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| 10/20/2003 12:00:00 AM

¡Derrocado!

La movilización social más impresionante de los últimos tiempos logró la renuncia del presidente de Bolivia.

En la cima de los Andes el pueblo mas pobre y más altivo de Suramérica, el de los indios aymarás y quechuas, el de campesinos cocaleros de piel curtida por el sol, el de los mineros de rostros tiznados, derrocó al presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, a quien culpan de su pobreza y de la intensa represión que dejó cercade 100 muertos en los últimos días.

La salida de 'Goñi' o 'El Gringo', como le llaman despectivamente en la calle, se decidió en medio de una de las más grandes movilizaciones que haya visto el país altiplánico en su historia. Desde que se iniciaron las protestas, a mediados de septiembre, hasta el desenlace de los acontecimientos, las carreteras del país, las calles de La Paz y las plazas de las principales ciudades, fueron cayendo poco a poco en manos de los manifestantes, que no se amilanaron ante la violenta respuesta del gobierno, que causó decenas de víctimas, hasta paralizar totalmente la vida política y económica y forzar la renuncia del presidente.

El jueves pasado cientos de miles de personas se tomaron La Paz, provenientes de distintos rincones del país, descendiendo de la vecina ciudad de El Alto, protagonista de las principales protestas, hasta que la permanencia de Sánchez de Lozada en el poder se hizo imposible y renunció el viernes por la noche. Ese día el país vivía dos escenas opuestas: Sánchez de Lozada se dirigía cabizbajo y presuroso en un avión, que en principio se anunció tendría escala en Miami, mientras en las calles de La Paz se daba inicio a una ruidosa celebración.

El levantamiento

Como obedeciendo una orden ancestral, el país entero salió de su rutina y se puso en movimiento para terminar con el 'Goñi'. Todo empezó con la protesta de los campesinos aymarás del altiplano, liderados por Felipe Quispe, contra la exportación de gas a Estados Unidos y México por multinacionales a través de Chile. La represión dejó siete muertos, pero en lugar de amedrentar a los campesinos la rebelión se generalizó.

La Central Obrera Boliviana (COB), encabezada por Jaime Solares, llamó a la huelga general indefinida y los campesinos cocaleros de los valles subtropicales, dirigidos por Evo Morales, se sumaron al arranque de furia. El foco del levantamiento se trasladó a El Alto, a 12 kilómetros de la capital, donde la mayoría de los 700.000 habitantes están unidos por su sangre aymará con los campesinos que iniciaron la protesta.

Los vecinos de El Alto tienen una organización más efectiva que los propios sindicatos. "Hay un nuevo actor que ha entrado en escena: las juntas vecinales, que son las organizaciones de vecinos de los barrios", comentó a SEMANA desde La Paz Pablo Solón, coordinador del comité contra el Alca (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas). En El Alto hay 462 juntas vecinales, que se reúnen en la Asamblea de la Alteñidad cuando los conflictos afectan a toda la ciudad. Fue allí donde se resolvió el paro general indefinido después del asesinato de dos personas. Miles de manifestantes cortaron la carretera y amenazaron con utilizar sus armas si se producía una nueva víctima en los enfrentamientos.

Las peores jornadas fueron el domingo 12 y el lunes 13 de este mes, pues 72 manifestantes murieron tras el intento del gobierno de recuperar por la violencia un depósito de 30.000 litros de gasolina en El Alto.

Desde entonces la rebelión se generalizó por todo el país, especialmente en Sucre, Oruro y Cochabamba, al tiempo que la represión a una marcha de mineros provocaba nuevas víctimas el miércoles pasado. El jueves multitudinarias columnas de vecinos de todos los barrios de El Alto comenzaron a descolgarse hacia el centro de La Paz, a sacar al "gringo matagente", como lo llaman en los barrios que sufrieron la represión del ejército. Según testigos presenciales, nunca se vio tanta gente junta en La Paz.

"¿Qué queremos? La cabeza de Goñi. ¿Cuándo? Ahora, carajo", gritaban los manifestantes. En El Alto la población quemó todos los cuarteles y tomó las armas que dejaron los policías en su huida y al entrar en La Paz los manifestantes incendiaron las sedes de los partidos que apoyan al presidente Sánchez de Lozada.

