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| 9/19/2012 12:00:00 AM

De una "película estúpida" a unos senos desnudos

Los teóricos de las comunicaciones y hasta los gobiernos debaten por estos días sobre el monumental impacto que pueden tener en las sociedades modernas dos noticias en apariencia inofensivas.

Una de las características de la globalización es la de compartir al instante cualquier hecho que ocurra al otro lado del mundo. Hoy los teóricos de las comunicaciones del planeta analizan el monumental impacto que pueden tener en las sociedades modernas dos noticias en apariencia inofensivas. De la "estúpida película" que representa a Mahoma se pasó a la publicación de las fotos sin la parte superior del biquini de la princesa Kate Middleton.

En efecto, los fotogramas del filme, calificado de "pobre" por los pocos críticos cinematográficos que le prestaron atención y que solo se había visto en una sala barata del centro de los Estados Unidos, inundan hoy internet. Millones de personas quieren saber el porqué de tanta ira de algunos sectores de la sociedad musulmana.

Una situación similar pasa con los senos desnudos de Kate, que también se han convertido en una sensación en la red por la prohibición de la justicia francesa a la revista Closer de "reditar, difundir y ceder a terceros" las imágenes de la esposa del príncipe Guillermo.

Como se sabe la princesa fue retratada sin la parte de arriba del biquini durante unas recientes vacaciones en una casa del sur de Francia. Y lo que en un principio fue visto por muchos como un simple divertimento ahora es temido como un abierto intento de censura.

El tribunal de Nanterre, cerca de París, aceptó los motivos de la pareja real británica, que solicitó el secuestro urgente y en todos los soportes de las 15 fotografías aparecidas el viernes en Closer. Por si fuera poco, también impuso a la revista la obligación de devolver las imágenes a la pareja en 24 horas, bajo pena de multa de 10.000 euros por cada día de retraso.

Si la pareja creía que de esta manera conservaba su intimidad, el efecto fue contrario. La decisión del tribunal provocó un colapso en la red de curiosos que querían ver lo que ellos no querían que se viera.

No era necesario navegar mucho pues las imágenes de la duquesa aparecieron también, el lunes, en la revista italiana Chi, que como Closer pertenece al grupo editorial Mondadori, propiedad de Silvio Berlusconi. Lo cual hace aún más paradójica la historia pues el exprimer ministro y magnate también había demandado en 2009 al fotógrafo Antonello Zappadu, quien lo retrató desnudo acompañado por bellas jóvenes bailarinas en su residencia de Villa Certosa.

En días pasados, la Casa Real Inglesa también se había empleado a fondo para evitar la publicación de unas fotos, también desnudo, del príncipe Enrique durante una juerga en Las Vegas (EE.UU.). El periódico sensacionalista The Sun se convirtió en el primer medio británico que publicó las imágenes con el argumento de no aceptar censuras. Lo cierto es que cuando lo hizo ya las fotos le estaban dando la vuelta al planeta a través de la red.

Sobre la "película grotesca" que ofendió a los musulmanes, todos saben que provocó una reacción en cadena que se ha saldado con varios muertos y decenas de heridos. Precisamente, estas consecuencias profundas y violentas le han planteado preguntas inquietantes al Gobierno de Estados Unidos acerca de hasta qué punto puede y debe proteger a alguien que ejerza su derecho a la Primera Enmienda de la constitución, que garantiza la libertad de expresión.

El hombre detrás de la película antimusulmana probablemente sería condenado a una pena de cárcel en su nativo Egipto por producirla, pero en Estados Unidos el Gobierno está en la espinosa obligación de defender sus derechos a la libre expresión y garantizar su seguridad, a pesar de que condena abiertamente su mensaje.

Es una paradoja que no tiene mucho sentido para quienes protestan y piden sangre. Para ellos, el diálogo de la película que denigra al profeta Mahoma es toda la evidencia necesaria para buscar justicia por mano propia contra Nakoula Bassely Nakoula, el ciudadano estadounidense señalado de hacer la película.

En Estados Unidos, no hay nada ilegal en hacer una película que desacredite a una figura religiosa. Eso tiene al gobierno de Barack Obama tratando de hacer equilibrio en una delgada cuerda diplomática cuando faltan menos de dos meses de las elecciones, pues debe resolver cómo expresar su indignación por la manera en que la película trata el islam, sin comprometer la más básica de las libertades estadounidenses.

Si el gobierno protege abiertamente a Nakoula, podría ser visto por algunos como una aprobación tácita de la película, y provocar más protestas. Dejarlo a su suerte, por otra parte, podría tener consecuencias mortales. Hay ejemplos de violencia contra otros que han escrito o hablado contra Mahoma.

"Sí, entendemos la Primera Enmienda y todas estas cosas", escribió Khalid Amayreh, un destacado comentarista islámico y bloguero en Hebrón, en Cisjordania. "Pero también hay que entender que el profeta (para nosotros) es un millón de veces más sagrado que la Constitución de Estados Unidos".

Lo cierto es que en Estados Unidos, el gobierno ni siquiera puede ordenarle a YouTube que elimine el video. Todo lo que puede hacer es solicitarlo. Y hasta ahora, su empresa matriz, Google, se ha negado, con el argumento de que el video está dentro de sus pautas para contenido. La compañía hizo restringir el acceso al video en algunos países, entre ellos Egipto, Libia e Indonesia, el país musulmán más poblado del mundo.

Con información de AP.
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