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| 4/4/2015 10:00:00 PM

De nuevo las Malvinas

Londres y Buenos Aires se acusan mutuamente de escalar su armamento sobre las islas por las que se enfrentaron en 1982. Y no se sabe cuál tiene razón.

El 2 de abril se cumplen 33 años del comienzo de la guerra de las Malvinas y, sorprendentemente, renace la tensión entre Argentina y Gran Bretaña. Londres anunció que gastará más de 270 millones de dólares para reforzar la defensa militar de las islas en el Atlántico Sur, alegando una “posible amenaza futura” de parte de Argentina, que, según el sensacionalista tabloide The Sun, “se está rearmando”.

The Sun afirma que “la inestable Argentina se está rearmando (…) con la ayuda de Vladimir Putin. Se cree que el presidente ruso estaría trabajando en un acuerdo para prestar 12 bombarderos de largo alcance a la Argentina, lo que ha incrementado los temores de una nueva invasión de las islas Malvinas. Los aviones Sukhoi Su-24 serían enviados a Buenos Aires a cambio de carne y trigo para ganarle a las sanciones de Estados Unidos por Ucrania”, según el diario.

El ministro de Defensa argentino, Agustín Rossi, desmintió la noticia y señaló que, si bien su país va a renovar la flota aérea, no lo hará con aeronaves rusas. Y el canciller Héctor Timerman denunció “el injustificado aumento del ya desmedido gasto militar británico en las islas Malvinas” y dijo que estas versiones que solo tendrían el objetivo de “intentar justificar una presencia militar digna de una potencia colonial”.

De hecho, el gobierno de Londres aumentó el presupuesto militar para las Falklands, como las llama, en el marco de la campaña para las elecciones generales del 7 de mayo, en las que el conservador David Cameron pretende ser reelegido para un segundo periodo hasta el 2020. De ahí que muchos señalen que está promoviendo sentimientos nacionalistas y la conveniente “amenaza rusa”.

A 650 kilómetros de la ciudad de Río Gallegos, y con 2.470 habitantes, las islas son uno de los últimos rezagos de la era imperial y colonial. La guerra de 1982 se desató cuando el gobierno militar argentino ordenó el desembarco en las islas ocupadas por los ingleses desde 1833. Los generales creyeron contar con el apoyo de Estados Unidos, a quien le habían hecho favores como contener la “amenaza comunista” en el Cono Sur, y entrenar a los famosos ‘contras’ nicaragüenses.

Pero sus ilusiones de recuperar las islas y de paso salvar su tambaleante régimen se destruyeron muy pronto, pues Washington salvó a su amiga la primera ministra Margaret Thatcher, cuya popularidad iba en picada, y de ese modo hundió a los generales gauchos. El 2 de junio, después de solo dos meses de operaciones y con mil muertos, el ejército argentino se rindió en Puerto Stanley.

La humillante derrota provocó la caída del gobierno militar y el retorno de la democracia en 1983, pero el reclamo argentino por Malvinas se mantuvo y ganó el apoyo del continente. Sin embargo, Reino Unido sigue negándose a  negociar a pesar de la resolución 2065 de las Naciones Unidas, reiterada por más de 40 similares.

Pero hoy las islas ya no son el inhóspito territorio poblado de criadores de ovejas y pescadores, pues han adquirido una importancia económica y militar estratégica. La base de Mount Pleasant, con 1.700 soldados permanentes y el más moderno armamento, es la mayor de la Otan en el Atlántico Sur.

La razón es que en 2010 Rockhopper, una empresa inglesa, descubrió importantes recursos petroleros. “Hablamos de cerca de 400 millones de barriles recuperables. No recuerdo cuándo fue la última vez que se hizo un descubrimiento así en el mar del Norte”, dijo Sam Moody, su director ejecutivo.

En 2013, los habitantes de las Malvinas  votaron por abrumadora mayoría para seguir siendo territorio británico. Argentina no reconoce esta votación, pues como dijo la embajadora Alicia Castro en Londres, fue un referéndum “organizado por británicos para británicos, con el fin de que dijeran que el territorio tiene que ser británico”.

El 31 de marzo, el periódico Página 12 de Buenos Aires publicó fragmentos de la carta de lord Lucius, descendiente del quinto vizconde de Falkland, quien llegó por primera vez a las islas en el siglo XVII, al mando de una expedición para encontrar tesoros de barcos hundidos. Según lord Falkland, los ingleses resolvieron nombrar a las islas con el apellido de su antepasado, “casi como piratería, me atrevo a sugerir”. Si hasta para Falkland la invasión británica fue un acto de piratería, ya es hora de que las Malvinas vuelvan a ser argentinas.
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