Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/02/19 00:00

De Irak a Guantánamo

La semana pasada, tres hechos volvieron a poner en tela de juicio la legitimidad de la 'guerra contra el terrorismo'. Todos ellos con un denominador común: la tortura.

Estados Unidos les restó importancia a las nuevas fotos de tortura que hizo públicas la televisión australiana. Aunque las imágenes fueron tomadas en 2003, su difusión en medios árabes como al- Arabiya y al- Jazeera volvió a encender las alarmas por una posible nueva ola de violencia en contra de Occidente

Los principales aliados en la llamada 'guerra contra el terrorismo', Estados Unidos y Gran Bretaña, protagonizaron episodios de abuso de autoridad que volvieron a causar malestar entre los musulmanes y provocaron críticas por parte de la comunidad internacional. El primero fue un video que muestra a soldados británicos golpeando brutalmente a manifestantes iraquíes. A éste le siguieron la aparición de nuevas fotos de tortura por parte del Ejército norteamericano en la célebre cárcel iraquí de Abu Ghraib y un informe presentado por una comisión de la ONU que aboga por el cierre del centro de reclusión de Guantánamo, en Cuba.

Estos hechos ocurrieron cuando las relaciones entre Occidente y el mundo islámico pasan por un momento crítico después de las airadas reacciones causadas por el episodio de las caricaturas de Mahoma. Tras dos semanas de protestas en las principales ciudades del Islam, el domingo la aparición de un video en el que ocho soldados del Ejército británico golpean brutalmente a cuatro jóvenes manifestantes en las calles de la población de Amara, al sur de Irak, atizó los ya inflamados ánimos. A las escenas en que los adolescentes eran atacados con bastones de mando, puños y patadas, se les sumaba la voz burlona del camarógrafo, presuntamente un cabo del Ejército británico.

Aunque se trata de hechos ocurridos en 2004, la publicación de la cinta por parte de los medios ingleses produjo reacciones inmediatas. En la ciudad de Basora, el principal fortín de los radicales chiítas en el sur, miles de personas marcharon alrededor del consulado del Reino Unido y quemaron banderas de ese país. Los británicos empezaron una investigación y detuvieron a tres implicados en el caso, mientras autoridades iraquíes de la región cortaron la cooperación con los delegados del reino.

Al mismo tiempo que el gobernador de Amara declaraba que las disculpas y la investigación no serían suficientes para aplacar la indignación de la gente, desde el otro lado del mundo se volvió a levantar el polvero. Esta vez por un episodio que se creía superado. El martes, la televisión australiana mostró imágenes inéditas sobre casos de tortura contra prisioneros en la cárcel de Abu Ghraib, cerca de Bagdad. Estas serían de 2003, la misma época en que fueron tomadas las que le provocaron un dolor de cabeza a Washington hace dos años.

El vocero del Pentágono, Bryan Whitman, expresó que la difusión de las imágenes sólo serviría para "incitar violencia innecesaria" y "no reflejan las condiciones actuales". Sin embargo, las nuevas evidencias dejaron la sensación de que otros actos de este tipo pueden estar ocurriendo, más con las pruebas que indican la existencia de varias prisiones secretas en el mundo. Así, no obstante que las imágenes son de 2003, su difusión en medios árabes le echó más leña al fuego.

El escándalo de Abu Ghraib empezó en 2004, cuando la cadena CBS mostró imágenes en las que miembros del Ejército de Estados Unidos torturaban a musulmanes detenidos. Ese mismo año, un informe del Ejército norteamericano, dirigido por el mayor general Antonio Taguba, reveló que se obligaba a los hombres a usar ropa interior femenina y a masturbarse frente a las cámaras. Varios entrevistados describieron actos de abuso que el mismo Taguba juzgó como "creíbles". Entre estos, quebrar luces químicas y verter el líquido fosfórico sobre los detenidos, amenazar a los prisioneros con pistolas 9 milímetros cargadas y sodomizarlos con luces de neón y palos de escoba.

