Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 7/23/2011 12:00:00 AM

De nuevo la tragedia

La sequía, el hambre y la guerra están llevando el este de África al abismo. Si no se hace nada, el mundo va hacia la peor catástrofe humanitaria del siglo XXI.

Niños raquíticos, demacrados, con las costillas a la vista. Madres con la mirada vacía, exhaustas y famélicas. Tierras polvorientas, barridas por los vientos, manchadas de cadáveres de animales, muertos de hambre y sed. Imágenes insoportables, y tristemente familiares, del fantasma del hambre, que se ha vuelto a tomar el Cuerno de África. Golpeados por la peor sequía en 60 años, para más de diez millones de somalíes, kenianos y etíopes la muerte por inanición acecha cada día.

Después de varias semanas de advertirle al mundo sobre la inminente catástrofe humanitaria, la semana pasada las Naciones Unidas (ONU) finalmente declararon oficialmente que la hambruna se tomó a Bakool y Baja Shabelle, dos provincias del sur de Somalia, y que se va a propagar rápidamente al resto de la región. La ONG británica Oxfam no dudó en describir la situación como "la peor catástrofe humanitaria del siglo XXI". No llueve desde hace cerca de dos años, en parte por culpa del fenómeno climático de La Niña y, en el último año, los precios de los alimentos en Somalia escalaron más de 270 por ciento. Según la ONU, medio millón de niños están en "riesgo inminente de morir".

En Somalia, la hecatombe humanitaria se sobrepone a una guerra civil enquistada desde hace más de 25 años. El sur del país es controlado por la milicia islámica de Al-Shabab, aliada de Al Qaeda en la región. En 2008, le declararon la guerra a la ONU y a las ONG occidentales, que desde 2010, después de varios asesinatos contra sus funcionarios, no tuvieron otra opción que abandonar la región.

Desde entonces los habitantes no reciben comida, agua o medicamentos de afuera. La semana pasada, los señores de la guerra aceptaron el reingreso de la ONU. Pero el dilema para las agencias internacionales es terrible. Saben que los islamistas van a usar las ayudas con fines proselitistas y políticos, para reforzar su poder. Pero si se niegan a trabajar con ellos, miles de personas podrían morir.

Por eso la única alternativa que tienen los somalíes para seguir en vida es huir. Con la poca comida que les queda y un par de vacas escuálidas atraviesan el desierto a pie. El recorrido, que puede durar semanas, es una verdadera prueba de supervivencia. Hienas acechan a los más débiles, hombres armados les roban lo poco que tienen y, lo peor de todo, hay madres que tienen que abandonar a los hijos que no pueden caminar más, como le contó una familia a un periodista de la BBC británica, pues "si no lo hacemos, ninguno podría sobrevivir, todos moriríamos".

Los más afortunados llegan a Etiopía, a Kenia o a Mogadiscio, la capital de Somalia, uno de los lugares más violentos del planeta. Onesmas Mlewa, gerente de evaluación del Consorcio de ONG de Kenia (Kanco), le dijo a SEMANA que "la situación es terrible, desesperada; en Somalia no hay gobierno y la única opción que les queda es llegar a Kenia, donde la gente también está hambrienta".

El campo de refugiados fronterizo de Dabaab, en el este de Kenia, es uno de los pocos sitios que existen para acoger las víctimas de la catástrofe. Aunque las agencias de la ONU están presentes, las condiciones que les esperan a los cerca de 1.300 refugiados que llegan cada día son dantescas. En este sitio, planeado para 90.000 personas, se hacinan cerca de 400.000 desplazados. Y la diarrea, la neumonía y el cólera se propagan de carpa en carpa. Según la ONG Médecins Sans Frontières (MSF), 40 por ciento de los niños sufren una malnutrición severa y 17 por ciento enfrentan un riesgo inminente de morir.

"Necesitamos toda la ayuda posible, hay demasiadas necesidades, estamos mucho más allá del desastre", advierte Mlewa. Desde ya la ONU pidió donaciones por 1.600 millones de dólares para Somalia. Hasta ahora solo han recibido poco más de la mitad. Y mientras en la Unión Europea y en Estados Unidos se habla de planes de salvamento multimillonarios para su sistema económico, parece increíble que el mundo no sea capaz de desembolsar suficiente dinero para frenar la muerte de miles de personas en la cuna de la humanidad.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.