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| 5/3/2014 12:00:00 AM

Muerte lenta

Mientras le aplicaban la inyección letal por el asesinato de su novia en Oklahoma, a Clayton Lockett, de 38 años, se le estalló una vena, convulsionó, dijo frases ininteligibles y, tras 43 interminables minutos, murió de un paro cardiaco.

Mientras le aplicaban la inyección letal por el asesinato de su novia en Oklahoma, a Clayton Lockett, de 38 años, se le estalló una vena, convulsionó, dijo frases ininteligibles y, tras 43 interminables minutos, murió de un paro cardiaco. Tanto las complicaciones en la aplicación de la inyección –que contenía una combinación de fármacos que no se había usado en ese estado– como la agonía en medio de la cual falleció el preso han reabierto el debate sobre la pena de muerte en todo el país. El problema se debe en parte a que la mayoría de los 32 estados que actualmente la aplican tienen problemas para conseguir los componentes letales, y por eso están experimentando con nuevas sustancias. Para muchos, sin embargo, la vida de los condenados no puede estar sujeta a ensayo y error. Aunque Oklahoma cambió la ley que regula la aplicación de la pena de muerte a finales de marzo y permitió el uso de cinco componentes nuevos, Lockett ya había demandado al estado porque no le suministró la información sobre la procedencia de los componentes. Pero la demanda quedó en el aire, la ejecución fue una enorme chambonada y hoy el país está indignado. Entre tanto, la muerte de Lockett y la de muchos otros presos en Estados Unidos será una literal tortura. 
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