En 2005, algunos oficiales fueron degradados y otros siete soldados de bajo rango fueron juzgados. El secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfield, los llamó "manzanas podridas".

Pero, para muchos, estos militares fueron 'chivos expiatorios'. Joanne Mariner, directora del Programa Contraterrorista de la organización Human Rights Watch, dijo a SEMANA que "el problema no es sólo de unas pocas 'manzanas podridas' de baja jerarquía. No se han investigado adecuadamente cientos de abusos reportados en Irak y Afganistán. Las investigaciones han ignorado signos que indican que muchos fueron ordenados o autorizados por oficiales".

Incluso algunas voces piden que quienes lideran la campaña en Medio Oriente, empezando por Rumsfield, acepten su responsabilidad indirecta en los casos de tortura.

Para rematar la semana, el jueves un grupo de investigadores comisionado por la ONU hizo un llamado por el cierre de la prisión de Guantánamo, en Cuba. "El gobierno de Estados Unidos debe cerrar el centro de detención de Guantánamo inmediatamente", dice el informe que la comisión le presentó al organismo. Esta posición fue respaldada por el Parlamento Europeo y por el secretario general de la ONU, Kofi Annan, quien expresó que "creo que tarde o temprano existirá la necesidad de cerrar Guantánamo y es el gobierno de Estados Unidos el que debe decidir y espero que lo haga lo antes posible".

Pero para la Casa Blanca el informe carece de fundamento ya que los cinco investigadores no visitaron el complejo, sino que se basaron en testimonios de personas que estuvieron detenidas allí. La comisión se negó a ir a la prisión debido a la prohibición que les impusieron las autoridades para hablar con los rehenes.

El informe ratifica que la prisión viola la Convención de Ginebra y los tratados internacionales que regulan el trato hacia los prisioneros. Allí se encuentran más de 500 detenidos a los que Estados Unidos denomina 'combatientes enemigos', que han denunciado en varias ocasiones haber recibido tratos inhumanos y se encuentran en un 'limbo extralegal'. Muchos llevan años sin que sus casos sean llevados a juicio. Ante la lluvia de críticas, el portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, afirmó que Estados Unidos trata a los detenidos humanamente y que estos "son peligrosos terroristas... son combatientes enemigos capturados en el campo de batalla en la guerra contra el terrorismo".

Pero para quienes están en contra de esta teoría, ninguna justificación es válida. "La guerra contra el terrorismo va a durar décadas. Eso no significa que Estados Unidos deba considerarse libre para mantener detenidos en Guantánamo de manera indefinida", afirmó Mariner.

Aunque la presión nacional e internacional llevó a que el Congreso estadounidense aprobara iniciativas contra la tortura, como la ley promovida el año pasado por el senador republicano John McCain, la falta de una definición clara de tortura ha dejado sin piso muchas acciones en contra de quienes cometen abusos.

"La guerra contra el terrorismo muestra lo difícil que es definir tortura y la inconsistencia en las definiciones. En varias convenciones y legislaciones hay muchas interpretaciones del término. Hoy más que nunca se requiere una definición universal para poder penalizar y responsabilizar a naciones e individuos por torturar", le dijo a SEMANA Luz Nagle, profesora de derecho internacional criminal en la Universidad de Stetson, Florida.

Mientras para algunos gobiernos miles de prisioneros sigan siendo 'enemigos combatientes' a los cuales no se les aplica tortura, sino 'técnicas agresivas de interrogación', no parece probable que hechos como los de Abu Ghraib o Guantánamo dejen de ocurrir. Con hechos como los registrados la semana pasada, las tropas aliadas, que se veían a sí mismas como libertarias en países como Irak o Afganistán, cada vez provocan más rechazo entre la gente y acrecientan el odio y la incomprensión entre dos mundos, el del Islam y el occidental, que cada vez parecen más lejanos.

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