Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2009/03/03 00:00

Dejando a Fidel atrás

Dejando a Fidel atrás
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BBC

El presidente Raúl Castro acaba de realizar el cambio de gobierno más profundo de los últimos 50 años, removiendo a piezas fundamentales de la administración de su predecesor, como eran el vicepresidente Carlos Lage y el canciller Felipe Pérez Roque.

El informe oficial trata de restarle importancia a las destituciones, enmarcándolas dentro de la reorganización del aparato estatal, de cara a reducirlo y simplificarlo, algo ya anunciado por el propio mandatario cubano.

Sin embargo, la dimensión del cambio que se desarrolla en el país es difícil de ocultar cuando se informa que se están sustituyendo 11 ministros, se fusionan cuatro ministerios y se toca incluso a vicepresidentes del Consejo de Ministros.

Esta cifra afecta fundamentalmente a políticos muy ligados al ex mandatario como es también el caso de Otto Rivero, ministro a cargo de la Batalla de Ideas, un plan de desarrollo social que era manejado directamente por Fidel Castro.

Antes que ellos habían desaparecido de la escena política varios jóvenes más de esa camada como Carlos Lage (hijo), quien dirigía a los estudiantes universitarios, Hassan Pérez, de la Juventud Comunista y Carlos Valenciaga, jefe del Grupo de Apoyo de Fidel.
 
El padre de las reformas

Carlos Lage y Felipe Pérez Roque trabajaron en el círculo más íntimo del comandante, conocido como el Grupo de Apoyo y posteriormente éste los ubicó en puntos neurálgicos del gobierno, al frente del Consejo de Ministros y de la Cancillería.

Carlos Lage fue el artífice de las reformas económicas de los años 90 que legalización del dólar estadounidense, el trabajo por cuenta propia y las inversiones extranjeras gracias a las cuales el país logró sobrevivir a la debacle de las naciones comunistas europeas.

Sin embargo, fue también durante el liderazgo económico de Lage que se aplicó la dualidad monetaria, medida que desplomó los salarios y con ellos el poder adquisitivo de la mayor parte de la población trabajadora.

El más fiel

Felipe Pérez Roque fue el jefe del Grupo de Apoyo del Comandante hasta que, tras la destitución de Roberto Robaina, Fidel Castro lo ubica al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores como un hombre de su entera confianza.

Al ser nombrado canciller, muchos consideraron que fue elegido por ser uno de los políticos más fieles a Fidel Castro pero aseguraban que no tenía la capacidad necesaria para el cargo; sin embargo, Pérez Roque desarrolló su trabajo con bastante efectividad.
Curiosamente su destitución se produce en el mismo momento en el que Cuba consigue los mayores éxitos diplomáticos de los últimos 50 años, con el apoyo de los gobiernos de América Latina, Rusia, China y la eliminación de las sanciones europeas.

Las repercusiones

El movimiento es radical y profundo pero no debería ser sorprendente ya que cuando Raúl Castro fue designado presidente del Consejo de Estado anunció que realizaría un cambio de gobierno que, en principio, estaba previsto para diciembre de 2008.

El general llevaba gobernando con el equipo heredado de su hermano desde que, en agosto de 2006, asumiera el mando de forma interina, cuando Fidel Castro le cedió todos sus cargos a raíz de una seria enfermedad intestinal.

Las remociones ministeriales marcan la independencia de criterio del nuevo presidente, sobre todo si se tiene en cuenta que varios de los funcionarios removidos habían sido ratificados en los cargos por el propio Fidel en su testamento político.

Los planes de gobierno impulsados por Raúl Castro llevan un enorme retraso, le reforma agraria y la eliminación de los topes salariales, por ejemplo, han sido empantanados por la burocracia estatal a pesar de ser medidas imprescindibles para la economía.

Con la actual reestructuración, el presidente parece que pretende matar varios pájaros a la vez, simplifica el aparato estatal, ubica en los puestos claves a hombres de su confianza y deja claro a todos los funcionarios que no hay nadie intocable.

Además hay que tener en cuenta que en Cuba la pérdida del cargo de gobierno también implica un descenso dentro del Partido Comunista por lo que los políticos destituidos tendrán mucho menos peso en el Congreso previsto para este año.

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