Martes, 24 de enero de 2017

| 1994/04/04 00:00

DE DEBACLE EN DEBACLE

Enfrentado a un panorama cambiante, d gobierno venezolano se enreda en problemas como el del Banco Latino.

DE DEBACLE EN DEBACLE

JUSTO CUANDO TENIA TODAS LAS SOLUCIOnes, a Rafael Caldera le cambiaron los problemas. Por esa razón Venezuela parece ahora una enorme trampa de arenas movedizas que se traga al gobierno cada vez que se mueve. Desde antes de asumir la presidencia, Caldera hizo saber que con su Programa de Febrero derrotaría el inmenso déficit fiscal de 400.000 millones de bolívares, la inflación del 36 por ciento, la evasión tributaria del 60 por ciento, y el desempleo del 12 por ciento. De paso, todo indicaba que solucionaría problemas como el IVA, el empobrecimiento sistemático de las gentes, y la especulación y la corrupción generalizadas.
Pero muy pronto quedó claro que hubiera sido mejor guardar silencio. Días antes de la posesión, el Banco Latino, el segundo de Venezuela en captaciones y el primero en irresponsabilidad, se fue al abismo en minutos, pese a la intervención del Estado. En su caída estuvo a punto de arrastrar a los demás bancos, que se pudieron salvar por acción del gobierno, que muy poco pudo hacer, en cambio, para impedir que 1.2 millones de personas perdieran sus dineros en depósito. El cataclismo del Latino, según Caldera, obligó a soluciones de emergencia para todo el sistema financiero, que requirió 300.000 millones de bolívares para evitar el hundimiento de seis pequeños bancos, ahora manejados por el Estado como accionista mayoritario.

CRISIS SINTOMATICA
En la crisis del Banco Latino es donde el conflicto venezolano se compendia con más fuerza. Allí no puede hablarse de un simple desajuste del sistema financiero, pues en el caso del Latino están presentes todos los ingredientes políticos, económicos y sociales de la crisis venezolana.
La influencia en la economía de la quiebra del Latino es obvia por el tamaño del hueco: hoy los interventores están hablando de una cifra que se movería entre los 2.000 y los 3.500 millones de dólares, una cantidad enorme para cualquier economía del Tercer Mundo.
Se dice que tiene elementos políticos, porque se atribuye una estrecha vinculación con la quiebra al entorno del ex presidente Carlos Andrés Pérez y a los cogollos de los partidos tradicionales, Copei y AD, esto es, a los miembros de las esferas más encumbradas de esas organizaciones políticas.
Según sus enemigos, Pérez habría iniciado la conchupancia político-financiera hace 20 años, en su primer gobierno, con su grupo de amigos, los Doce apóstoles, los cuales tuvieron algo que ver con el Latino y de quienes la principal figura era Pedro Tinoco, ya fallecido.
Por otra parte, el hoy fugitivo presidente del banco, Gustavo López Gómez, habría querido propiciar, de acuerdo con sus enemigos, un golpe de estado cuando se convenció de que su banco estaba irremisiblemente perdido.
Para complicar las cosas, el episodio se ha convertido en un nuevo campo de batalla para los dos conglomerados antagónicos de Venezuela. El Grupo Phelps, representado por Marcel Granier y cuya nave insignia es el Diario de Caracas, se ha dedicado a azuzar el avispero, por cuanto su adversario, el Grupo Cisneros, tiene mucho que ver con la quiebra y uno de sus integrantes, Ricardo Cisneros, formó parte de la junta y está entre los 83 ejecutivos vinculados al proceso penal.
Se trata, como dice el músico Aldemaro Romero en un popular programa de radio, de los "Capuletos y Montescos" venezolanos, cuya pelea "está haciéndole un daño muy grave al país". No es para menos, pues el drama del Latino ha sido promovido al rango de telenovela diaria, lo que resulta muy perjudicial en un tema como el bancario, que depende de la confianza popular. A tiempo que el Diario de Caracas sostiene que del banco desaparecieron 3.500 millones de dólares, las emisoras radiales y de televisión del mismo grupo magnifican hasta lo patético el daño sufrido por los ahorradores. En un caso típico aparece en el noticiero de Radio Caracas Televisión un hombre desesperado que dice que hay que hacer justicia por la propia mano y marchar a tomarse a Venevisión, la cadena rival del Grupo Cisneros.
Venevisión, por su parte, asumió la postura de clamar por una investigación a fondo y por el castigo para los responsables, con López Gómez y su administración en primer lugar. Este y Siro Febres-Cordero, otro de los dueños e inculpados, contestan que la actitud de Venevisión es inexplicable, por que el Grupo Cisneros era el mayor beneficiario de créditos (deben, según él, 20.470 millones de bolívares, el 13 por ciento de la deuda consolidada) y el mayor consejero de López Gómez era precisamente Ricardo Cisneros, con quien se reunió, en palabras de Febres-Cordero, en Santo Domingo (República Dominicana), Palm Beach (Estados Unidos) "y otros lugares escondidos".