Hacia el fin de semana la parálisis era total, la huelga general indefinida decretada por la COB se cumplía a rajatabla y un estado de insurrección se apoderaba del país.

La soledad del poder

En el último mes todos los movimientos políticos y sociales se fueron unificando alrededor de la oposición a la exportación de gas y la exigencia de que Sánchez de Lozada renunciara. Presidente entre 1993 y 1997, fue reelegido el año pasado con algo más de 20 por ciento de los votos para un nuevo mandato de cinco años. Gobierno débil desde el nacimiento, su soledad se fue haciendo cada día mayor, como se vio en febrero, cuando intentó inútilmente imponer un nuevo impuesto a los asalariados.

El 'Gringo', llamado así por su formación en Estados Unidos, por su acento extranjero y por las privatizaciones adelantadas durante su anterior mandato a favor de las compañías multinacionales, fue quedando cada vez más solo.

Los partidos opositores -el Movimiento al Socialismo de Evo Morales y el Movimiento Indígena Pachacuti del dirigente campesino Felipe Quispe-, que tienen un tercio del Congreso, fueron categóricos al exigir su renuncia.

En la última semana Sánchez de Lozada perdió el soporte de su vicepresidente, Carlos Mesa, y el jefe de las Fuerzas Armadas, general Roberto Claros, señaló que los militares respaldan la Constitución pero no al mandatario como "persona", sino como presidente.

En un intento desesperado por mantener el poder los tres partidos de la coalición gobernante anunciaron el miércoles la realización de un referéndum sobre la exportación de gas, la modificación de la ley de hidrocarburos y la cuestión de una asamblea constituyente, pero la propuesta fue rechazada por la oposición.

"Mientras Goñi no renuncie no hay ningún diálogo", declaró el jefe del MAS, Evo Morales. "No necesitamos referéndum para decidir sobre el gas y no se debe revisar la ley porque está en contraposición a la Constitución", aseguró Jaime Solares, secretario ejecutivo de la COB. Felipe Quispe afirmó que hubo muchos muertos y que "esa sangre derramada es algo sagrado, de manera que no la podemos negociar. Nosotros no vamos a dialogar". "Ahora es la renuncia del presidente o nada", dijo Roberto de la Cruz, el dirigente de la Central Obrera de El Alto.

El viernes, la coalición de tres partidos que hizo posible el ajustado triunfo de Sánchez de Lozada el año pasado, se resquebrajó. El partido Nueva Fuerza Republicana (NFR), de Manfredo Reyes Villa, retiró a sus ministros del gabinete y al presidente no le quedó otro camino que renunciar. Al cierre de esta edición ya se había resuelto la sucesión presidencial y el Congreso estaba oyendo el juramento como nuevo mandatario del vicepresidente Carlos Mesa. Para el gobierno de Estados Unidos la renuncia de Sánchez de Lozada es un claro fracaso, pues la embajada respaldó de manera casi personal al presidente. "Ellos evalúan que la caída de Sánchez de Lozada abre una situación en la que se le va a plantear a cualquier gobierno una serie de demandas que van a ir en contra de los intereses norteamericanos", dijo a El País Pablo Solón desde La Paz.

Más aún, la perspectiva de que un dirigente cocalero como Evo Morales desempeñe un papel decisivo en el país andino pone en evidencia el fracaso de las políticas de eliminación de cultivos de coca adelantadas por la DEA.

Bolivia, que había estado en calma durante los últimos años, se suma así al vendaval latinoamericano: las protestas que derribaron a los gobiernos de Fernando de la Rúa en Argentina; de Alberto Fujimori en Perú; de Jamil Mahuad en Ecuador; la grave inestabilidad y fractura social en Venezuela; el triunfo de un líder sindical en Brasil y el conflicto armado colombiano.

Los acontecimientos de los últimos días han hecho que muchos cuestionen la bondad de las políticas neoliberales y de los organismos monetarios internacionales en los países pobres. Muchas veces éstas han provocado el aumento de la pobreza y la miseria y, como se vio en Bolivia, cuando la capacidad de sufrimiento de un pueblo se agota no hay presidente, ni partidos, ni sistema político que aguante.
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