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| 9/2/2002 12:00:00 AM

¿Cuestionable?

La ilegalización de Batasuna, brazo político de ETA, aunque justa podría resultar poco inteligente.

Para la policia no ha sido fácil cerrar los locales del recién ilegalizado partido independentista vasco Batasuna. En Bilbao, para llegar a la sede donde se encontraba el vocero de la organización, Arnaldo Otegui, la policía autónoma vasca tuvo que abrirse paso entre los manifestantes a punta de bolillazos. Las autoridades se demoraron 45 minutos en tumbar la puerta, pues era blindada. Adentro encontraron a los funcionarios encadenados al balcón y tuvieron que sacarlos a la fuerza. Escenas igualmente violentas se vivieron en otras capitales vascas. En Pamplona la policía no sólo cerró las sedes de la organización sino tres locales de reunión, o Herriko tabernas, y advirtió a los dueños de un restaurante que éste sería clausurado si volvían a acoger una reunión de Batasuna.

La policía cumplía un auto emitido por el juez Baltasar Garzón, que ordenó el cierre de locales y de actividades de Batasuna por tres años. La decisión se basó en el cumplimiento de una ley recientemente aprobada que contempla la ilegalización de partidos que no condenen los actos de terrorismo. Al mismo tiempo el Parlamento votó por 295 de los 334 miembros a favor de alentar al gobierno para pedir al tribunal supremo la ilegalización definitiva de Batasuna, considerado casi unánimemente el brazo político de ETA.

Semejante acorralamiento fue el resultado de 25 años de batalla para limitar las operaciones de esa agrupación política. Batasuna fue creado en 1978 por una coalición de nacionalistas vascos radicales y desde entonces ha sido un aliado cercano de ETA. Muchos reconocidos terroristas han comenzado su carrera en las juventudes del partido, las publicaciones de Batasuna tratan como héroes a los milicianos de ETA y en ningún momento el partido ha condenado un ataque terrorista. El auto de Garzón documenta además que Batasuna recaudaba las extorsiones de ETA, servía de mecanismo de presión de los terroristas a medios de comunicación, se comunicaba a diario con ciertas claves preestablecidas, atendía todas las exigencias de nombramientos que le hacía ETA y recibía financiación de ésta para proyectos legales.

Sólo el 10 por ciento de la población vasca apoya el deseo independentista de ETA y de Batasuna, pues la legislación actual le da una enorme autonomía a la región -tiene su propio Parlamento y maneja autónomamente la educación, el transporte, el comercio, el desarrollo y la salud-. Batasuna tiene un electorado que le asegura en forma irregular unos 150.000 votos. En las elecciones parlamentarias de 2001 su votación cayó a los niveles de 1979 y el bajonazo se interpretó como una censura de los vascos por los atentados terroristas de ETA, que se han llevado la vida de 800 personas en los últimos 32 años.

La controversia

Pero a pesar del reducido apoyo electoral de Batasuna y aunque casi nadie duda que el partido y ETA hacen parte de una misma organización, la ilegalización de Batasuna es muy controversial. Para empezar, se trata de un partido democráticamente elegido, lo que hace pensar a algunos que los derechos civiles de los votantes vascos están siendo pisoteados. Un comunicado de la organización Libertad Antiimperialista que llegó a manos de SEMANA alcanzó el extremo de comparar la medida con las de la Inquisición y a sugerir que se trataba de un crimen estratégico de los demás partidos españoles para repartirse los puestos parlamentarios de Batasuna.

Para otros no se trata de una movida antidemocrática. La profesora Edurne Uriarte, del departamento de ciencia política de País Vasco, dijo a SEMANA que "la democracia no es un sistema político en el que cada individuo o partido puede hacer lo que se le dé la gana, sino que es un sistema político de competición y diálogo en el que se persiguen consensos entre los intereses enfrentados sobre la base de unos principios éticos y políticos fundamentales; cuando esto no se logra, como en el caso de Batasuna, el Estado debe utilizar todos los instrumentos dentro de un marco legal y constitucional para combatir esos brotes que no son expresión de democracia como se autocalifican sino de terror y anarquismo".

Pero por otro lado, aunque a nadie le gusta negociar con partidos vinculados a grupos terroristas, esta fue la manera como en Irlanda se logró poner fin al derramamiento de sangre. Hay quienes opinan que en España se estaría en cambio cerrando ese camino para llegar a una solución política del conflicto. En efecto, el paralelo de Batasuna con Sinn Fein fue evidente para todos los ingleses e irlandeses que participaron en el chat de la BBC sobre el asunto del partido español, y todos estuvieron de acuerdo con que se trataba de una decisión torpe.

Pero más grave aún es que la censura de Batasuna, aparte de ser un gesto simbólico de intolerancia con el terrorismo, no va a servir para nada. La medida no sólo no tendrá como consecuencia el fin de la violencia terrorista de ETA, como los mismos parlamentarios que votaron por ella reconocen, sino que, al contrario, sí puede incrementarla. El propio Otegui afirmó que su partido va a seguir funcionando aunque no usará públicamente las siglas de Batasuna. En cambio es probable que en el corto plazo la violencia y el apoyo a ETA se incrementen. En efecto, al día siguiente en que Garzón dictó el auto contra Batasuna, y a las pocas horas de la clausura de la sede de Pamplona, la policía desactivó una bomba en Tolosa. Aunque desde un punto de vista moral y legal la ilegalización de Batasuna puede ser justa, desde un punto de realismo político y estratégico sigue siendo cuestionable.
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