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| 8/26/2006 12:00:00 AM

Desempate peligroso

El futuro de la democracia mexicana depende de que se resuelva la disputa por el resultado de las elecciones, mientras crece día a día la polarización.

Desde la misma noche del 2 de julio, el candidato izquierdista del Partido de Revolución Democrática (PRD), Andrés Manuel López Obrador, viene denunciando irregularidades a favor del candidato del oficialista Partido de Acción Nacional (PAN), Felipe Calderón, quien en el conteo final obtuvo una pequeña ventaja de 244.000 votos. El discurso de López Obrador ha subido de tono gradualmente, mientras exige el reconteo total y sus seguidores se manifiestan de diversas formas en la capital. Amlo, como le llaman, ha insinuado incluso que si sus demandas no son aceptadas, él se proclamaría Presidente. Una lucha de estas dimensiones por el poder no ocurría en México desde tiempos de la revolución, cuando los caudillos se disputaban el control de un país azotado por la violencia.

Esa amenaza del candidato opositor ha sido catalogada por analistas, y por el mismo gobierno mexicano, como una fantasía. Rubén Aguilar, vocero del Palacio de Los Pinos, afirmó que a los Presidentes constitucionales sólo los eligen los votantes, "los demás todos pueden nombrarse Presidentes, pero no pasará nada", puntualizó.

Entre tanto, la incertidumbre reina mientras se espera el resultado final que entregará el Tribunal Federal Electoral (Trife) el 6 de septiembre. Como los resultados favorables a Calderón no fueron modificados por el recuento parcial que se efectuó hace dos semanas, este argumenta que la balanza siempre se ha inclinado a su favor. Pero ello no disipa las dudas. Como dijo a SEMANA el doctor Gabriel Negretto, profesor del Centro de Investigación y docencia económica de la Ciudad de México, "si bien el reclamo de López Obrador de que hubo un fraude masivo carece de fundamento sólido, lo cierto es que tampoco se ha podido demostrar de forma contundente la falsedad de los argumentos".

López Obrador no ahorra su retórica incendiaria, como cuando comentó al diario francés Le Monde que "México está asistiendo a una recomposición de las fuerzas políticas con la formación de dos bloques: derecha e izquierda. La realidad es que no hay democracia. La derecha quiere imponer una democracia simulada a la medida de las elites privilegiadas que dominan al país". La respuesta del PAN es que la única situación posible es aceptar que su partido "ganó y punto. Y pésele a quien le pese y duélale a quien le duela, ganamos la Presidencia".

Eso parece indicar que el pueblo mexicano está profundamente dividido y que el enfrentamiento entre las clases sociales es inminente. La forma como se desarrollaron las campañas y el contenido de los discursos así lo indican. "Es preciso aclarar que el reclamo de que hubo fraude es más ideológico que técnico. El alegato encierra la denuncia de un conjunto de cosas injustas, de desigualdad social. Todo esto hace aun más difícil despejar el manto de sospecha sobre la elección que se ha instalado en algunos sectores de la sociedad, afirmó a SEMANA el doctor Negrette.

Así las cosas, los partidarios de un nuevo recuento afirman que la demanda de López Obrador y sus seguidores es razonable debido a los resultados tan cercanos, donde sólo se presentó una diferencia del 0,58 por ciento, a favor del candidato del PAN. Y en el campo contrario, 136 intelectuales publicaron una carta en la que sostienen que no existen indicios de un fraude electoral en las elecciones.

Otras hipótesis intentan explicar el conflicto poselectoral como algo más de fondo. Sostienen que no es posible esperar que el país olvide tan pronto los 75 años de reinado del Partido Revolucionario Institucional, en un sistema virtualmente unipartidista, y que de un día para otro se instaure una cultura de respeto a las elecciones. Amando Basurto, maestro de relaciones internacionales de la Universidad Nacional Autónoma de México, dijo a SEMANA que "este caos es el resultado de creer en una democracia mexicana antes de tiempo, animados por los resultados de las jornadas electorales de 2000". Por todo ello, la resolución del conflicto poselectoral por el que hoy atraviesa México será determinante para la consolidación de la renaciente democracia mexicana.
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