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| 1/14/1991 12:00:00 AM

DE ELECTRICISTA A PRESIDENTE

Lech Walesa gana las elecciones y completa una carrera histórica, pero muestra el cobre.

Gdansk (Danzig) fue, el pasado domingo, la ciudad más feliz de Polonia. Lech Walesa, quien había comenzado siendo un modesto electricista de esta ciudad, se convirtió en el primer presidente elegido popularmente por los polacos, con 74,7 por ciento de los sufragios. Esta alta votación cicatrizó la herida abierta por una primera vuelta decepcionante, enfrentado a Stanislav Tyminski, un desconocido con conexiones peruanas y recién llegado del Canadá.

Para algunos resultaba increíble que Walesa el premio Nobel de la Paz, presidente de Solidaridad (el primer sindicato libre detrás de la Cortina de Hierro), quien fue recibido por Juan Pablo II, brindó con Bush, debatió con Mitterrand y con Margaret Thatcher, hubiera obtenido solamente el 40 por ciento de los votos en las primeras de cambio. Pero su victoria en la última vuelta borra la decepción de la primera.

A pesar de los malos augurios y las dificultades, el triunfo resultó arrollador. Walesa conquistó en la segunda vuelta los votos de su adversario de Solidaridad, el primer ministro Tadeusz Mazowiecki, así como la demás candidatos minoritarios. Tyminski, por su parte, conservó exactamcnte el mismo porcentaje electoral y terminó por ser apenas un adversario insignificante para el hombre que hizo el cambio en Polonia.

Como muchos otros Walesa es uno de esos obreros que crecieron en el campo y llegaron a trabajar en los monstruos industriales del "nuevo régimen". La leyenda del electricista comienza en los astilleros de Gdansk, a donde llegó a los 24 años, procedente de los campos de Popowo.

En 1976, al organizar una huelga solidaria con los obreros del sur de Varsovia, es despedido de su puesto y comienza su lucha en favor de los sindicatos libres. Tras el éxito de la huelga de Gdansk, exige ser contratado de nuevo y firma los acuerdos que autorizan los sindicatos libres y permiten el nacimiento de "Solidaridad". Walesa, con un aire aún aniñado, es catapultado al primer plano de la atención mundial, y se convierte en el "Hombre del año", de la revista Time en 1980. Luego del estado de sitio de 1981, es arrestado a tiempo que en Estocolmo estaban otorgándole el Nobel de la Paz.

Sólo en 1986 la justicia polaca dejará de perseguirlo, mientras él continúa militando clamdestinamente y animando huelgas y movimientos obreros de protesta. Al día siguiente de obtener de nuevo la legalización de "Solidaridad", en 1989, Walesa es recibido por el presidente Jaruzelski, esta vez en calidad de líder de la oposición. En esos días acepta el premio europeo de los Derechos Humanos, pero no el cargo de primer ministro, que le ofrece Jaruszelski. Por eso, Tadeusz Mazowiecki, su colega de "Solidaridad", (quien luego sería su rival durante las elecciones) se convierte en el primer gobernante no comunista de Europa del Este, y el primer quemado también. Las duras críticas que Walesa hizo al gobierno de su ex colega provocó una seria ruptura en "Solidaridad", lo que motivó que ambos líderes presentaran su candidatura para presidente.

Durante diez años, Walesa ha sido el héroe de la prensa internacional, el invitado de los grandes jefes de Estado, un adalid de la lucha anticomunista. Pero a partir de la pasada primavera, la opinión occidental descubrió una cara de Lech Walesa que no se esperaba: la del demagogo que oscila entre el nacionalismo y el antisemitismo, hasta el punto de convencer a muchos de que podría convertirse en un dictador y en una amenaza para la naciente democracia. Luego de la formación del gobierno en 1989, y después de 20 años de lucha contra el totalitarismo, "Solidaridad", fue acusado... de monopolizar el poder. Ello parece explicar para que la opinión polaca vacilara en designarlo como su presidente.

Para que le diera su votación en la segunda, fue necesario que Walesa ablandara su posición, se negara a responder a las provocaciones de Tyminski, y se presentara como garante de una política responsable.

A pesar de la victoria de última hora, 53.4 por ciento del electorado polaco se abstuvo de votar (contra 43 por ciento en la primera vuelta), lo que se considera una muestra de la dificultad de la labor que espera al nuevo presidente. Los problemas políticos a los cuales deberá enfrentarse son de dos tipos: por un lado, deberá hacer frente a los estragos que dejó la campaña de Tyminski, su rival.

La aparición de este desconocido plantean el problema de manejar un electorado insensible al mito de "Solidaridad", hostil al mundo de la política y a todo programa riguroso, cuya gran aspiración es hacer fortuna, como su "líder americano". Walesa tendrá que solucionar la ruptura en el seno de "Solidaridad", donde le acusan de haber sacrificado la unidad en aras de sus ambiciones personales.

Además de los desafíos políticos, el nuevo presidente deberá demostrar, como lo afirmó durante la campaña, que la transición de Polonia hacia la economía de mercado puede ser realizada con menos estragos que el plan de choque del gobierno de Mazowiecki que el propio Walesa ha decidido aplicar con "algunas modificaciones". Si Leszek Balcerowicz, el viceprimer ministro que dio su nombre a la terapia de choque aplicada desde enero, llegara a figurar dentro del próximo gobierno, Walesa se vería confrontado a serias protestas y descontentos. Pero si este hombre, símbolo de confianza para el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, no figura dentro del gabinete, el presidente se arriesga a perder el apoyo occidental y los créditos que son indispensables para el despegue económico de Polonia. A Lech Walesa le corresponde la dura tarea de trazar una vía intermedia entre estas dos opciones, sin que la naciente democracia tambalee.
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