Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/11/21 00:00

Darfur: cada minuto cuenta

El mayor drama humanitario del mundo se convierte en una catástrofe anunciada. Testimonio de una colombiana desde el lugar de los hechos.

En Deribat, en las montañas del sur de Darfur, los habitantes celebran la llegada de rebeldes del Ejército de Liberación de Darfur, el 16 de noviembre. En 22 meses 1.500.000 personas han sido desplazadas. La situación es tan grave, que por primera vez en la historia el Consejo de Seguridad de la ONU sesionó en la vecina Kenya.

Tendida sobre un catre de madera y cabuya, con un trapo de flores como colchón, Fatouma, una mujer de unos 20 años, amamanta a su bebé recién nacido. Su techo, otro pedazo de tela roja suspendida de cuatro palos, apenas resguarda a la madre y al hijo de un sol que pareciera querer quemar todo lo que toca. Un techo que tampoco sirvió para protegerse de la época de lluvias que acaba de terminar y no protege del polvo que levanta el viento de esta tierra árida y rojiza en el campo de desplazados internos de Kalma, al sur de Darfur en Sudán. "Mi hijo nació aquí en Kalma. Logré escapar de mi aldea estando embarazada... Una noche llegaron unos hombres en camellos y caballos arrasando con todo... Tuve miedo, incendiaron mi casa y las de los vecinos, violaron a las mujeres... mataron a mi marido", cuenta Fatouma con la voz temblorosa.

Decenas de niños curiosos merodean el cambuche de Fatouma apenas notan que la estoy entrevistando. Tienen los pies descalzos, las caras sucias, ropas usadas y rotas, los cabellos casi rubios de tanto polvo, y algunos tienen evidentes signos de desnutrición. Ellos gritan alegres "¡okay okay okay!", el saludo oficial que los pequeños lanzan a cuanto extranjero llega a Kalma. La mujer continúa alimentado su bebé y mientras me cuenta su historia, señala a una niña de unos 7 años que hace parte del tumulto que quiere tocar a la extranjera. La niña levanta su vestido rosado, muestra una herida infectada en su muslo derecho y dice: "Fueron los hombres con camellos que me hicieron mal... ellos mataron a mi mamá y a mi papá". Su mirada es profundamente triste y desesperanzadora. Su pierna quizás no resista los efectos de lo que parece una gangrena. Los "¡okay okay okay!" de los niños se silencian como en un gesto de solidaridad con la pequeña.

Esto es sólo un reflejo de la tragedia de Darfur calificada por Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas, de ser el peor desastre humanitario de este siglo.

El hambre acecha a Kalma

A principios de 2004 el gobierno sudanés decidió que en la zona de Kalma, a 45 minutos de Nyala, la capital del sur de Darfur, se podrían acomodar unas 25.000 personas desplazadas. Las organizaciones internacionales de ayuda humanitaria empezaron su labor, pero no imaginaron que en julio -seis meses después- tendrían que asistir a 50.000 personas, el doble de lo esperado, y que en octubre serían más de 90.000, la mayoría mujeres, ancianos y niños. Y que aún hoy los desplazados continúan llegando. "Llegué hace una semana a Kalma, caminé dos días junto con mis hermanas... Aún no he recibido comida, tengo mucha hambre", cuenta Rihab, una joven que hace parte de las 1.500 familias que llegaron en la última semana a Kalma.

En la actualidad recorrer este campo de desplazados en carro puede tomar casi una hora. El desborde de Kalma es evidente y sobrepasa la capacidad de las organizaciones humanitarias que tratan de responder a las necesidades básicas de los habitantes. El hecho de que Rihab, la joven recién llegada, no haya recibido comida en una semana no es raro. Según un sheikh, líder religioso de la comunidad, algunas personas deben esperar hasta un mes para recibir su primera ración de cereal, aceite y sal. "Cuando las personas nuevas llegan aquí, los 'shikhs' registramos las familias que tenemos a cargo con los encargados de distribuir la comida. Pero el proceso es largo y estos organismos sólo hacen la distribución de alimentos una vez al mes", cuenta el hombre de túnica blanca, en tono desesperado.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) estima que dos millones de darfurianos requerirán la ayuda alimentaria en los próximos meses. Hoy el PMA sólo distribuye alimentos a 1,3 millones de personas. Por su parte, el Comité Internacional de la Cruz Roja (Cicr) asegura que la crisis de Darfur puede provocar una hambruna peor que la sufrida en Sudán en los 80.

Ante las difíciles circunstancias, organizaciones internacionales de ayuda humanitaria como Oxfam, Unicef, Médicos sin Fronteras o Visión Mundial, ofrecen algunas alternativas. Oxfam emplea en Kalma más de 200 personas desplazadas. Algunos hacen parte de los comités de promoción de salud y otros trabajan en la minifábrica de letrinas de cemento que la organización creó en Kalma. Médicos sin Fronteras abrió una clínica en el campo, Visión Mundial distribuye alimentos del PMA y Unicef maneja tres escuelas temporales.

