeriría la toma de medidas en Alemania Oriental para introducir la libre empresa, la propiedad privada de las industrias, inversión extranjera sin restricciones y la introducción de un sistema bancario al estilo occidental. En la segunda habría surgido un mercado de capitales y una industria competitiva y libre transferencia de utilidades. En la fase tres las economías estarían enteramente integradas.
Según el programa, la integración se completaría antes de 1993 mientras Bonn continuaría cumpliendo sus compromisos con la CEE. Pero muchos opinan que para entonces, probablemente el país será ya uno solo.
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