¿CHIVOS EXPIATORIOS?
Luego de que al final de la semana pasada la jueza Diamora Ramírez de Siancas diera a conocer la lista de 83 banqueros acusados penalmente (con nombres como Giacomo León y Antonio Ugueto, apellidos intocables), muchos observadores coinciden en señalar que la búsqueda de culpables sólo contribuye a aumentar la desconfianza en el sistema financiero. El mismo Gómez López ha dicho que si se le echó mano al Banco Latino fue por razones políticas, pues el problema es estructural.
En efecto, un importante banquero venezolano describió la caída del Latino y el tropezón consiguiente de ocho bancos más como "una tragedia anunciada". Entre los operadores cambiarios es claro el fenómeno: a partir de 1989, cuando comenzó a modernizarse la economía, se estableció una dinámica informal con el Banco Central, según la cual los intentos por bajar las tasas de interés eran respondidos por un incremento de la demanda de divisas y la consecuente devaluación de la moneda. Pero cuando dos intentos de golpe de estado eliminaron la cofianza en la estabilidad del país, aumentó la fuga real de dólares. Desde marzo de 1993, un mecanismo del Banco Central mantiene las tasas por encima del 70 por ciento, lo que agravó la crisis de caja del sistema bancario.
Los propios ahorradores tienen su parte en la responsabilidad, porque los altos intereses hicieron que miles de venezolanos quisieran vivir de la renta, llegando a vender sus bienes para invertir, sobre todo, en el Latino. Y la ausencia de una ley reguladora, aprobada a las carreras la semana anterior, impidió que se adecuara el sector a la apertura económica con mecanismos de control eficientes.

TAPANDO HUECOS
El sábado 19 de febrero, Caldera aprovechó para cumplirles a los venezolanos la promesa más reiterada durante su campaña: la eliminación del IVA para los consumidores, que calificó de injusto con los pobres. Con la Constitución en la mano, suspendió las garantías económicas, declaró al país en emergencia, y con el primer decreto extraordinario derogó el IVA. Sólo que los redactores del decreto se equivocaron de norma, hicieron suspender la que no era, y el IVA quedó vivo. Unicamente la colaboración extralegal de los comerciantes, que no cobraron el impuesto del 10 por ciento, le permitió al gobierno mantenerse a flote. De lo contrario, el estallido social que muchos esperan se hubiera producido en cuestión de horas.
Mientras el gobierno acumulaba fuerzas para seguir, los medios de comunicación que apoyaron a Caldera en su campaña empezaron a hablar de la urgencia de un "Calderazo". Uno de ellos dijo, en letras grandes que "No nos queda más remedio que pedirle al presidente Caldera que asuma la responsabilidad de gobernar sin limitaciones, que en el marco actual nadie tiene poder ni autoridad para imponerle".
El jueves, nuevas complicaciones surgieron donde menos se esperaba. El ministro Julio Sosa Rodríguez dijo que una parte de su plan de recuperación consiste en gravar hasta con el 2 por ciento todas las operaciones bancarias con cheques. Inmediatamente la banca protestó, y las gentes se volcaron hacia los bancos para abrir cuentas de ahorros. Así, los 340.000 millones de bolívares que Sosa esperaba recoger en un año quedaron en veremos, al menos por ahora. Sin embargo, las protestas fueron más generalizadas cuando se conoció que el IVA sería reemplazado por un impuesto a las ventas a nivel de mayoristas y productores. La Policía Fiscal, creada el jueves, garantizará el cobro, pero no podrá evitar que los interesados trasladen el gravamen hasta el consumidor final.

MEJORANDO LA IMAGEN
Caldera aprovechó que Miguel Angel Burelli Rivas era el candidato venezolano para ocupar la Secretaría General de la OEA, y lo nombró ministro de Relaciones Exteriores, con la idea de que podría maquillar un poco la imagen de Venezuela. Pero no calculó que el presidente colombiano, César Gaviria, aceptaría la candidatura que le ofreció Estados Unidos. Cuando Gaviria lo hizo, Burelli quedó apoyado por el solitario voto de Haití, y Caldera pareció entramparse más.
Caldera habló el miércoles por televisión, en una intervención de media hora que lo favoreció: se mostró vigoroso, enérgico, decidido, lúcido y haciendo gala de toda su capacidad para improvisar. Aunque no mencionó la mayoría de sus problemas operativos, hizo una elogiosa referencia a la jueza que investiga la crisis del Banco Latino, y le ofreció todo el apoyo del Ejecutivo a la Justicia para castigar a los responsables de la peor debacle financiera del país.
De todas maneras, Caldera lleva sólo un mes de gobierno, y en ese tiempo no es mucho lo que se puede hacer para poner la casa en orden. Y menos cuando a cada paso que da parece encontrar un problema nuevo, o uno viejo más grande de lo que pensó.
El sabe que recibió un país colapsado, "en el cual no caben ni las maniobras políticas ni los procedimientos administrativos convencionales". Y como dijo uno de sus promotores ahora convertido en crítico, "la situación que se hereda es de extrema emergencia, y lo peor de esa emergencia es que se trata de disimularla. No funcionan los servicios. No producimos alimentos y ya casi no tenemos con qué importarlos. Nuestro crédito baja en los índices especializados. En cualquier dispensario, en cualquier carretera sin mantenimiento, en cualquier banco cuyos accionistas escaparon con la plata de los depositantes, puede estallar la gran revuelta nacional".
Así, lo mejor que puede hácer Caldera es actuar ya, antes de que otra vez le cambien los problemas.-

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