Desafortunadamente, estas organizaciones apenas alcanzan a responder a la crisis. Les faltan recursos, como le faltan a la ONU, que de los 531 millones de dólares que pidió para responder a la emergencia, sólo ha recibido un poco más de la mitad: 276 millones de dólares. "Algunos de los países más ricos en el mundo son los donantes más pobres. Si estos gobiernos y la comunidad internacional no proveen los fondos, otros miles de personas pueden morir", explica Adrian McIntyre, trabajador humanitario de Oxfam.

El inicio de la tragedia

Darfur es una región pobre y árida al oeste de Sudán -el país más grande del continente africano- un Estado islámico que ha vivido 21 años de guerra civil entre el norte y el sur del país. Los seis millones de habitantes de Darfur son en su mayoría pequeñas tribus de agricultores que cohabitan con tribus árabes nómadas dedicadas al pastoreo. "Las disputas entre los árabes nómadas y los agricultores negros de las tribus Fur, Massaleet y Zagawa, por el acceso a tierras y áreas de pastoreo fértiles en Darfur, se han incrementado en los últimos años. La desertificación que avanza a pasos de gigante, la sequía y la politización de la diversidad étnica son algunas de las causas", explica Hussein, un darfuriano que trabaja en Kalma con una organización humanitaria internacional.

El conflicto en Darfur estalló a comienzos de 2003, cuando rebeldes del Ejército de Liberación de Sudán y el Movimiento por la Justicia y la Igualdad atacaron instalaciones militares del gobierno sudanés. Los rebeles acusaban al gobierno central de oprimir a la población negra y demandaron una mayor autonomía y mayores recursos para su región. Aviones del gobierno y milicias árabes progobierno conocidas como Janjaweed contraatacaron sin discriminar entre soldados rebeldes y la población civil.

El conflicto y la crisis humanitaria en Darfur han cobrado la vida de más de 70.000 personas. Según la ONU hay 1,6 millones de desplazados internos y 200.000 refugiados en Chad, país vecino. A pesar de la atención que la crisis ha recibido de la comunidad internacional y de la visita de dignatarios extranjeros en los últimos meses, entre ellos Koffi Annan,

Colin Powell y Tony Blair, la situación en Darfur va de mal en peor.

El enviado especial de la ONU para Sudán, Jan Pronk, denunció el 2 de noviembre el aumento de la violencia en Darfur, tanto por las fuerzas gubernamentales y las milicias como por los movimientos rebeldes que violaron el alto el fuego firmado en Yamena, capital del Chad, el 8 de abril pasado. Denunció además que nuevos grupos rebeldes estaban apareciendo en la zona, que la distribución de ayuda humanitaria es cada vez más difícil y peligrosa por el bandolerismo y las minas terrestres y que el gobierno ha violado el derecho internacional humanitario al trasladar por la fuerza a 2.000 sudaneses de dos campos de refugiados ubicados cerca de Nyala.

Una misión exploratoria de Oxfam llevada a cabo en los últimos días afirmó que más de 100.000 personas se encuentran literalmente sitiadas en distintos poblados de la provincia. "Estamos ante una situación de pueblos cautivos. Cuando las mujeres y las niñas salen del perímetro de los poblados, están expuestas a palizas e incluso violaciones por parte de los grupos armados, y a los hombres se les amenaza con matarles si salen del pueblo", detalló McIntyre.

La complicada búsqueda de una solución

El gobierno de Sudán y los grupos rebeldes de Darfur (el Movimiento para la Justicia y la Igualdad y el Movimiento de Liberación de Sudán) firmaron dos acuerdos el pasado 9 de noviembre para poner fin al conflicto en la región. Las negociaciones fueron auspiciadas por la Unión Africana (UA), organismo creado hace dos años por 53 Estados africanos cuyo objetivo es la paz, la seguridad y la estabilidad del continente.

En octubre, el Consejo de Paz y Seguridad de la UA aprobó una fuerza multinacional para monitorear el alto el fuego y proteger civiles bajo peligro inminente en Darfur. Esta fuerza estará compuesta por más de 3.000 efectivos de Nigeria, Ruanda y otros cinco países africanos. "Se trata de un gran reto para la UA. esta es la primer vez que desplegamos una fuerza multinacional, con control y comando sobre sus tropas", explicó Olusegun Obasanjo, presidente de la UA.

Por su parte, el Consejo de Seguridad de la ONU ha pasado hasta ahora dos resoluciones amenazando al gobierno de Sudán con sanciones si no desarma los Janjaweed y protege a los civiles. El 18 y 19 de noviembre se celebró una sesión especial del Consejo de Seguridad de la ONU en Nairobi, en la que se consideraron 'acciones' contra las partes del conflicto que no implementen el alto el fuego, la protección de civiles y que no cooperen con la fuerza de la UA.

Del éxito o fracaso de estas gestiones dependen las vidas de muchos civiles inocentes que como Fatouma y su hijo recién nacido se han visto afectados por un intenso conflicto que tiene sumida a esta región del oeste de Sudán en una gran miseria y desesperanza.

En Darfur cada minuto cuenta para salvar vidas.

*Lina estuvo tres semanas en octubre en el sur de Darfur. Ella es colombiana y trabaja en Canadá con Oxfam-Quebec.

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